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sobre Cueva del Hierro
Pueblo minero histórico en la alta serranía; famoso por su mina visitable
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A 1.340 metros de altitud, en la parte alta de la Serranía de Cuenca, la mañana suele empezar con un silencio bastante limpio. El aire baja frío desde el pinar y, cuando el sol empieza a tocar las rocas, los cortados calizos cambian del gris al naranja muy despacio. Turismo en Cueva del Hierro significa llegar a un lugar pequeño —apenas unas decenas de vecinos— donde casi todo ocurre a otra velocidad: el sonido de algún coche que pasa, el crujido de la leña en invierno, los buitres girando sobre las laderas.
El pueblo aparece entre pinares y piedra clara. No hay grandes entradas ni plazas amplias; simplemente la carretera se estrecha y las casas empiezan a alinearse a ambos lados.
Un pueblo ligado a la antigua mina
El nombre de Cueva del Hierro viene de la explotación minera que hubo aquí durante décadas. La mina, hoy cerrada, marcó la vida del lugar hasta bien entrado el siglo XX. Todavía quedan restos de aquella actividad y una estructura minera visible en las afueras que recuerda para qué se levantó este pueblo en medio de la sierra.
Las casas son de mampostería, con muros gruesos y tejados de teja curva pensados para aguantar inviernos largos. En enero y febrero la nieve no es rara por aquí, y el frío se queda varios días en las umbrías.
La calle principal avanza sin prisa entre las viviendas y acaba abriéndose hacia el paisaje. Desde ese punto el terreno se despliega en lomas cubiertas de pino y barrancos de roca clara.
Piedra caliza, barrancos y bosque serrano
El relieve de los alrededores tiene mucho que ver con la roca caliza. La lluvia y el hielo han ido abriendo grietas, cuevas pequeñas y barrancos que aparecen casi de repente entre el pinar. No todas esas cavidades son accesibles ni están señalizadas, así que conviene moverse con prudencia si uno se sale de los caminos más claros.
El pinar es dominante en todo este tramo de la Serranía Alta. Pino albar y negral, bastante densos en algunas laderas. En otoño el suelo se cubre de agujas secas y el bosque huele a resina húmeda, sobre todo por la mañana.
A primera hora o al caer la tarde no es raro ver corzos cruzando claros del monte. Más arriba, sobre los cortados, suelen planear buitres leonados y alguna otra rapaz que aprovecha las corrientes de aire.
Caminar por los alrededores
Gran parte de lo que se hace aquí es caminar. Desde el propio pueblo salen pistas forestales y sendas que se internan en el pinar y van ganando altura poco a poco.
No todos los recorridos están señalizados, así que es buena idea llevar mapa o GPS. El terreno puede despistar: varias pistas parecen iguales y en algunos tramos el bosque tapa las referencias.
En verano muchos arroyos están secos y el suelo es polvoriento. En invierno, en cambio, algunos caminos se cubren de nieve o hielo y conviene calcular bien la ruta antes de alejarse demasiado del coche.
Desde algunos collados cercanos se abre una vista amplia del valle y de otras sierras de la zona. A última hora de la tarde, cuando el sol baja, la roca caliza toma un tono dorado bastante intenso.
Setas, huellas y pequeños rastros
Con las primeras lluvias del otoño aparecen buscadores de setas por los pinares cercanos. Níscalos y boletus suelen ser las especies más conocidas en esta parte de la serranía, aunque la producción cambia bastante de un año a otro.
Conviene recoger solo lo que se conoce bien y dejar el resto intacto. El monte aquí es frágil y bastante tranquilo.
Muchas veces la fauna se percibe más por los rastros que por los propios animales: huellas en barro blando, plumas sueltas en un claro del bosque, tierra removida por los jabalíes durante la noche.
Comer y organizar la visita
En el propio Cueva del Hierro no hay bares ni restaurantes. Si se quiere comer en un comedor o comprar algo más que lo básico, lo habitual es acercarse a pueblos cercanos de la Serranía.
Por eso mucha gente llega con algo de comida en la mochila o en el coche, sobre todo si la idea es pasar el día caminando por los montes de alrededor.
También conviene mirar la previsión del tiempo. A esta altitud los cambios pueden ser rápidos, y cuando entra frío en la sierra se nota.
Verano y regreso de los vecinos
Durante buena parte del año el pueblo es muy tranquilo. En verano la situación cambia un poco: vuelven muchos vecinos que viven fuera y las calles tienen más movimiento.
Las fiestas suelen celebrarse en agosto, coincidiendo con esos días en los que el pueblo recupera población. Procesiones, música y comidas compartidas en espacios pequeños donde casi todo el mundo se conoce.
El resto del año, Cueva del Hierro vuelve a su ritmo habitual: viento entre los pinos, algún coche que pasa de camino a la sierra y largos ratos en los que lo único que se oye es el monte.