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sobre Megina
Enclavado en el Parque Natural del Alto Tajo; paisaje rocoso espectacular
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Hay pueblos a los que llegas porque alguien te los recomienda, y luego están los que aparecen casi por accidente, como cuando te equivocas de carretera y decides no dar la vuelta. Megina es un poco eso. Un lugar diminuto en el Señorío de Molina donde uno llega más por curiosidad que por planificación. La primera impresión es clara: aquí el tiempo va a otro ritmo. Con unos 25 habitantes censados y a más de 1.200 metros de altura, el silencio pesa casi tanto como el aire limpio.
No hay tiendas de recuerdos ni paneles explicativos cada diez metros. Solo calles cortas, casas de piedra y la sensación de que el pueblo sigue funcionando con las mismas reglas de siempre.
Un pueblo pequeño, de los que no se maquillan
Megina forma parte de esa franja del Señorío de Molina donde el paisaje es seco, abierto y bastante serio. Nada de grandes postales preparadas. Más bien parameras, barrancos y ese tono grisáceo de la piedra que domina buena parte de la arquitectura.
Las casas siguen la lógica de la zona: muros de mampostería, tejados de teja envejecida y pocas concesiones a lo moderno. No es un conjunto monumental ni lo pretende. Es, simplemente, un pueblo que ha llegado hasta aquí sin demasiadas transformaciones.
La iglesia parroquial, dedicada a la Asunción, mantiene esa sobriedad tan común en los pueblos molineses. Pequeña, sin adornos exagerados y con un campanario que todavía marca las horas del día. Por dentro conserva algunos elementos tradicionales, discretos, de los que hablan más de la vida cotidiana de antes que de grandes obras artísticas.
Caminos alrededor de Megina
Si vienes a Megina pensando en monumentos, lo verás rápido. Pero si te gusta caminar, la cosa cambia.
A un par de kilómetros del núcleo empiezan a salir caminos rurales que se meten en barrancos suaves y zonas de monte bajo. No están señalizados como en un parque natural; aquí toca tirar de mapa, GPS o de la típica app del móvil. O hacer algo que cada vez se usa menos: preguntar.
El terreno es el que manda en esta parte del Señorío de Molina. Suelo pedregoso, sabinas, matorral bajo y bastante cielo abierto. De vez en cuando aparece algún cortado rocoso donde es fácil ver buitres planeando si el día está tranquilo. También hay rastros de jabalí o corzo si caminas temprano.
No son rutas “oficiales”. Son más bien caminos de los que han usado pastores y ganaderos durante décadas.
Las vistas de la paramera molinesa
Si subes a cualquiera de las pequeñas elevaciones cercanas al pueblo, el paisaje se abre bastante. Es uno de esos sitios donde puedes mirar kilómetros sin encontrarte casi nada en medio: ni urbanizaciones, ni carreteras grandes, ni ruido.
A mí me recordó a cuando miras el mar desde un acantilado, pero en versión interior. Todo muy horizontal, muy tranquilo.
La luz aquí tiene bastante juego. Al amanecer y al final de la tarde el terreno cambia de color y el móvil —aunque sea uno normalito— suele sacar fotos bastante decentes.
Noches oscuras de verdad
Cuando anochece en Megina pasa algo que en muchas ciudades ya se ha olvidado: se hace oscuro de verdad.
No hay iluminación excesiva ni tráfico constante. Si el cielo está despejado, aparecen estrellas por todas partes. La Vía Láctea suele verse bastante bien en verano, algo que sorprende si vienes de cualquier ciudad mediana.
No hace falta equipo especial. A simple vista ya merece la pena levantar la cabeza un rato.
Setas, monte y vida tranquila
En otoño, cuando las lluvias acompañan, hay gente de la zona que sale a buscar setas por los montes cercanos. Níscalos y otras especies comunes de la zona suelen aparecer algunos años. Como siempre en estos casos, mejor ir con conocimiento o acompañado de alguien que sepa lo que hace.
Y poco más. Megina no intenta ser nada distinto de lo que es.
Es de ese tipo de sitios donde vienes a caminar un rato, sentarte en un banco y escuchar el viento entre las sabinas. Puede que en un par de horas lo hayas recorrido entero. Pero a veces eso es justo lo que apetece cuando andas por el Señorío de Molina.