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sobre Castilnuevo
Minúsculo pueblo junto al río Gallo; destaca por su castillo residencial privado
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En las alturas del Señorío de Molina, a 1079 metros sobre el nivel del mar, se encuentra Castilnuevo, una diminuta aldea que representa la esencia más pura del Alto Tajo. Con apenas ocho habitantes censados, este enclave de arquitectura tradicional se alza como testimonio vivo de la vida rural en uno de los territorios más despoblados y, paradójicamente, más auténticos de Castilla-La Mancha. Rodeada de páramos, barrancos y formaciones rocosas que han resistido siglos de viento y erosión, Castilnuevo invita a desconectar del ritmo urbano y sumergirse en un paisaje donde el silencio es protagonista.
Llegar hasta aquí es adentrarse en la España interior más genuina, esa que no aparece en las guías convencionales pero que conserva un patrimonio etnográfico y natural de enorme valor. Las casas de piedra y mampostería, muchas de ellas en diversos estados de conservación, conforman un conjunto arquitectónico que habla de siglos de adaptación al duro clima serrano. El entorno natural que rodea la aldea forma parte del Parque Natural del Alto Tajo, uno de los espacios protegidos más extensos de Castilla-La Mancha y refugio de una biodiversidad excepcional.
Este es un destino para viajeros que buscan autenticidad sin artificios, donde cada piedra cuenta una historia y donde el paisaje se despliega en horizontes infinitos de parameras y bosques de sabinas. Castilnuevo no ofrece comodidades turísticas al uso, pero regala algo más valioso: la experiencia de pisar un territorio donde el tiempo transcurre a otro ritmo.
Qué ver en Castilnuevo
El principal atractivo de Castilnuevo reside en su arquitectura tradicional molinesa, con construcciones que reflejan la adaptación humana a un entorno de climatología extrema. Las casas se apiñan buscando protección mutua frente al viento, con muros anchos de piedra y pequeñas ventanas. Pasear entre sus calles es contemplar técnicas constructivas centenarias donde la piedra caliza del entorno se convirtió en el material básico de supervivencia.
La iglesia parroquial, aunque modesta en dimensiones, constituye el centro neurálgico del pueblo y conserva elementos arquitectónicos que merecen atención. Como en muchas localidades del Señorío de Molina, el edificio religioso actuaba no solo como espacio de culto sino como punto de encuentro y cohesión social.
El verdadero espectáculo se encuentra, sin embargo, en el entorno natural. Castilnuevo se sitúa en pleno corazón del Parque Natural del Alto Tajo, un territorio de hoces fluviales, parameras esteparias y bosques de sabina albar. Desde la aldea parten diversos caminos rurales que permiten explorar este paisaje kárstico donde el río Tajo y sus afluentes han excavado profundos cañones. Los aficionados a la geología disfrutarán de las formaciones rocosas y los estratos que cuentan millones de años de historia natural.
La fauna es otro de los grandes atractivos: no es raro avistar buitres leonados planeando sobre los cortados, águilas reales, alimoches y una importante población de rapaces que encuentran en estos roquedos su hábitat ideal.
Qué hacer
La actividad principal en Castilnuevo y su entorno es el senderismo y la observación de naturaleza. Los caminos tradicionales que conectaban las aldeas del Señorío de Molina se han convertido en rutas perfectas para recorrer a pie, descubriendo el paisaje de sabinas retorcidas, enebros y plantas aromáticas adaptadas a la sequedad estival.
Desde Castilnuevo se pueden realizar excursiones hacia las hoces del Tajo, explorando los miradores naturales que ofrecen vistas espectaculares sobre los cortados rocosos. La cercana Red Natural de Castilla-La Mancha propone diversas rutas señalizadas que permiten adentrarse en este territorio con seguridad.
Los aficionados a la fotografía de paisaje encontrarán en Castilnuevo un escenario privilegiado, especialmente durante el amanecer y el atardecer, cuando la luz rasante resalta las texturas de la piedra y tiñe de ocres y dorados las parameras circundantes. La noche también ofrece cielos estrellados de calidad excepcional gracias a la ausencia total de contaminación lumínica.
La gastronomía de la zona se basa en productos de la tierra: cordero, setas de temporada, miel de romero y tomillo, y guisos contundentes propios del clima continental extremo. Aunque en Castilnuevo no hay establecimientos hosteleros, en poblaciones cercanas como Molina de Aragón se pueden degustar estas especialidades.
Fiestas y tradiciones
Dada la escasa población actual, las celebraciones tradicionales se mantienen de forma testimonial, aunque la aldea conserva su fiesta patronal durante el verano, generalmente en agosto, cuando algunos antiguos residentes y descendientes regresan para mantener viva la memoria colectiva. Estas celebraciones sencillas, con misa y convivencia vecinal, representan momentos de encuentro y resistencia cultural.
En las poblaciones cercanas del Señorío de Molina se celebran fiestas más concurridas, como las romerías primaverales y las fiestas de septiembre en Molina de Aragón, que incluyen recreaciones históricas y mercados medievales.
Información práctica
Para llegar a Castilnuevo desde Guadalajara capital hay que recorrer aproximadamente 150 kilómetros por la A-2 hasta Alcolea del Pinar, continuar por la CM-2106 hacia Molina de Aragón y desde allí seguir las indicaciones por carreteras locales. El acceso final requiere circular por vías rurales, por lo que se recomienda comprobar previamente su estado, especialmente en invierno.
La mejor época para visitar la zona es primavera (mayo-junio) y otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son agradables para caminar y el paisaje muestra colores especialmente hermosos. El invierno puede ser muy frío y con nevadas, mientras que el verano presenta días calurosos aunque las noches siempre refrescan.
Es imprescindible llevar calzado adecuado para caminar, agua suficiente y ropa de abrigo incluso en verano. No hay servicios en la aldea, por lo que conviene planificar alojamiento y avituallamiento en Molina de Aragón, situada a unos 20 kilómetros, que cuenta con opciones de alojamiento rural y restauración.