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sobre Tragacete
Corazón de la Serranía Alta; base para visitar el Nacimiento del Río Cuervo
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¿Te ha pasado alguna vez que sales del coche en un pueblo de montaña y lo primero que te llama la atención no es lo que ves, sino lo que oyes? O mejor dicho, lo que no oyes. Turismo en Tragacete es eso: cambiar el ruido de fondo por el viento en los pinos y el rumor constante del agua. Este pueblo de la Serranía Alta de Cuenca está a 1.280 metros, rodeado de monte por todos lados. Y si hay algo que define la zona, es el agua: a pocos kilómetros brota el río Júcar, con una fuerza que parece desproporcionada para un nacimiento.
Un pueblo hecho para el invierno
Tragacete tiene poco más de doscientos vecinos. El casco urbano es pequeño, calles estrechas y casas de piedra con tejados inclinados, pensados para que la nieve resbale. No hay decoración extraña ni fachadas puestas para impresionar al forastero.
La iglesia de Santa Ana domina la plaza. Es de piedra, sin florituras, y sus campanas se escuchan hasta bien lejos del pueblo. Al pasear ves balcones de madera gastada y portones anchos, como si las casas estuvieran diseñadas más para aguantar temporales que para salir en una postal.
Es ese tipo de lugar donde todo tiene una razón práctica.
El Júcar empieza aquí
A unos pocos kilómetros está el nacimiento del Júcar. Mucha gente viene hasta aquí solo por eso. El acceso no es complicado; es más un paseo que una ruta de senderismo seria. El entorno son pinos altos, agua transparente y bastante sombra incluso en agosto.
Se ven familias, gente con bastones y algún grupo que está recorriendo la Serranía. Es accesible sin ser un parque temático.
El agua, aviso, sale fría del suelo incluso con treinta grados a la sombra.
Paisaje de roca cortada a cuchillo
Tragacete está dentro del Parque Natural de la Serranía de Cuenca. El paisaje cambia rápido según hacia dónde mires.
Lo más llamativo desde el pueblo es la Muela de San Felipe, una pared caliza que supera los 1.800 metros. Desde abajo parece una muralla natural. Hay caminos que suben por allí, pero algunos tramos piden cierta experiencia en montaña.
También hay sendas más tranquilas por pinares y barrancos. En invierno la cosa se pone seria: nieve, hielo y caminos que desaparecen bajo la capa blanca. Aquí la montaña no hace concesiones.
Animales que se ven menos de lo que parecen
Por estos montes es más fácil ver señales de fauna que a los animales en sí: huellas en el barro, ramas moviéndose entre los árboles, algún corzo cruzando el camino al amanecer si tienes suerte.
Los jabalíes prefieren la noche. Las ardillas son comunes en los pinares. Y sobre los cortados suelen planear buitres y águilas reales.
Es un monte vivo pero discreto; no esperes ver manadas cruzando la carretera.
Cocina para entrar en calor
La comida por aquí va acorde al clima: platos contundentes. Cordero asado, guisos de cuchara, setas en otoño si el año viene bueno (níscalos sobre todo) y quesos de oveja locales.
No es gastronomía fina; es comida pensada para reponer fuerzas después de horas caminando con el viento en la cara.
Aguas frías y pozas naturales
Cerca del pueblo hay gargantas y tramos del río donde se forman pozas naturales. En verano son un imán para quien lleva horas sudando en el sendero.
Pero ojo: las rocas suelen estar resbaladizas y el agua mantiene una temperatura baja incluso en plena canícula. No es exactamente un spa termal.
Fiestas donde todo el mundo se conoce
Las fiestas patronales son a finales de julio, alrededor de Santa Ana. Son días en los que el pueblo cambia: música en las calles, procesión tradicional y verbena nocturna donde se juntan vecinos con quienes han vuelto al pueblo para la ocasión.
No son fiestas masivas ni pensadas para atraer turismo externo; son más bien una reunión grande entre conocidos.
Parar o pasar
Tragacete funciona mejor como punto de partida para rutas por la Serranía que como destino final donde pasar todo el día dentro del núcleo urbano. Lo bueno está fuera: el nacimiento del río, las moles calizas alrededor, los bosques interminables. Si vienes por aquí mi recomendación sería clara: aparca cerca del pueblo echa andar hacia cualquier dirección. Cuando vuelvas al anochecer notarás otra vez ese silencio peculiar. El mismo con el empezaste. Ahí suele estar la clave