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sobre El Pedregal
Pueblo de la sexma del Pedregal; destaca por su iglesia y casonas
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El turismo en El Pedregal se entiende mejor cuando se mira el mapa del Señorío de Molina. Este pequeño núcleo, situado en el extremo oriental de la provincia de Guadalajara y a más de 1.100 metros de altitud, forma parte de una de las zonas más despobladas del Sistema Ibérico. Hoy viven aquí alrededor de sesenta personas, una cifra habitual en muchos pueblos de la comarca.
El caserío responde a esa geografía dura. Casas de piedra, algunas con entramados de madera visibles, se agrupan en calles estrechas que se adaptan al terreno sin un trazado demasiado regular. Son construcciones pensadas para soportar inviernos largos y fríos, algo que todavía se nota en los tejados inclinados y en los muros gruesos.
Alrededor del pueblo se abre el paisaje característico del Señorío: páramos amplios, manchas de pinar y terreno pedregoso que probablemente explique el propio nombre del lugar. En invierno la nieve no es rara; en verano, en cambio, las noches suelen refrescar incluso después de días calurosos.
El caserío y la iglesia
En El Pedregal no hay grandes edificios ni arquitectura monumental. El interés está en el conjunto y en cómo se conserva la escala tradicional de un pueblo molinés pequeño.
La iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, ocupa uno de los puntos centrales del núcleo. Es un edificio sencillo, reformado en distintas épocas, como ocurre en muchas parroquias de la zona. En el interior se mantiene un retablo modesto y una disposición muy sobria, acorde con el carácter de estas localidades donde el templo funcionaba —y todavía funciona en ciertas fechas— como punto de reunión de los vecinos.
Pasear por el pueblo permite fijarse en detalles de la arquitectura popular: portones amplios pensados para el paso de animales o carros, corrales anexos a las viviendas y pequeñas eras en las afueras donde antiguamente se trillaba el cereal.
Caminos y paisaje alrededor del pueblo
El entorno inmediato de El Pedregal es abierto y poco transitado. Desde el propio núcleo salen caminos agrícolas y pistas forestales que conectan con otros pueblos del Señorío y con zonas de monte cercanas.
No se trata de rutas señalizadas como en otros lugares más visitados. Son caminos tradicionales utilizados para labores agrícolas, ganaderas o para comunicar aldeas próximas. Si se piensa caminar por la zona conviene llevar mapa o track y calcular bien las distancias.
La altura y la amplitud del paisaje hacen relativamente fácil ver aves rapaces planeando sobre los páramos y los cortados cercanos. También es un buen lugar para entender la escala del territorio molinés: grandes espacios abiertos donde los pueblos aparecen muy separados entre sí.
Vida cotidiana y comidas de casa
En pueblos de este tamaño la actividad diaria es tranquila y la oferta comercial es reducida. Buena parte de la cocina tradicional se mantiene en las casas: guisos de caza cuando la temporada lo permite, migas, carnes hechas a la brasa o platos con setas en otoño, que en esta parte de la provincia suelen aparecer cuando llegan las primeras lluvias.
Si se planea pasar el día por la zona, conviene organizar con antelación dónde comer o llevar algo preparado.
Fiestas y reencuentros de verano
Como en muchos pueblos del Señorío de Molina, las celebraciones principales se concentran en verano, normalmente en torno a agosto, cuando regresan al pueblo personas que pasaron el año fuera.
Las fiestas suelen girar en torno a la iglesia y a actos sencillos: misa, procesión y comidas compartidas entre vecinos y familias que vuelven durante esos días. Más que grandes eventos, funcionan como un momento de reencuentro.
En la comarca existen también tradiciones de invierno —algunas relacionadas con antiguas mascaradas— aunque en localidades pequeñas a menudo se comparten o se celebran en pueblos cercanos.
Cómo llegar
El acceso habitual desde Guadalajara capital se hace por la N‑211 en dirección a Molina de Aragón. Desde allí hay que continuar por carreteras comarcales que atraviesan el altiplano del Señorío hasta llegar a El Pedregal.
Son trayectos largos y con poco tráfico. En invierno conviene revisar el estado de la carretera antes de salir, porque la altitud y el hielo pueden complicar el viaje en algunos días. Una vez en el pueblo, todo se recorre andando en poco tiempo.