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sobre El Pobo de Dueñas
Localidad con museo etnográfico; entorno de paramera y sabinares
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La primera vez que llegas a El Pobo de Dueñas tienes esa sensación de haberte pasado de largo. Miras el navegador, frenas el coche y piensas: “¿De verdad es aquí?”. Sí, lo es. Turismo en El Pobo de Dueñas significa precisamente eso: llegar a uno de esos lugares del Señorío de Molina donde el paisaje manda más que cualquier plan turístico.
El pueblo está a unos 1.260 metros de altura, en una de esas parameras que en invierno se ponen serias. El viento entra sin pedir permiso y el frío se nota de verdad. Viven poco más de cien personas, así que no esperes movimiento constante. Aquí las cosas pasan despacio o, directamente, no pasan.
Un pueblo hecho para aguantar el clima
Cuando caminas por las calles se entiende rápido cómo se ha construido aquí toda la vida. Piedra, muros gruesos y pocas concesiones a lo decorativo. No es cuestión estética; es pura lógica cuando los inviernos aprietan.
Algunas calles conservan tramos empedrados y varias casas muestran reformas recientes mezcladas con otras que siguen tal cual estaban hace décadas. Nada raro en esta parte de Guadalajara.
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se ve enseguida. Su silueta marca el centro del pueblo y sirve un poco de referencia cuando entras o sales caminando hacia los caminos de alrededor.
Restos de la vida ganadera
Más allá de las viviendas aparecen corrales, pequeñas construcciones auxiliares y bodegas excavadas en la roca. Muchas siguen utilizándose para lo mismo que hace años. Otras simplemente se mantienen en pie porque siempre estuvieron ahí.
En algunos dinteles todavía se ven fechas grabadas. Son detalles pequeños, pero ayudan a imaginar cómo funcionaba el pueblo cuando la ganadería tenía mucho más peso.
Hoy la actividad es más reducida. Aun así, la relación con el campo sigue muy presente. La apicultura, por ejemplo, suele formar parte de la economía local, algo bastante común en esta zona de parameras.
El paisaje del Señorío de Molina
El entorno de El Pobo de Dueñas no se parece a la idea de monte verde que muchos llevan en la cabeza. Aquí dominan las sabinas, los matorrales bajos y las lomas abiertas. Un paisaje seco, amplio, muy del altiplano molinés.
En primavera aparecen flores pequeñas entre el matorral y el terreno cambia un poco de color. Pero incluso entonces sigue siendo un paisaje sobrio. De esos que no entran por los ojos a la primera, aunque con el tiempo les coges el punto.
Si caminas por los caminos que salen del pueblo es fácil ver aves planeando sobre los barrancos cercanos. También hay bastante movimiento de fauna al atardecer. Conviene ir atento y, si te gusta observar animales, llevar prismáticos.
Caminos para andar sin complicarse
Alrededor del pueblo hay senderos tradicionales que conectaban fincas, zonas de pasto y otros núcleos de la comarca. Muchos se siguen usando para caminar.
No son rutas señalizadas al estilo de los parques naturales. Son más bien caminos de siempre. Pistas de tierra, tramos entre sabinas y algún barranco que aparece de repente. Nada técnico, pero sí conviene llevar agua y calcular bien el tiempo.
La ventaja es que el tráfico es prácticamente nulo. Durante horas puedes cruzarte con muy poca gente.
Comer como se ha comido siempre
La cocina que se asocia a esta zona tiene bastante que ver con el clima y el trabajo en el campo. Platos contundentes, ingredientes sencillos y recetas que buscan llenar el estómago.
En invierno mandan los guisos con carne de cordero o cabrito. Cuando llega el buen tiempo aparecen migas, gachas o platos donde la miel local suele tener protagonismo. En muchos casos son recetas que todavía se preparan en casas del pueblo más que en espacios pensados para visitantes.
Cómo llegar y qué esperar del viaje
Llegar a El Pobo de Dueñas implica coche, casi seguro. Las carreteras que atraviesan el Señorío de Molina son tranquilas y con poco tráfico, pero también largas si vienes desde ciudades grandes. Molina de Aragón suele ser la referencia más cercana para orientarse antes de continuar hacia el norte.
Conviene mirar el tiempo antes de salir. Incluso en verano las noches pueden refrescar bastante a esta altitud.
El Pobo no es un sitio de pasar todo el día corriendo de un lado a otro. Se recorre rápido. Lo interesante está en el ambiente general: las calles casi vacías, el paisaje abierto alrededor y esa sensación de estar en una esquina bastante apartada de Castilla-La Mancha. Un rato caminando, otro mirando el horizonte desde las afueras del pueblo, y ya te haces una idea bastante clara de cómo se vive aquí.