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sobre Polán
Localidad con castillo y casas solariegas; puerta de los Montes de Toledo
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El castillo de Polan queda algo escondido. Desde la carretera no se distingue. Hay que dejar el coche en la plaza mayor y subir a pie por una calle tranquila, entre casas de ladrillo y rejas pintadas de verde. La calle se abre de pronto y aparece la torre. Es lo que queda de la antigua fortaleza: un volumen de piedra que domina el caserío y el campo que rodea al pueblo.
Polan ronda hoy los cuatro mil habitantes y ocupa una posición que ayuda a entender su pasado. Está entre Toledo y Talavera, en un territorio que durante siglos funcionó como zona de paso y de vigilancia. El castillo responde a esa lógica. Probablemente se levantó sobre una atalaya anterior para controlar el entorno del Tajo, que discurre a pocos kilómetros. La construcción suele situarse en torno al siglo XII, cuando esta parte de los Montes de Toledo todavía tenía valor estratégico. Más tarde pasó a manos de la Corona, como ocurrió con muchas fortalezas vinculadas a órdenes militares tras su desaparición.
La iglesia de San Pedro Apóstol es del siglo XVI, con reformas posteriores. El edificio es sobrio. Lo que más llama la atención es la torre campanario. En uno de sus lados se conserva una inscripción fechada en 1719 que todavía se lee desde el atrio. Dentro hay un retablo barroco discreto. La figura de San Pedro ocupa el centro, con las llaves en la mano izquierda y una postura algo rígida, típica de la imaginería de la época.
A las afueras se encuentra la ermita de Portusa. Conserva una campana fundida en 1887 por los hermanos Canseco. Las campanas suelen ser los elementos más antiguos que sobreviven a reformas y cambios de uso. Son pesadas y, durante siglos, demasiado útiles como para retirarlas.
En la plaza hay una escultura de Don Quijote y Sancho. No es una pieza singular, aunque tiene una curiosidad: existe otra exactamente igual en Mazarambroz. Ambas se instalaron a finales del siglo XX y proceden de la misma fundición. El molde es el mismo, de modo que quien conozca el otro pueblo reconocerá la escena al momento.
El territorio como lo construyeron
Polan se asienta en una loma suave que mira hacia el valle del Tajo. El río queda a unos tres kilómetros. No se ve desde el casco urbano, pero condiciona el paisaje. Los suelos son fértiles en comparación con otras zonas de La Mancha.
Alrededor del pueblo aparecen parcelas de cereal, olivares y algunas viñas. La topografía aquí es más ondulada que en la Mancha de Ciudad Real. Los caminos agrícolas siguen límites antiguos de propiedad. Muchos ya existían en el siglo XIX.
Dispersos por el término se ven pequeños cobertizos de piedra. Son construcciones agrícolas levantadas para guardar aperos o dar refugio al ganado. Algunas parecen del siglo XVIII, aunque muchas se han reparado varias veces. Forman parte de esa arquitectura utilitaria que suele pasar desapercibida.
El palacio de la Ventosilla se encuentra a medio kilómetro del casco urbano. Hoy es una propiedad privada. Aun así, desde la carretera que va hacia Cuerva se aprecia bien la fachada. Conserva una portada de piedra con escudo y una torre mirador. Durante un tiempo fue residencia de administradores vinculados a la Corona, cuando el lugar dependía directamente de ella.
Lo que no está escrito
Las celebraciones locales existen, como en cualquier pueblo, aunque pocas han tenido difusión fuera del propio municipio. Son fiestas muy ligadas al calendario religioso y a la vida vecinal.
Con la cocina ocurre algo parecido. No hay un plato identificado oficialmente con Polan. En muchas casas siguen preparándose dulces sencillos de almendra, huevo y azúcar, productos comunes en la zona desde hace siglos.
Tampoco hay rutas de senderismo señalizadas. Aun así, el terreno se presta a caminar. Desde el cerro del castillo parte un camino que desciende hacia el valle del Tajo entre encinas dispersas. El recorrido no tiene marcas, pero el relieve es claro: el río queda al fondo y el pueblo siempre visible a la vuelta. Son unos seis kilómetros entre ida y regreso. Conviene llevar agua, porque en verano el entorno es seco y apenas hay sombra.
Cómo llegar y cuándo
Polan está a algo más de media hora de Toledo por la CM-410. El último tramo es una carretera comarcal estrecha, aunque en buen estado. Desde Talavera se llega por la A‑5 y carreteras provinciales que cruzan la comarca.
El pueblo se recorre rápido. El castillo y la iglesia se ven en poco tiempo. Si interesa la arquitectura tradicional, merece la pena caminar por las calles laterales. Aparecen casas del siglo XVIII con portadas de ladrillo y arcos de piedra que aún conservan su trazado original.
Primavera suele ser el momento más agradecido para recorrer el entorno. Los campos de cereal están verdes y los almendros florecen en las parcelas cercanas. En verano el calor se nota mucho en las horas centrales del día. El invierno es más tranquilo y ventoso, sobre todo en la zona del castillo, donde el aire corre sin obstáculos.