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sobre Riba de Saelices
Famoso por la Cueva de los Casares (grabados paleolíticos); entorno natural
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Hay pueblos que se entienden rápido. Como cuando entras en la cocina de una casa vieja y sabes, solo por el olor a leña, que allí se ha cocinado toda la vida. El turismo en Riba de Saelices funciona un poco así: no hace falta mucho para captar de qué va el sitio.
Riba de Saelices es un pueblo pequeño del Señorío de Molina, a algo menos de tres horas de Guadalajara en coche, con unos 113 vecinos censados. Las casas de piedra se agrupan en calles que suben y bajan sin mucho orden, como si el pueblo se hubiese ido colocando donde buenamente cabía. Caminar por aquí recuerda a esos cascos antiguos donde el coche sobra y acabas andando más despacio sin darte cuenta.
Aquí no hay grandes monumentos ni una agenda de actividades esperando al visitante. Lo que hay es otra cosa: la sensación de que el tiempo se mueve a otro ritmo. Las casas tienen muros gruesos, portones de madera ya curtidos por los inviernos y ese aspecto práctico de los pueblos que se construyeron para vivir, no para salir bien en fotos.
Alrededor aparece el paisaje típico del Señorío de Molina. Parameras abiertas, barrancos que rompen el terreno y zonas donde la vegetación mediterránea aguanta como puede. La cercanía del Parque Natural del Alto Tajo se nota en el relieve. Es un terreno que a veces parece tranquilo y de repente se corta en un barranco, como cuando vas por una mesa lisa y de pronto aparece un borde.
La historia en las cosas pequeñas
La iglesia parroquial es el edificio que más llama la atención del conjunto. No por grande ni por ornamentada, más bien por lo contrario. Piedra local, líneas sencillas y ese aspecto de edificio que lleva ahí mucho tiempo cumpliendo su función.
Alrededor todavía se ven corrales, eras y pequeños espacios que antes servían para el trabajo diario. Si has estado en pueblos agrícolas de interior, te resultará familiar. Es como abrir un viejo cobertizo y encontrar herramientas que siguen exactamente donde alguien las dejó hace décadas.
Aquí el interés no está en un monumento concreto, sino en el conjunto. En cómo el pueblo encaja con el terreno. Sales andando por cualquier camino y en pocos minutos ya estás en campo abierto.
Caminar por el altiplano molinés
Riba de Saelices funciona bien como punto de partida para recorrer esta zona a pie o en bicicleta. Muchos caminos siguen trazados antiguos de pastores o de comunicación entre pueblos. No están pensados como rutas turísticas al uso. Más bien son caminos de los de siempre.
Las parameras pueden parecer fáciles desde lejos, pero engañan un poco. Son como esas pistas de tierra que ves planas desde el coche y luego descubres que suben y bajan todo el tiempo. Aun así, para caminar sin prisa funcionan muy bien.
En los cortados y barrancos es habitual ver rapaces planeando. Con algo de paciencia se pueden observar águilas o ratoneros aprovechando las corrientes de aire. Cuando el viento se levanta, el sonido de los arbustos secos moviéndose recuerda al de una escoba barriendo un patio grande.
En cuanto a la comida, lo que manda aquí es la cocina de siempre. Cordero, platos de cuchara, migas, gachas. En temporada aparecen setas de monte, sobre todo boletus. Son recetas pensadas para el frío y para jornadas largas en el campo. De las que llenan más que adornan.
Excursiones por el Señorío
Desde Riba de Saelices es fácil moverse por esta parte del Señorío de Molina. Molina de Aragón queda relativamente cerca y su castillo se ve desde lejos, como esos castillos de los libros de historia que dibujábamos en el colegio.
También se puede entrar en el Parque Natural del Alto Tajo y recorrer algunos de sus barrancos y miradores naturales. Y si te gusta curiosear pueblos pequeños, por la zona hay aldeas donde la vida sigue un patrón parecido: calles tranquilas, casas antiguas y campo alrededor hasta donde alcanza la vista.
Agosto, cuando el pueblo se llena
Las fiestas suelen concentrarse en agosto, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera durante el año. El ambiente cambia bastante. Donde normalmente hay silencio empiezan a oírse conversaciones en la plaza y coches aparcados donde el resto del año no hay nadie.
No son fiestas grandes. Más bien reuniones de pueblo: misa, alguna procesión pequeña y comidas compartidas. Se parece a esas reuniones familiares que empiezan tranquilas y acaban alargándose porque siempre aparece alguien con otra historia que contar.
Cómo llegar
Llegar a Riba de Saelices implica asumir que el último tramo se hace por carreteras comarcales. Desde Guadalajara lo habitual es dirigirse hacia Molina de Aragón y continuar después por las vías que conectan los pueblos del Señorío.
El viaje tiene algo de transición. Sales de autovías rápidas y poco a poco entras en carreteras donde ves más campos que coches. Es como bajar el volumen del ruido poco a poco.
Riba de Saelices no intenta competir con destinos más conocidos. Es uno de esos lugares donde vienes sabiendo lo que hay: un pueblo pequeño, campo alrededor y la sensación de estar en una parte de Castilla que sigue funcionando a su manera. A veces, con eso ya basta.