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sobre Anquela del Ducado
Pequeño pueblo molinés; arquitectura tradicional modesta y entorno de sabinares
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Aparca en el ensanche de la entrada y ve andando. No hay tráfico, ni bares, ni tiendas. Si necesitas algo, lo traes de fuera. Son 46 habitantes a más de mil metros. Se ve en media hora.
El paisaje es el páramo molinés: campo abierto, viento constante y horizonte despejado.
La iglesia y las calles
La iglesia de San Pedro tiene una torre que se ve desde lejos. Es lo único que sobresale. Dentro es sencillo, sin más.
Las calles son cortas y silenciosas. Hay casas construidas con la piedra del lugar, algunas habitadas y otras no. No hay monumentos ni una plaza con ambiente. Es un conjunto pequeño que enseguida se recorre.
Lo que interesa está fuera del pueblo.
El terreno alrededor
La tierra es dura y seca. Campos de labor, sabinas dispersas y algún barranco. No esperes postales verdes. Si el día está claro, la vista se pierde en la distancia.
Desde el pueblo salen pistas de tierra usadas para trabajar el campo. Sirven para caminar sin complicaciones. Lleva agua siempre. Aquí no hay sombra y el tiempo pega duro: sol fuerte o viento cortante.
Es habitual ver rapaces volando bajo. Por la noche, al no haber luces, se ven bien las estrellas.
Un consejo práctico
Ven en primavera u otoño si piensas andar por el campo. En verano el calor a mediodía aprieta y en invierno se pasa frío de verdad.
No vengas solo por Anquela. Recórrelo rápido, date una vuelta por los caminos si te apetece, y sigue carretera hacia otros pueblos del Señorío de Molina. Así tiene sentido el viaje