Artículo completo
sobre Santa Cruz de Mudela
Localidad con una plaza de toros cuadrada única en el mundo (Las Virtudes); importante patrimonio histórico y cruce de caminos
Ocultar artículo Leer artículo completo
El olor a tierra mojada sube por las piernas cuando bajas del coche a las siete de la mañana. Ha llovido durante la noche y los campos de Cencibel, esas vides que resisten el invierno manchego, tienen las hojas perladas. En Santa Cruz de Mudela, en el Campo de Calatrava, el aire de primera hora es tan limpio que se oye el motor del primer tractor arrancando hacia el campo, todavía con las luces encendidas.
La hora en que los cuchillos duermen
En uno de los talleres del pueblo —es fácil dar con él si sigues el sonido del metal contra la piedra— las fraguas aún no están encendidas. Sobre el banco de trabajo, varias hojas de navaja esperan su turno. La cuchillería santacruceña no es un recuerdo de escaparate: es un oficio que lleva generaciones aquí, ligado al trabajo del campo y a las herramientas que se usaban a diario.
Ahora siguen saliendo navajas de espiga y cuchillos de monte, sobrios, pensados para usarse. Si preguntas, a veces enseñan la marca grabada cerca del cabo: una cruz pequeña que identifica el origen. Más que un adorno, es una manera de decir de dónde viene la pieza.
El sabor de la sopa que no se inventa
A mediodía, cuando el frío aprieta en invierno, el aire de los bares del centro suele oler a ajo frito y pimentón. La sopa de ajo aparece entonces en cuencos de barro, con el huevo rompiéndose en la superficie y el pan empapado debajo. No es algo que se anuncie en la puerta: simplemente está cuando toca.
La plaza se abre ancha, con el viento manchego moviendo papeles y levantando algo de polvo en los días secos. Desde allí la torre de la iglesia de la Asunción manda en el perfil del pueblo. Si subes por alguna de las calles que se empinan detrás, el paisaje se abre enseguida: cereal, manchas de olivar y alguna era aislada donde todavía se reconoce la forma circular sobre la tierra.
Las Virtudes, donde la plaza es cuadrada
A unos siete kilómetros del casco urbano aparece el santuario de Las Virtudes. La carretera se estrecha y los campos se vuelven más abiertos, con encinas dispersas y alguna nave agrícola.
Allí está la plaza de toros cuadrada, de piedra, algo que sorprende incluso a quien viene con la foto ya vista. Tiene un aire sobrio, casi rural, como si hubiera salido del mismo terreno que la rodea. Hoy el lugar suele estar tranquilo: pasos sobre la grava, alguna golondrina cruzando el patio y poco más.
Junto a la plaza se levanta la ermita. En el interior se conserva una pila bautismal muy antigua que, según cuentan aquí, apareció enterrada durante unas obras. Es una pieza pesada, de piedra oscura, que llama la atención por lo distinta que resulta del resto del edificio.
Cuando la historia huele a romero
Por San Marcos, a finales de abril, el camino hasta Las Virtudes se llena desde temprano. La gente sube andando o en coche, muchos con ramos de romero recién cortado que perfuman el aire a cada paso.
La romería tiene algo muy doméstico: familias que se instalan en la sombra, mesas plegables, cazuelas que se abren y vino que aparece en garrafas grandes. La perdiz en escabeche suele ser una de las cosas que circulan de grupo en grupo. Si te quedas un rato, es fácil acabar probando algo.
Cómo llegar y cuándo volver
La CM-412 atraviesa Santa Cruz de Mudela entre Valdepeñas y Alhambra, así que el acceso es directo si vienes por esa zona del sur de Ciudad Real. Desde Madrid el viaje ronda las dos horas y media en coche, dependiendo del tráfico al salir.
La primavera suele ser el momento más agradable para recorrer el entorno: los cereales todavía están verdes y las mañanas tienen esa mezcla de fresco y sol limpio que dura poco en La Mancha. En agosto hay más movimiento por las fiestas y las calles del centro se llenan de coches y terrazas improvisadas. Si prefieres ver el pueblo con más calma, conviene evitar esos días.