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sobre Zaorejas
Considerada la capital del Alto Tajo; centro de interpretación y miradores
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En el corazón del Señorío de Molina, donde las parameras de Guadalajara dibujan un paisaje de horizontes infinitos, se encuentra Zaorejas, una pequeña aldea de apenas 104 habitantes que se aferra a la vida a 1.225 metros de altitud. Este diminuto núcleo rural representa la esencia más pura de la España interior: un lugar donde el silencio es protagonista, donde las tradiciones se mantienen vivas por pura voluntad y donde la naturaleza despliega toda su grandeza sin artificios.
Zaorejas no es un destino para quien busca comodidades urbanas o entretenimiento convencional. Es, más bien, un refugio para quienes ansían desconectar del ruido del mundo, para los amantes de la naturaleza en estado puro y para aquellos viajeros que entienden el turismo como un encuentro auténtico con territorios que conservan su esencia intacta. Aquí, entre muros de piedra y calles estrechas, el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.
La altitud y el aislamiento han moldeado tanto el paisaje como el carácter de este rincón del Señorío de Molina, una de las comarcas más despobladas y, paradójicamente, más fascinantes de Castilla-La Mancha. Cada estación transforma el entorno: los inviernos son rigurosos y blancos, las primaveras explotan en color, los veranos ofrecen un frescor inesperado y los otoños pintan las parameras de ocres y dorados.
Qué ver en Zaorejas
El patrimonio de Zaorejas es discreto pero auténtico, reflejo de siglos de vida rural en condiciones extremas. La iglesia parroquial constituye el principal elemento arquitectónico del pueblo, un templo que, como tantos otros en la comarca, ha sido testigo silencioso de generaciones de vecinos. Su arquitectura tradicional se integra perfectamente en el conjunto urbano de piedra y adobe.
El verdadero atractivo de Zaorejas radica en su entorno natural. Las parameras que rodean el pueblo ofrecen un paisaje único en la península: extensas planicies a gran altitud, cortadas por profundos barrancos y hoces labradas durante milenios por el agua. Estas formaciones geológicas crean un escenario de gran valor paisajístico, ideal para la observación de aves rapaces que aprovechan las corrientes térmicas de estos parajes.
Los aficionados al turismo geológico encontrarán en los alrededores un auténtico libro abierto sobre la historia de la Tierra. Las estructuras calizas, los plegamientos y las erosiones cuentan millones de años de evolución natural. El contraste entre las llanuras y los cortados verticales genera vistas espectaculares, especialmente al amanecer y al atardecer, cuando la luz rasante realza cada pliegue del terreno.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella en Zaorejas y su entorno. Existen múltiples rutas que permiten explorar las parameras, acercarse a los miradores naturales sobre las hoces y descubrir la flora y fauna de alta montaña mediterránea. El silencio de estos parajes solo se ve interrumpido por el viento y el canto de las aves, creando una experiencia de inmersión total en la naturaleza.
La observación de aves rapaces convierte la zona en un destino ornitológico de primer nivel. Buitres leonados, águilas reales y alimoches sobrevuelan habitualmente estos cielos, aprovechando las térmicas que se generan sobre las parameras. Llevar prismáticos es casi obligatorio para cualquier visitante con sensibilidad naturalista.
La fotografía de paisaje encuentra aquí un escenario excepcional. La inmensidad del horizonte, la pureza del aire a esta altitud y la ausencia de contaminación lumínica permiten capturar imágenes de gran calidad, tanto de día como de noche. El cielo estrellado sobre las parameras ofrece uno de los espectáculos astronómicos más impresionantes de la región.
La gastronomía local, aunque modesta, refleja la tradición de la cocina serrana: asados de cordero, migas, productos de matanza y guisos de caza elaborados con recetas transmitidas de generación en generación. Los hongos y setas en otoño añaden un aliciente gastronómico estacional.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos pequeños, Zaorejas mantiene sus celebraciones tradicionales en torno al calendario festivo rural. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante el verano, generalmente en agosto, cuando algunos antiguos habitantes regresan al pueblo, aumentando temporalmente su población y llenando de vida las calles.
Estas celebraciones, aunque modestas en escala, conservan la autenticidad de las fiestas de pueblo: misa, procesión, comida comunitaria y baile tradicional. Son momentos privilegiados para conocer la verdadera identidad del lugar y sus gentes.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Guadalajara capital (unos 130 kilómetros), se accede tomando la N-211 en dirección a Molina de Aragón. Desde allí, carreteras secundarias conducen hasta Zaorejas. El trayecto requiere aproximadamente hora y media. Es imprescindible viajar en vehículo particular, ya que no existe transporte público regular.
Mejor época: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen temperaturas más agradables y paisajes especialmente atractivos. El verano proporciona un frescor inusual gracias a la altitud, mientras que el invierno puede resultar muy riguroso, con nevadas frecuentes.
Consejos: Lleva provisiones, ya que los servicios son limitados. El calzado adecuado para caminar es esencial. Consulta el estado de las carreteras en invierno antes de desplazarte. Respeta el entorno natural y la tranquilidad del lugar.