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sobre Megina
Enclavado en el Parque Natural del Alto Tajo; paisaje rocoso espectacular
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A más de 1.200 metros de altitud, en pleno corazón del Señorío de Molina, Megina se alza como uno de esos rincones que el tiempo parece haber respetado con especial cuidado. Con apenas 31 habitantes censados, esta pequeña aldea de la provincia de Guadalajara representa la esencia más auténtica de la España interior: piedra, silencio y horizontes que se pierden entre parameras y barrancos.
Megina no es un destino para quien busca servicios turísticos al uso, sino para el viajero que valora la autenticidad por encima de lo accesorio. Aquí, la arquitectura popular se funde con el paisaje montañoso, las calles empedradas conducen a rincones inesperados y el ritmo de vida transcurre al compás de las estaciones. Es un lugar donde todavía se puede experimentar esa sensación de aislamiento que tanto escasea en nuestros días.
La ubicación privilegiada de Megina, a 1.275 metros sobre el nivel del mar, la convierte en un mirador natural sobre las tierras del Señorío de Molina. Rodeada de paisajes donde el páramo se encuentra con los valles fluviales, esta aldea ofrece una experiencia de desconexión absoluta, perfecta para quienes desean alejarse del ruido y reconectar con los ritmos pausados de la vida rural tradicional.
Qué ver en Megina
El patrimonio de Megina es el propio de las arquitecturas rurales tradicionales de la comarca molinesa. El caserío se estructura en torno a calles empedradas que conservan la disposición heredada de siglos pasados, con viviendas de piedra y mampostería que muestran las técnicas constructivas adaptadas al clima riguroso de estas alturas.
La iglesia parroquial, aunque modesta en dimensiones, constituye el centro neurálgico del pueblo y mantiene elementos arquitectónicos de interés para los aficionados al arte religioso rural. Como en muchas aldeas del Señorío de Molina, el templo ha sido testigo de la vida comunitaria durante generaciones.
Pero el verdadero tesoro de Megina es su entorno natural. Los paisajes que rodean la aldea son propios de la alta meseta castellana, con extensiones de páramo donde la vegetación rastrera se adapta a las condiciones extremas. Los barrancos cercanos ofrecen contrastes visuales notables, con masas forestales de sabinas y enebros que han sobrevivido durante siglos en este medio hostil.
Desde distintos puntos del municipio se obtienen panorámicas excepcionales sobre el territorio del Alto Tajo, con vistas que en días despejados alcanzan kilómetros de distancia. Los amantes de la fotografía de paisaje encontrarán aquí motivos en cualquier estación del año, especialmente al amanecer y al atardecer.
Qué hacer
Megina es un destino ideal para la práctica del senderismo y las rutas de montaña. La red de caminos rurales que parte desde la aldea permite explorar el territorio circundante, siguiendo antiguas vías de comunicación entre pueblos o rutas ganaderas que todavía se utilizan ocasionalmente.
Una actividad recomendable es recorrer los senderos que descienden hacia los barrancos próximos, donde el paisaje cambia radicalmente y aparece vegetación de ribera. Estos recorridos permiten observar la fauna típica de la zona: aves rapaces, jabalíes y, con suerte, algún corzo en las horas de menos actividad humana.
La observación astronómica es otra de las actividades estrella en Megina. La ausencia de contaminación lumínica convierte las noches en un espectáculo natural de primer orden. En invierno, con cielos despejados, la visión de la Vía Láctea resulta impresionante.
Para los interesados en la micología, los meses de otoño ofrecen la posibilidad de buscar setas en las zonas forestales próximas, siempre con el conocimiento adecuado y respetando la normativa local.
La gastronomía del Señorío de Molina está presente en las pequeñas celebraciones locales, con platos tradicionales como el morteruelo, las migas o los asados de cordero, elaborados según recetas que se transmiten de generación en generación.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Megina, como el de muchas aldeas pequeñas, se concentra en las celebraciones patronales que tienen lugar durante los meses de verano. En agosto se celebran las principales fiestas del pueblo, un momento en el que regresan antiguos vecinos y familiares, llenando brevemente las calles de vida y animación.
Estas celebraciones mantienen el espíritu tradicional de las fiestas rurales: verbena, actos religiosos y comidas comunitarias donde se comparte la gastronomía local. Es el mejor momento para acercarse y conocer las costumbres y la hospitalidad de los habitantes del Señorío de Molina.
Información práctica
Para llegar a Megina desde Guadalajara capital hay que recorrer aproximadamente 130 kilómetros. La ruta más habitual pasa por Molina de Aragón, cabecera de la comarca, desde donde se toma la carretera que atraviesa el territorio del Señorío hacia el este. El acceso final se realiza por carreteras comarcales estrechas pero en buen estado.
La mejor época para visitar Megina depende de lo que se busque. El verano ofrece temperaturas agradables en altura, aunque las noches pueden ser frescas. El otoño regala colores espectaculares en el paisaje. El invierno es riguroso, con nevadas frecuentes, pero ideal para quienes buscan paisajes nevados y máxima tranquilidad.
Dado el tamaño de la población, no existen servicios turísticos en la propia aldea. Conviene aprovisionarse en Molina de Aragón y planificar la visita con autonomía. Es recomendable llevar calzado de montaña, ropa de abrigo (incluso en verano para las noches) y respetar escrupulosamente el entorno natural y las propiedades privadas.