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sobre Castillejo-Sierra
Aldea serrana con arquitectura de piedra; entorno natural privilegiado
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En lo alto de la Serranía Media conquense, a casi mil metros de altitud, se encuentra Castillejo-Sierra, una de esas aldeas que parecen resistirse al paso del tiempo. Con apenas 28 habitantes censados, este pequeño núcleo rural representa la esencia más pura de la España interior: casas de piedra que se aferran a la montaña, calles silenciosas donde el sonido de tus pasos resuena contra las fachadas, y un horizonte de sierras que invita a desconectar del mundo.
Castillejo-Sierra no es un destino para quien busca infraestructuras turísticas convencionales. Es, más bien, un refugio para quienes valoran la autenticidad, el contacto con la naturaleza y la oportunidad de experimentar cómo es la vida en uno de los rincones menos poblados de Castilla-La Mancha. Aquí el lujo es otro: el silencio roto solo por el canto de los pájaros, el aire limpio de montaña y la posibilidad de caminar durante horas sin cruzarte con nadie.
La altitud y su ubicación en plena serranía hacen que el paisaje cambie radicalmente con las estaciones. Los inviernos son duros, con frecuentes nevadas que cubren los tejados de las casas; las primaveras explotan en verdes intensos; y los otoños tiñen los montes de ocres y rojizos que parecen sacados de una paleta de pintor.
Qué ver en Castillejo-Sierra
El principal atractivo de Castillejo-Sierra es su entorno natural y su arquitectura popular. El conjunto del pueblo, con sus construcciones tradicionales de piedra y madera, constituye en sí mismo un ejemplo de adaptación al medio serrano. Pasear por sus calles es como abrir un libro de arquitectura rural: muros de mampostería, balcones de madera, tejados de teja árabe que han resistido siglos de ventiscas.
La iglesia parroquial, aunque modesta en dimensiones, merece una visita por su sencillez y por ser el corazón social e histórico del pueblo. Como en tantas aldeas serranas, este edificio ha sido testigo de generaciones de vecinos y conserva ese ambiente recogido típico de los templos rurales.
Pero el verdadero patrimonio de Castillejo-Sierra es natural. Los alrededores ofrecen paisajes de media montaña con bosques de pinos, encinas y vegetación mediterránea de altura. Desde diversos puntos del municipio se obtienen vistas panorámicas excepcionales de la Serranía Media, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la luz rasante dibuja las formas del relieve con una nitidez asombrosa.
La zona forma parte de un territorio donde aún es posible observar fauna silvestre: rapaces sobrevolando las laderas, jabalíes en los montes cercanos y una rica avifauna que hace las delicias de los aficionados a la ornitología.
Qué hacer
Castillejo-Sierra es territorio de senderistas y amantes del monte. Desde el pueblo parten diversas rutas y caminos rurales que permiten adentrarse en la serranía conquense. Aunque no encontrarás senderos señalizados con infraestructura turística, los caminos tradicionales ofrecen posibilidades para caminatas de diferentes niveles, siempre con el aliciente de la soledad y el contacto directo con la naturaleza.
La fotografía de paisaje encuentra aquí un escenario privilegiado, especialmente en otoño e invierno, cuando la luz adquiere tonalidades especiales y el contraste entre el cielo azul y las montañas resulta espectacular.
Para los interesados en el turismo micológico, la zona ofrece posibilidades de recolección de setas en temporada, siempre respetando la normativa local y con los permisos necesarios. Los bosques de la comarca son propicios para diversas especies comestibles durante el otoño.
La gastronomía, aunque no encontrarás restaurantes en el propio pueblo, se basa en los productos de la tierra: caza, setas, cordero, migas serranas y los quesos de la zona. Las localidades cercanas ofrecen establecimientos donde degustar la cocina tradicional conquense.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Castillejo-Sierra, como corresponde a una aldea de su tamaño, es reducido pero significativo para sus habitantes. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, momento en que muchos antiguos vecinos regresan al pueblo. Son días de convivencia, comidas populares y reencuentros que mantienen vivo el vínculo con las raíces.
Las celebraciones religiosas tradicionales, como la Semana Santa o festividades marianas, se viven con la sencillez y recogimiento propios de las comunidades pequeñas, aunque su continuidad depende del número de vecinos presentes en cada momento.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital hay aproximadamente 65 kilómetros por carretera. Se toma la N-320 en dirección a Teruel y posteriormente carreteras comarcales que atraviesan la Serranía Media. El acceso requiere circular por carreteras de montaña, estrechas y con curvas, por lo que conviene extremar la precaución, especialmente en invierno.
Mejor época: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen temperaturas agradables y paisajes espectaculares. El verano es suave gracias a la altitud. El invierno tiene su encanto, pero las nevadas pueden dificultar el acceso.
Consejos: No hay comercios ni servicios en el pueblo, por lo que es imprescindible venir preparado con todo lo necesario. La cobertura móvil puede ser limitada. Se recomienda llevar GPS o mapas, calzado adecuado para caminar por el monte y ropa de abrigo, incluso en verano, pues las noches son frescas a esta altitud. El alojamiento más cercano se encuentra en localidades vecinas de la Serranía Media.