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sobre Castellar de la Muela
Ubicado al pie de un cerro; entorno solitario y bello típico de Molina
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En lo alto del Sistema Ibérico, donde los vientos moldean el paisaje y el silencio se convierte en protagonista, se encuentra Castellar de la Muela, una aldea que parece detenida en el tiempo. Con apenas 27 habitantes y situada a 1.223 metros de altitud, esta pequeña localidad del Señorío de Molina representa la esencia más pura de la España vaciada, un refugio para quienes buscan desconectar del bullicio urbano y sumergirse en la autenticidad de la vida rural.
El nombre de este enclave ya evoca su carácter: "muela" hace referencia a las elevaciones tabulares tan características de esta comarca, mientras que el término "castellar" nos habla de antiguos asentamientos defensivos. Rodeada de páramos y valles cincelados por la erosión, Castellar de la Muela ofrece un paisaje de horizontes infinitos donde la piedra, el tomillo y la sabina componen una sinfonía de tonos ocres y verdes.
Visitar esta aldea es adentrarse en un territorio donde el tiempo transcurre al ritmo de las estaciones, donde cada piedra cuenta historias de pastores y labradores, y donde la hospitalidad de sus vecinos convierte cada encuentro en una experiencia memorable.
Qué ver en Castellar de la Muela
El patrimonio de Castellar de la Muela es el de la arquitectura popular serrana, ese legado construido con los materiales del entorno y adaptado a las duras condiciones climáticas de la montaña. Las casas tradicionales de mampostería, con sus muros gruesos y sus pequeños vanos, representan siglos de sabiduría constructiva. Pasear por sus calles es como recorrer un museo al aire libre de la arquitectura rural castellana.
La iglesia parroquial, aunque modesta en dimensiones, constituye el corazón espiritual de la comunidad. Su espadaña se recorta contra el cielo como un faro que durante siglos ha guiado a los habitantes de estas tierras. El entorno natural, sin embargo, es el gran tesoro de Castellar de la Muela. Los páramos circundantes ofrecen vistas panorámicas que abarcan kilómetros de horizonte, con formaciones rocosas caprichosas modeladas por milenios de viento y agua.
Los alrededores invitan a descubrir los barrancos y hoces que caracterizan el Señorío de Molina, ecosistemas de gran valor donde anidan rapaces y donde la flora endémica encuentra su hábitat. La luz cambiante sobre estas parameras crea espectáculos visuales inolvidables, especialmente al amanecer y al atardecer.
Qué hacer
Castellar de la Muela es un destino para el turismo de naturaleza y contemplación. El senderismo encuentra aquí terreno privilegiado, con rutas que discurren entre muelas y barrancos, permitiendo descubrir rincones de gran belleza paisajística. Los caminos tradicionales que conectaban la aldea con los pueblos vecinos se han convertido en itinerarios perfectos para caminantes que buscan soledad y contacto directo con el medio natural.
La observación de aves es otra actividad destacada en la zona. El cielo de estas parameras es surcado por águilas, buitres y otras rapaces que aprovechan las corrientes térmicas para planear sobre el territorio. La fotografía de paisaje encuentra en estos parajes un escenario excepcional, con composiciones que cambian según la estación: los verdes primaverales, los dorados del verano, los ocres otoñales y los blancos invernales.
La gastronomía del Señorío de Molina está marcada por la contundencia de los platos de montaña. Aunque en la aldea no encontrarás establecimientos comerciales, en la comarca se pueden degustar recetas tradicionales como las migas del pastor, los asados de cordero lechal criado en libertad, y las setas en temporada. Los productos de la matanza y la miel de romero son otros tesoros gastronómicos de estas tierras.
Fiestas y tradiciones
A pesar de su reducido censo, Castellar de la Muela mantiene vivas sus tradiciones festivas, momentos en los que la aldea se llena de vida con el regreso de antiguos vecinos y familiares. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, habitualmente en agosto, cuando el clima más benigno permite disfrutar de los actos al aire libre.
Estas celebraciones conservan el sabor auténtico de las fiestas de pueblo, con la misa solemne, la procesión y los encuentros entre vecinos como elementos centrales. Son ocasiones perfectas para conocer las tradiciones locales y participar de la hospitalidad molinesa.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Guadalajara capital, hay que tomar la N-211 en dirección a Molina de Aragón (aproximadamente 140 kilómetros). Desde Molina, se accede por carreteras comarcales que requieren precaución, especialmente en invierno. El acceso desde Madrid se realiza por la A-2 hasta Alcolea del Pinar y después por carretera convencional.
Mejor época: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales por las temperaturas suaves y los paisajes en su máximo esplendor. El verano ofrece un clima fresco de montaña, perfecto para escapar del calor. El invierno puede ser riguroso, con nevadas frecuentes que acentúan la belleza del paisaje, pero requiere precauciones en la conducción.
Consejos: No hay servicios comerciales en la aldea, por lo que conviene proveerse en Molina de Aragón. El alojamiento más cercano se encuentra en poblaciones vecinas de la comarca. Es fundamental respetar el entorno natural y la tranquilidad de los habitantes. Lleva calzado adecuado para caminar y ropa de abrigo, pues la altitud hace que las temperaturas sean frescas incluso en verano.