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sobre Menasalbas
Importante centro ganadero y de industria del mueble; acceso a zonas naturales de los Montes
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El turismo en Menasalbas empieza por el paisaje. Antes de ver las primeras casas hay kilómetros de dehesa, encinas bajas y terreno ondulado propio de los Montes de Toledo. La carretera llega sin demasiados avisos: se sube una pequeña cuesta y, casi de golpe, aparece la plaza. Allí está la iglesia parroquial, con un perfil extraño porque le falta la torre. Ese hueco forma parte de la imagen del pueblo desde hace generaciones.
Un pueblo ligado a la repoblación de los Montes de Toledo
Como muchos núcleos de esta zona, Menasalbas se consolidó durante la repoblación medieval de los Montes de Toledo, cuando estas tierras empezaron a organizarse tras la expansión cristiana hacia el sur. La posición del pueblo tenía sentido: controlaba pasos naturales entre sierras bajas y zonas de dehesa aptas para ganado y cultivo.
En la plaza mayor se conserva el rollo de justicia, una columna de piedra que indicaba que la localidad tenía jurisdicción propia. Estas piezas se levantaban cuando un lugar obtenía la categoría de villa y podía impartir justicia en su término. El de Menasalbas es de granito, la piedra más común en toda la comarca, y el tiempo ha suavizado bastante sus aristas.
Jumela, el antiguo asentamiento
A unos cuatro kilómetros del pueblo se encuentran los restos de Jumela, un antiguo asentamiento hoy prácticamente desaparecido. Quedan algunos muros, restos de cimentaciones y la referencia de una iglesia. La tradición local mantiene que los habitantes terminaron trasladándose al emplazamiento actual, más cercano a los caminos principales y al fondo del valle.
El camino hasta allí atraviesa monte bajo de jara, brezo y encina. Cerca del despoblado aparecen también unas tumbas excavadas en la roca, de forma antropomorfa. Suelen datarse en época altomedieval, aunque popularmente se conocen como “tumbas del moro”, un nombre muy extendido en el centro de la península para este tipo de enterramientos antiguos.
Desde esa zona se abre además la vista hacia el embalse del Torcón, construido en el siglo XX. Es uno de los grandes cambios recientes del paisaje: agua retenida entre sierras de cuarcita y monte mediterráneo.
La iglesia parroquial
La iglesia de Santa María Magdalena se levantó en el siglo XVI, en una época en la que muchos pueblos de los Montes de Toledo ampliaron o sustituyeron templos anteriores. El edificio actual es sobrio, de piedra y mampostería, con un frontón sencillo en la fachada principal.
La ausencia de torre llama la atención al llegar a la plaza. La explicación que suele darse en el pueblo es que una torre anterior se perdió con el tiempo y nunca llegó a reconstruirse. Sea cual sea la causa exacta, esa silueta incompleta forma ya parte de la imagen del lugar.
En el interior se conserva un retablo barroco de dimensiones modestas. Más que por su tamaño, interesa como ejemplo del patrimonio religioso que fue acumulando el pueblo cuando la actividad textil y ganadera tenía más peso en la economía local.
Tradiciones de invierno
El calendario festivo mantiene algunas celebraciones muy arraigadas. En invierno se celebran las luminarias y hogueras que marcan el tramo más frío del año, una costumbre extendida por muchos pueblos de los Montes de Toledo. El fuego en la plaza y en algunas calles sirve como punto de reunión cuando cae la noche.
También se mantiene la bendición de panes y ramos en torno a San Blas. Es habitual que las familias guarden parte de ese pan bendecido durante meses, una práctica doméstica ligada a la protección de la garganta y los resfriados.
Cómo acercarse y qué ver con calma
Desde Toledo se llega por carretera atravesando los Montes de Toledo. El último tramo es más sinuoso, entre pinares y laderas de roca.
El centro del pueblo se recorre rápido: la plaza, la iglesia y el rollo de justicia están a pocos pasos. Desde allí salen caminos hacia el embalse del Torcón o hacia el antiguo asentamiento de Jumela, dos paseos que ayudan a entender el territorio en el que se asienta Menasalbas.
Conviene llevar agua si se camina por la zona en verano. El monte bajo y el granito acumulan mucho calor y hay tramos sin sombra durante bastante tiempo. En primavera, en cambio, la dehesa cambia por completo y el paisaje se vuelve mucho más verde.