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sobre Fuertescusa
Enclavado en la sierra con túneles excavados en roca en la carretera de acceso; paisaje espectacular
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En lo alto de la Serranía Alta conquense, donde los páramos se funden con el cielo y el silencio se convierte en protagonista, Fuertescusa se alza como un testimonio vivo de la España rural más auténtica. Con apenas 69 habitantes censados y a 950 metros de altitud, esta pequeña aldea representa ese concepto casi olvidado de desconexión real, donde el tiempo transcurre a otro ritmo y las tradiciones perviven ajenas al bullicio de la modernidad.
El nombre de Fuertescusa evoca fortaleza, y aunque hoy es un remanso de tranquilidad, el pueblo conserva ese carácter recio de los asentamientos serranos que durante siglos han sabido adaptarse a las duras condiciones del invierno manchego y a la soledad de las alturas. Sus casas de piedra y madera se apiñan en torno a la plaza, creando ese urbanismo orgánico tan característico de los pueblos de montaña, donde cada rincón cuenta una historia.
Visitarlo supone sumergirse en una experiencia de turismo rural genuina, sin artificios ni concesiones al turismo de masas. Es un destino para quienes buscan paisajes que invitan a la contemplación, rutas de senderismo por parajes vírgenes y esa conexión con lo esencial que solo ofrecen los últimos reductos de la España vaciada.
Qué ver en Fuertescusa
El patrimonio arquitectónico de Fuertescusa gira en torno a su iglesia parroquial, ejemplo representativo de la arquitectura religiosa rural de la comarca, que preside la vida del pueblo desde su emplazamiento central. Aunque de proporciones modestas, conserva elementos de interés que reflejan las sucesivas intervenciones a lo largo de los siglos.
Pero el verdadero tesoro de Fuertescusa es su entorno natural. Los paisajes de la Serranía Alta ofrecen panorámicas espectaculares, con formaciones rocosas, barrancos y una vegetación que cambia radicalmente según la estación. Los bosques de pino rodeno y sabinas se alternan con zonas de matorral mediterráneo de montaña, creando un mosaico vegetal de gran riqueza.
Las sendas y caminos tradicionales que parten del pueblo permiten descubrir rincones de notable belleza: antiguas majadas de pastores, fuentes naturales y miradores naturales desde donde contemplar la inmensidad de la serranía. Es territorio de rapaces, corzos y jabalíes, por lo que no es raro avistar fauna durante los paseos.
El propio trazado urbano, con sus calles empedradas y arquitectura popular, merece un paseo tranquilo para apreciar los detalles: los portones de madera centenarios, los aleros de las casas, las chimeneas tradicionales que durante el invierno vuelven a cobrar protagonismo.
Qué hacer
Fuertescusa es un punto de partida ideal para rutas de senderismo por la Serranía Alta. Los amantes del trekking encontrarán caminos señalizados y otros tradicionales que conectan con aldeas vecinas, atravesando paisajes de gran valor ecológico. Se recomienda especialmente la exploración de los barrancos cercanos en primavera, cuando el agua aún corre con fuerza.
La micología cobra especial relevancia en otoño, cuando los bosques circundantes se llenan de níscalos, setas de cardo y otras variedades. Siempre con el debido conocimiento y respeto al entorno, la recolección responsable se ha convertido en una actividad muy valorada por los visitantes.
Para los aficionados a la fotografía de naturaleza, las posibilidades son infinitas: desde la fauna salvaje hasta los paisajes cambiantes según la luz del día, pasando por la arquitectura vernácula del pueblo. El amanecer y el atardecer regalan momentos de luz especial entre los roquedos de la sierra.
La gastronomía serrana se puede disfrutar en la zona, con platos tradicionales que aprovechan los productos de la tierra: el cordero asado, las gachas manchegas, el morteruelo o los embutidos artesanos son protagonistas de una cocina de raíces profundas que reconforta en los días fríos.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Fuertescusa se concentra principalmente en el verano, cuando muchos antiguos vecinos regresan al pueblo. Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto, con la tradicional procesión, misa solemne y actividades que durante unos días llenan de vida las calles.
La celebración de San Antón, alrededor del 17 de enero, mantiene viva la tradición de la bendición de animales, un rito que conecta con el pasado ganadero del municipio. Las hogueras y la convivencia vecinal marcan esta jornada de invierno.
En Semana Santa, como en toda Castilla-La Mancha, se mantienen procesiones y actos religiosos que reflejan la profunda religiosidad popular de estos territorios.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital, hay que tomar la carretera hacia Tragacete y posteriormente desviarse siguiendo las indicaciones hacia la Serranía Alta. El trayecto, de aproximadamente 80 kilómetros, discurre por carreteras comarcales que ofrecen vistas panorámicas. Se recomienda consultar el estado de las vías en invierno, cuando pueden presentar hielo o nieve.
Mejor época para visitar: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales por las temperaturas suaves y los paisajes en pleno esplendor. El verano ofrece un clima agradable de montaña, fresco por las noches. El invierno tiene su encanto especial, aunque las temperaturas pueden bajar notablemente.
Consejos prácticos: Fuertescusa no cuenta con servicios comerciales, por lo que conviene proveerse antes de llegar. Es recomendable llevar calzado adecuado para caminar por montaña, ropa de abrigo incluso en verano (las noches son frescas) y respetar siempre el entorno natural y la tranquilidad de sus habitantes.