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sobre Poveda de la Sierra
Puerta del Parque Natural del Alto Tajo; salto de Poveda y laguna de Taravilla cerca
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Hay pueblos que te obligan a bajar el ritmo aunque no quieras. Vas conduciendo por esas carreteras del Señorío de Molina, curvas, pinares, algún corzo que se cruza… y de repente aparece Poveda de la Sierra. Pequeño, alto, callado. El turismo en Poveda de la Sierra no va de monumentos famosos ni de llenar un día entero. Va más bien de entender cómo se vive en un sitio así.
El pueblo ronda el centenar de vecinos y está a más de 1.100 metros de altitud. Eso se nota. El aire es más seco, el invierno aprieta y las casas parecen construidas pensando en aguantarlo todo. Piedra, madera, tejados inclinados. No es un sitio que impresione a primera vista, pero cuando llevas un rato caminando empiezas a entender su lógica.
Un pueblo pequeño en mitad del Alto Tajo
Poveda se descuelga por una ladera suave. Las calles son cortas, con alguna cuesta que te recuerda rápido dónde estás. Aquí no hay grandes plazas ni paseos largos. Más bien rincones tranquilos, algún banco mirando al monte y silencio.
Ese tipo de sitio donde a media tarde solo se oyen pasos y algún coche que pasa despacio. Si vienes de ciudad, el contraste se nota bastante.
El entorno manda mucho. Todo alrededor son montes, barrancos y pinares que forman parte del Parque Natural del Alto Tajo. Por eso mucha gente llega aquí con botas de senderismo más que con cámara.
La iglesia en lo alto
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se ve enseguida porque queda en una parte algo más elevada del pueblo. El edificio actual mezcla fases distintas; como pasa en muchos pueblos de la zona, se ha ido reformando con el tiempo.
Por dentro es sencilla. Nada de grandes despliegues artísticos. Algún retablo sobrio, imágenes tradicionales y esa sensación de parroquia de pueblo donde lo importante ha sido siempre el uso cotidiano más que el ornamento.
Sirve también como buen punto para mirar alrededor. Desde aquí se entiende bien cómo el pueblo queda encajado entre montes.
El Barranco de la Hoz, muy cerca
Si hay un paisaje que suele empujar a la gente hasta esta zona es el Barranco de la Hoz. No está dentro del casco urbano, pero queda a poca distancia en coche.
El río Gallo ha ido tallando durante siglos un desfiladero profundo entre paredes rojizas. Cuando llegas abajo y miras hacia arriba, las paredes casi te cierran el cielo. Es uno de esos lugares donde el paisaje hace el trabajo sin necesidad de grandes explicaciones.
En algunos tramos hay pasarelas y senderos acondicionados, lo que permite recorrer parte del barranco caminando. Aun así conviene ir con calma y mirar el tiempo antes, porque en zonas estrechas la lluvia puede complicar las cosas.
Caminar por el Señorío de Molina
Si te quedas en Poveda un rato, lo más natural es salir a andar. Hay caminos que conectan con otros pueblos cercanos y pistas forestales que atraviesan pinares bastante densos.
No son rutas de alta montaña, pero tampoco paseos urbanos. Hay cuestas, terreno irregular y bastante distancia entre núcleos habitados. Es el tipo de caminata que se disfruta más sin prisas, mirando el paisaje y parando en alguna fuente o antiguo corral de piedra que aparece junto al camino.
La zona también tiene muchas formaciones kársticas: cuevas, simas y grietas que se reparten por el territorio. Algunas se conocen bien entre aficionados a la espeleología. No es terreno para improvisar, pero forma parte del carácter geológico del lugar.
En primavera el monte se llena de olor a tomillo y otras plantas aromáticas. En otoño aparecen setas si el año viene húmedo, algo bastante común en estas sierras.
Fiestas y cocina de la sierra
En verano el pueblo cambia bastante. En agosto regresan muchos vecinos que viven fuera y se celebran las fiestas dedicadas a la Virgen de la Asunción. Durante esos días hay más movimiento en las calles y el ambiente se parece más al de los pueblos de antes, con gente charlando hasta tarde.
La cocina local sigue siendo la típica de las zonas frías del interior. Platos contundentes, de cuchara o de sartén grande. Migas, guisos con carne de cordero cuando se prepara, patatas con costilla… comida pensada para después de una jornada larga en el campo o en el monte.
Llegar ya forma parte del viaje
Llegar a Poveda de la Sierra requiere algo de paciencia. Las carreteras del Señorío no son rápidas y suelen ir serpenteando entre montes. Pero, siendo honesto, eso también tiene su gracia.
No es un sitio de paso. Llegas porque quieres llegar.
Y cuando aparcas el coche y miras alrededor, con el silencio del Alto Tajo alrededor, entiendes bastante bien por qué este pueblo sigue aquí, tranquilo, a su ritmo. Como si el calendario fuese un poco distinto al del resto del mundo.