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sobre Selas
Pueblo rodeado de formaciones rocosas y pinares; paisaje geológico
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El turismo en Selas parte de una realidad sencilla: un pueblo muy pequeño del extremo norte del Señorío de Molina, en la provincia de Guadalajara, situado a unos 1.250 metros de altitud. Aquí el paisaje pertenece claramente al Sistema Ibérico, con páramos altos, inviernos largos y una densidad de población mínima. El censo ronda las pocas decenas de habitantes y esa escala condiciona todo: la forma del caserío, el uso del territorio y el ritmo al que ocurren las cosas.
Selas forma parte de una comarca marcada por la despoblación desde mediados del siglo XX. Muchas casas quedaron cerradas cuando la gente se marchó a las ciudades industriales, y el pueblo adoptó ese aspecto que hoy es habitual en buena parte del Señorío de Molina: calles cortas, viviendas de piedra y una vida que se concentra en temporadas concretas del año. Aun así, la estructura tradicional del lugar se entiende bien.
Las casas siguen la lógica de las zonas altas del Sistema Ibérico: muros gruesos de mampostería, pocas aperturas al norte y tejados de teja árabe con bastante pendiente para evacuar la nieve. No hay un casco monumental en el sentido habitual; lo interesante está en cómo el conjunto se adapta al clima y al terreno.
La iglesia y el trazado del pueblo
El punto más reconocible del núcleo es la iglesia parroquial dedicada a la Asunción. Su torre se ve desde cierta distancia cuando uno se acerca por las carreteras comarcales, algo lógico en un paisaje tan abierto. Como ocurre en muchos pueblos del Señorío de Molina, el templo ocupa una posición ligeramente dominante dentro del caserío.
Las calles que llegan hasta la iglesia son estrechas y sencillas, sin una planificación urbana compleja. Más que un trazado pensado de antemano, parece el resultado de ampliaciones sucesivas alrededor del edificio religioso y de los antiguos espacios comunales.
En varios rincones todavía se reconocen elementos ligados a la vida ganadera: corrales de piedra, pequeñas construcciones auxiliares y fuentes tradicionales. No siempre están señalizadas ni restauradas, pero ayudan a entender cómo funcionaba el pueblo cuando la población era mayor y el ganado tenía un papel central en la economía local.
El paisaje del Señorío de Molina
El término de Selas se abre hacia los páramos característicos de esta parte de Guadalajara. Son paisajes amplios, con horizontes largos y una vegetación adaptada a suelos pobres y clima duro. Aparecen sabinas, enebros y, en las zonas algo más resguardadas, manchas de roble melojo.
Caminar por los caminos que salen del pueblo permite ver restos de la antigua organización del territorio: lindes de piedra, corrales alejados del núcleo y pequeñas zonas de cultivo hoy abandonadas o transformadas en pasto. Durante siglos la ganadería —muchas veces vinculada a la trashumancia— marcó el uso de estas tierras.
La fauna es la habitual de estas sierras interiores. Con algo de paciencia no es raro ver corzos o jabalíes, y sobre los cortados y laderas abiertas suelen aparecer rapaces planeando.
Noches oscuras y silencio
Uno de los rasgos más evidentes al pasar la noche en esta zona es la oscuridad. La escasa iluminación y la distancia respecto a grandes núcleos urbanos dejan un cielo muy limpio. En noches despejadas la Vía Láctea se aprecia con bastante claridad, algo cada vez menos frecuente en zonas más pobladas.
Ese silencio nocturno forma parte de la experiencia de estos pueblos altos del Señorío de Molina, donde la actividad humana es limitada y el paisaje sigue teniendo más presencia que las construcciones.
Fiestas y vida estacional
Como en muchos pueblos con muy pocos habitantes permanentes, la vida social de Selas se concentra en verano. Tradicionalmente las fiestas patronales se celebran en torno al mes de agosto, cuando regresan durante unos días quienes mantienen casa familiar en el pueblo.
El programa suele girar alrededor de los actos religiosos y de reuniones vecinales en los espacios comunes. Más que grandes celebraciones, funcionan como un momento de reencuentro.
En otros pueblos del Señorío de Molina se mantienen mascaradas de invierno y celebraciones vinculadas al calendario agrícola. Las fechas cambian según el lugar y el año, así que conviene informarse allí mismo si se quiere ver alguna.
Visitar Selas hoy
Selas se recorre rápido. En menos de una hora se puede caminar por todo el núcleo y hacerse una idea clara del lugar.
El interés principal está en el paisaje y en entender cómo han funcionado históricamente estos pueblos del Señorío de Molina: asentamientos pequeños, muy condicionados por el clima y por una economía ganadera que hoy apenas se mantiene. Para quien recorra la comarca con calma, Selas encaja bien como una parada breve dentro de una ruta más amplia por esta parte de Guadalajara.