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sobre Anquela del Pedregal
Situado en la sexma del Pedregal; clima severo y paisajes de paramera
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El turismo en Anquela del Pedregal no funciona como en otros pueblos. Aquí lo primero es llegar. Desde Molina de Aragón sale una pista de tierra de varios kilómetros. Si ha llovido, se nota: barro, charcos y piedra suelta. Mejor venir con coche alto y sin prisa. Al entrar verás un pequeño claro donde dejar el coche. Luego todo se hace andando.
El pueblo tiene muy pocas casas. Algunas siguen habitadas. Otras están medio caídas. No hay tiendas, ni bar, ni nada parecido. Las calles son de tierra y piedra. La iglesia de la Asunción es lo único que sobresale un poco. Torre sencilla, visible desde casi cualquier punto del caserío. Sirve como referencia cuando caminas entre las casas.
Se recorre rápido. Diez o quince minutos si no te entretienes. Muros de mampostería, vigas de madera y tejados con teja vieja. Es lo habitual en esta parte del Señorío de Molina. En alguna fachada queda un escudo de piedra. Recuerdo de cuando el lugar tuvo más peso del que tiene ahora.
El paisaje manda más que el pueblo. Alrededor hay pedregales, pinos sueltos y bastante roca caliza. Terreno seco, áspero. A primera hora o al final del día la luz pega fuerte en la piedra y cambia bastante el aspecto del valle.
Salen caminos hacia otros núcleos pequeños de la zona. Muchos vienen de antiguos pasos ganaderos. No esperes señales claras. Si te alejas del pueblo conviene llevar mapa o GPS.
En otoño hay quien viene a buscar setas por los pinares cercanos. Depende mucho del año y de la lluvia. Si no sabes distinguirlas, mejor no tocar nada.
La fauna está, pero no se deja ver mucho. A veces pasan rapaces sobrevolando el valle. También aparecen rastros de corzo o jabalí, sobre todo cerca de los barrancos.
Aquí no hay dónde comer. Para eso toca volver a Molina de Aragón o parar en algún pueblo de la comarca. Anquela del Pedregal es solo una parada corta.
Las fiestas suelen girar en torno al 15 de agosto. Ese día regresan vecinos que viven fuera. Algo de reunión, una pequeña procesión y poco más.
En invierno el frío aprieta. Son habituales las heladas fuertes y la nieve. Cuando pasa, la pista puede complicarse bastante.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más cómodos para acercarse. En verano el pueblo sigue igual de tranquilo, pero la falta total de servicios se nota más.
Anquela del Pedregal tiene 28 habitantes. No esperes movimiento ni actividades. Es un caserío pequeño en un paisaje duro.
Antes de venir, asume eso. Aparca, camina un rato y mira alrededor. Si buscas algo más animado, tendrás que seguir hacia otro pueblo del Señorío.