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sobre Huélamo
Pueblo colgado en una peña con vistas espectaculares al Júcar; aire puro de montaña
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Turismo en Huélamo empieza con lo de siempre en estos pueblos de la Serranía Alta: el coche. Entras por una carretera estrecha y aparcas donde encuentres hueco en la calle principal. No hay mucho tráfico. Si vienes en otoño puede que veas algún coche de gente que sube a por setas y poco más. El resto del año el movimiento es mínimo.
Huélamo ronda los 60 y pico vecinos censados. El término municipal es grande para tan poca gente. Sales dos calles del centro y lo que queda es monte, barrancos y silencio.
Lo que hay que ver (y lo que no)
La iglesia de San Pedro es lo único que llama la atención. Es del siglo XVI y mezcla cosas del gótico tardío con reformas posteriores. Está bien conservada, pero tampoco esperes una iglesia monumental.
El resto se ve rápido: el frontón, el ayuntamiento y el cruce de carreteras que hace de plaza. Das una vuelta y en media hora tienes claro cómo es el pueblo.
Lo interesante está fuera. A varios kilómetros hay un mirador al que muchos llaman del Diablo. Es una roca grande, con forma rara, colocada justo sobre el valle del Júcar. Las vistas sí merecen el desvío. El acceso suele hacerse por pista de tierra, así que mejor no ir con prisa ni con un coche muy bajo. Lleva agua si vas en verano; aquí el sol pega fuerte y no hay sombra.
La mesa del pastor
Si el bar del pueblo está abierto —suele haber uno— lo normal es encontrar comida de la zona. A veces preparan gazpacho pastoril, que no tiene nada que ver con el andaluz. Es un plato caliente con tortas de pan, ajo, pimentón y carne de caza si la hay.
También es fácil dar con queso de oveja de la zona y miel de romero o tomillo. La ganadería fue importante por aquí durante siglos. Hoy quedan menos rebaños, pero todavía se ven ovejas por los montes de alrededor.
Si hablas con gente mayor es probable que salga el tema de la trashumancia. Durante mucho tiempo los rebaños bajaban hacia otras tierras en invierno y volvían en verano. En algunos años se organiza alguna jornada o encuentro relacionado con eso, aunque no siempre con el mismo formato.
Un soldado de los Tercios
En la plaza hay una placa dedicada a Julián Romero, militar de los Tercios del siglo XVI. Nació aquí. Llegó a ser maestre de campo y aparece en un retrato bastante conocido de El Greco.
Huélamo en aquella época tenía más vida que ahora. La lana movía dinero y muchos jóvenes acababan en los ejércitos o marchándose fuera. Hoy el recuerdo queda en esa placa y en alguna historia que todavía se cuenta en el pueblo.
Cuándo venir (y cuándo no)
Octubre suele ser buen momento. El monte cambia de color y hay movimiento de gente que sube a buscar setas.
En junio el pueblo se anima algo más por las fiestas de San Pedro. Mucha gente que vive en Cuenca o en otras ciudades vuelve esos días.
El invierno aquí es serio. Puede nevar y la carretera se queda tranquila durante días. En agosto hace calor y los mosquitos del valle del Júcar aparecen al atardecer.
Consejo sencillo: ven por la mañana, aparca al entrar y recorre el pueblo andando. Luego acércate al mirador y vuelve antes de que anochezca. En esta parte de la Serranía la luz se va rápido y las pistas de tierra, de noche, no tienen ninguna gracia.