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sobre Poyatos
Pueblo medieval amurallado en plena sierra; arquitectura de piedra y madera
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A 1.240 metros de altitud, en la Serranía Alta de Cuenca, Poyatos se asienta en uno de los tramos más elevados de esta comarca de montaña. El pueblo es pequeño —alrededor de setenta habitantes— y su forma responde más a la geografía que a cualquier planificación. Las casas se agrupan en una ladera protegida del viento, construidas con piedra y madera, materiales disponibles en los montes cercanos. En invierno la nieve no es rara, y esa circunstancia explica muchos detalles de la arquitectura.
Poyatos ha quedado al margen de los grandes ejes de comunicación de la provincia. Esa distancia respecto a las carreteras principales tiene consecuencias visibles: calles tranquilas, pocos coches y un ritmo que depende más del calendario agrícola y forestal que del turismo. Para llegar hay que internarse en la Serranía, por carreteras que atraviesan pinares extensos, uno de los paisajes más característicos de esta parte de Cuenca.
Patrimonio y arquitectura de montaña
La iglesia parroquial, dedicada a la Asunción, ocupa el centro del caserío. El edificio es sobrio. Muros de mampostería gruesa y una torre sencilla, propios de una zona donde la prioridad siempre fue resistir el frío y la nieve. Como ocurre en muchos pueblos serranos, la iglesia actúa también como referencia espacial: casi todas las calles acaban conduciendo hacia ella.
Más interesante que el templo es el conjunto del propio pueblo. La arquitectura popular mantiene rasgos comunes en toda la Serranía Alta: viviendas de piedra, vigas de madera visibles y portones amplios que antiguamente daban paso a cuadras o almacenes. Los aleros sobresalen bastante. No es un detalle decorativo; ayudan a proteger las fachadas cuando nieva.
Al caminar por las calles aparecen pequeños patios, corrales y muros de piedra seca. Son restos de una economía basada durante siglos en la ganadería y en el aprovechamiento del monte.
Pinares y relieve de la Serranía Alta
El término municipal queda rodeado por masas de pinar que forman parte del gran bosque serrano de Cuenca. Predominan los pinos de montaña, aunque en las cotas más altas aparecen sabinas y enebros dispersos. Es un paisaje bastante homogéneo, marcado por el color oscuro del pinar y por los afloramientos de roca caliza.
En los alrededores se abren algunos claros desde los que se aprecia el relieve quebrado de la serranía. Hacia ciertas direcciones se intuyen las sierras que separan este sector de los valles del Júcar. No son miradores acondicionados; son simplemente puntos altos del terreno a los que se llega caminando.
La fauna es la habitual de estos montes: corzos, jabalíes y distintas rapaces que aprovechan las corrientes de aire sobre el pinar.
Caminar por los caminos del monte
Los alrededores de Poyatos se recorren sobre todo a pie. Existen pistas forestales y senderos que comunican antiguos aprovechamientos del monte o conectan con otros pueblos de la serranía. Algunos tramos siguen trazados tradicionales utilizados por ganaderos y resinadores.
En otoño es frecuente ver gente buscando setas en los pinares, sobre todo níscalos cuando la temporada viene húmeda. Es una práctica muy extendida en toda la comarca y suele hacerse con bastante conocimiento del terreno.
La vida cotidiana del pueblo ha estado ligada a esos montes. La leña, la resina o el pasto han marcado durante generaciones el uso del paisaje.
Tradiciones de un pueblo pequeño
Con tan pocos vecinos, el calendario festivo tiene un carácter muy local. Las fiestas patronales se celebran en verano, cuando regresan muchas personas que mantienen la casa familiar aunque vivan fuera el resto del año. Durante esos días el pueblo recupera algo de movimiento.
El invierno es mucho más silencioso. Las celebraciones navideñas se mantienen, pero con la escala que corresponde a un municipio tan reducido.
Cómo llegar
Poyatos se encuentra a unos 75 kilómetros de Cuenca capital. El acceso se realiza por carreteras secundarias que atraviesan la Serranía Alta. Tras pasar la zona de Tragacete, la carretera se interna entre pinares y el tráfico disminuye bastante. Conviene conducir con calma: hay curvas, cambios de rasante y, en invierno, el tiempo puede complicar el trayecto.