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sobre Pardos
Pequeño pueblo molinés; entorno de sabinares y tranquilidad
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En lo alto de la serranía del Señorío de Molina, a 1.185 metros de altitud, se encuentra Pardos, una pequeña aldea de apenas 39 habitantes que parece detenida en el tiempo. Este minúsculo enclave de Guadalajara representa la esencia más pura del interior peninsular: casas de piedra que se aferran a la montaña, silencio interrumpido solo por el viento y las campanas, y un horizonte donde la mirada se pierde entre parameras y barrancos.
Pardos no es un destino para quien busca servicios turísticos convencionales o entretenimiento urbano. Es, más bien, un refugio para quienes desean desconectar de verdad, respirar aire limpio de alta montaña y experimentar cómo es la vida en uno de esos pueblos que resisten al despoblamiento con dignidad. Aquí el tiempo transcurre a otro ritmo, marcado por las estaciones y las tradiciones que sus vecinos mantienen vivas contra todo pronóstico.
La comarca del Señorío de Molina, a la que pertenece esta aldea, es una de las joyas menos conocidas de Castilla-La Mancha. Sus paisajes abruptos, su clima continental extremo y su rica historia medieval conforman un territorio perfecto para el viajero que aprecia lo auténtico por encima de lo turístico.
Qué ver en Pardos
El patrimonio de Pardos se concentra en su arquitectura popular y en su iglesia parroquial, exponentes de siglos de historia en estas tierras altas. La iglesia de San Bartolomé preside el pequeño núcleo urbano con su característica torre, testimonio de la importancia que incluso los pueblos más pequeños otorgaban a sus templos. Su interior conserva elementos que merecen una visita pausada para apreciar el arte sacro rural.
Pasear por las calles de Pardos es recorrer un museo al aire libre de arquitectura tradicional serrana. Las casas se construyeron con los materiales que la tierra proporcionaba: piedra, madera y adobe. Las fachadas de mampostería, los balcones de madera y las techumbres de teja árabe componen un conjunto arquitectónico perfectamente integrado en el paisaje. Algunos edificios conservan estructuras auxiliares como antiguos corrales y pajares que hablan de una economía basada en la ganadería.
El entorno natural es, sin duda, otro de los grandes atractivos. Rodeado de parameras y barrancos, el paisaje alrededor de Pardos cambia radicalmente con las estaciones. En primavera, el verdor tiñe los campos; en verano, el dorado de los pastos secos contrasta con el azul intenso del cielo de montaña; y en invierno, no es raro que la nieve cubra el pueblo durante semanas. Desde varios puntos del término municipal se obtienen vistas panorámicas espectaculares de la sierra.
Qué hacer
Pardos es un destino ideal para los amantes del senderismo y el montañismo. Existen diversas rutas que parten desde el pueblo o sus alrededores, permitiendo descubrir la flora y fauna de estas alturas. No es difícil avistar aves rapaces sobrevolando los cortados rocosos, y con suerte, algunos mamíferos adaptados a este hábitat de montaña.
La fotografía de paisaje encuentra aquí un escenario privilegiado. Las luces del amanecer y el atardecer transforman las parameras en un espectáculo de colores y texturas. Los cielos nocturnos, libres de contaminación lumínica, ofrecen una visión del firmamento que resulta imposible desde las ciudades.
Para los interesados en la arquitectura popular y el patrimonio rural, recorrer Pardos y otros pueblos cercanos del Señorío de Molina permite comprender cómo se vivía en estas tierras de frontera histórica. La comarca conserva numerosos ejemplos de construcciones tradicionales, iglesias románicas y góticas, y restos de fortificaciones medievales.
La gastronomía de la zona, aunque sencilla, refleja los productos de estas tierras altas. Las carnes de cordero y cabrito, las setas en temporada, y los productos de la matanza tradicional forman parte de una cocina honesta de montaña.
Fiestas y tradiciones
A pesar de su reducida población, Pardos mantiene vivas sus celebraciones tradicionales. Las fiestas patronales en honor a San Bartolomé se celebran en agosto, reuniendo a vecinos, antiguos residentes y visitantes en torno a la iglesia y la plaza. Son días de convivencia donde se recuperan tradiciones que han pasado de generación en generación.
Como en toda la comarca, las festividades religiosas marcan el calendario anual, con celebraciones más íntimas pero sentidas que refuerzan los lazos comunitarios en estos pequeños núcleos rurales.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Guadalajara capital, se accede a Pardos tomando la A-2 en dirección Zaragoza hasta enlazar con carreteras comarcales que conducen hacia Molina de Aragón. El trayecto, de aproximadamente 150 kilómetros, atraviesa paisajes espectaculares del interior peninsular. Es recomendable consultar el estado de las carreteras en invierno, ya que la nieve puede dificultar el acceso.
Mejor época: La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables para disfrutar del entorno. El verano es ideal para quienes buscan frescor de montaña, aunque las noches son frescas. El invierno tiene su encanto, pero hay que estar preparado para el frío intenso propio de estas altitudes.
Consejos: Pardos no cuenta con servicios turísticos, por lo que es necesario prever alojamiento en localidades cercanas como Molina de Aragón. Conviene llevar calzado adecuado para caminar y ropa de abrigo, incluso en verano. El respeto por el entorno y la tranquilidad del pueblo es fundamental en estos destinos de turismo rural.