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sobre Taravilla
En el Alto Tajo; famoso por su laguna de montaña y entorno espectacular
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía tarda en superar los pinares, Taravilla suena a viento rozando las chimeneas y a algún perro que ladra a lo lejos. Las casas de piedra, apretadas contra la ladera, parecen pensadas más para aguantar el invierno que para llamar la atención. A 1.325 metros de altitud, en pleno Señorío de Molina, este pequeño pueblo del Alto Tajo apenas reúne unas pocas decenas de vecinos durante todo el año. El silencio aquí no es pose: es lo que queda cuando el día empieza despacio y no pasa casi nadie por la carretera.
El paisaje que rodea Taravilla es una sucesión de pinos altos, roquedos claros y barrancos que caen hacia el río Tajo. Desde algunos puntos del término se abren vistas largas sobre la sierra molinesa, una de esas zonas donde todavía se percibe bien la distancia entre pueblos. El clima manda mucho en la vida diaria: inviernos largos y fríos, veranos más suaves que en otras partes de Castilla-La Mancha. Conviene venir con abrigo incluso fuera de temporada si se piensa caminar al atardecer; aquí la temperatura cae rápido cuando se esconde el sol.
Las calles mantienen una trama sencilla, con muros gruesos de piedra y fachadas que muestran reparaciones de distintas épocas. Se entiende enseguida que el pueblo se ha ido adaptando a lo que había: viento, nieve algunos inviernos y veranos cortos. En el centro se levanta la iglesia de San Miguel Arcángel, de mampostería robusta y torre sobria. No es grande, pero marca el ritmo del caserío.
Entre pinares y agua: las Lagunas de Taravilla
A poca distancia del pueblo se encuentran las Lagunas de Taravilla, una de las excursiones más habituales de la zona. El camino atraviesa pinares que huelen a resina cuando aprieta el calor y a tierra húmeda después de la lluvia. Las lagunas no son grandes ni espectaculares en el sentido habitual del término. Son pequeñas láminas de agua formadas sobre depósitos de toba, rodeadas de carrizo y vegetación de ribera.
En días tranquilos el agua queda casi inmóvil, reflejando el cielo pálido del invierno o los azules más intensos del verano. En otoño el entorno cambia bastante: los tonos ocres aparecen entre los pinos y el suelo se cubre de agujas secas que crujen bajo las botas.
Alrededor se mueve fauna que rara vez se deja ver de cerca. Corzos, jabalíes y, sobre todo, aves rapaces que aprovechan las corrientes de aire sobre los cortados del Tajo.
Caminos por el Alto Tajo
Taravilla está dentro del Parque Natural del Alto Tajo, y eso se nota en la cantidad de senderos que salen hacia barrancos, pinares y miradores naturales. Uno de los recorridos más habituales conecta el pueblo con las lagunas por senderos señalizados que se internan en el bosque.
No es una ruta complicada, aunque el terreno tiene desniveles y conviene llevar calzado con suela firme. En invierno el hielo o la nieve pueden aparecer en las zonas sombrías, sobre todo por la mañana temprano.
En otoño muchos visitantes llegan por las setas. Bajo los pinos suelen salir níscalos y, algunos años, boletus. La recolección está regulada en buena parte del parque natural, así que conviene informarse antes de salir al monte.
También es un buen lugar para caminar sin prisa y escuchar el bosque: el golpe seco de una piña al caer, el zumbido de los insectos en verano o el crujido de las ramas cuando sopla el cierzo.
Vida tranquila y celebraciones pequeñas
Con tan pocos habitantes, las tradiciones siguen un ritmo sencillo. La fiesta principal gira en torno a San Miguel Arcángel, a finales de septiembre, cuando regresan muchos de los que tienen aquí raíces familiares. La iglesia se llena más de lo habitual y después suele haber comidas compartidas entre vecinos y quienes vuelven esos días.
San Blas en febrero también se recuerda, aunque el invierno en esta zona suele ser duro y las reuniones se hacen más recogidas. En verano el pueblo gana algo de movimiento, pero siempre dentro de esa escala pequeña que caracteriza a los pueblos del Señorío de Molina.
Cómo llegar y cuándo venir
Taravilla queda apartada de las grandes carreteras. Lo habitual es llegar desde Molina de Aragón por vías secundarias que atraviesan pinares y parameras abiertas. Conviene revisar el combustible antes de adentrarse en la zona y no confiar demasiado en la cobertura del móvil.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por el entorno. En verano el monte ofrece sombra y temperaturas más suaves que en la meseta, mientras que en invierno el frío puede ser intenso y el hielo aparece con facilidad en caminos y senderos.
Quien llega hasta Taravilla lo hace sabiendo que aquí el tiempo se mueve de otra manera: despacio, entre pinares altos, viento en los tejados y ese silencio largo que acompaña a los pueblos pequeños del Alto Tajo.