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sobre Alcalá de la Vega
Pequeño núcleo serrano con restos arqueológicos importantes; situado en un entorno de gran belleza paisajística
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Enclavada en las estribaciones de la Serranía de Cuenca, a 1.100 metros de altitud, Alcalá de la Vega es uno de esos pequeños tesoros que la despoblación ha convertido en refugio de autenticidad. Con apenas 79 habitantes censados, esta diminuta aldea conquense representa la esencia más pura del mundo rural castellano-manchego: casas de piedra que desafían el paso del tiempo, calles silenciosas donde el viento dibuja historias y un horizonte de montañas que invita a desconectar del frenesí moderno.
Situada en la comarca de la Serranía Baja, Alcalá de la Vega no presume de grandes monumentos ni infraestructuras turísticas. Su atractivo reside precisamente en lo contrario: en la posibilidad de experimentar la España vaciada sin filtros, de recorrer sus callejuelas sin cruzarte con otro turista, de escuchar el silencio interrumpido únicamente por el canto de los pájaros. Es un destino para quienes buscan desaceleración, contacto con la naturaleza serrana y una ventana al pasado rural de Castilla.
El entorno natural que rodea la localidad, con sus paisajes de media montaña y vegetación mediterránea de altura, convierte cada paseo en una pequeña aventura. Aquí, el turismo no se mide en selfies ni museos, sino en atardeceres contemplados desde un mirador natural y en la sensación de haber encontrado un rincón fuera del mapa.
Qué ver en Alcalá de la Vega
El patrimonio de Alcalá de la Vega es modesto pero significativo. La iglesia parroquial, fiel testigo de siglos de historia local, preside el casco urbano con su arquitectura tradicional. Aunque sin grandes alardes artísticos, merece una visita para comprender el papel que estos templos han jugado como vertebradores de la vida comunitaria en las pequeñas aldeas serranas.
El verdadero monumento de la localidad es su arquitectura popular. Las casas de piedra y mampostería, con sus tejados de teja árabe y sus portones de madera, configuran un conjunto urbano de gran coherencia estética. Pasear por el pueblo es como recorrer un museo etnográfico al aire libre, donde cada rincón cuenta la historia de generaciones de serranos que supieron adaptarse a un entorno duro pero generoso.
Más allá del núcleo urbano, el paisaje natural constituye el principal atractivo. Los alrededores de Alcalá de la Vega ofrecen panorámicas espectaculares sobre la serranía conquense, con formaciones rocosas características y bosques mediterráneos donde abundan encinas, sabinas y aromáticas. Los aficionados a la fotografía de naturaleza encontrarán aquí escenarios de gran belleza, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la luz rasante realza los relieves.
Qué hacer
Las rutas de senderismo son la actividad estrella en Alcalá de la Vega. Desde el pueblo parten caminos tradicionales que permiten adentrarse en la serranía, siempre respetando las propiedades privadas y la naturaleza. No se trata de senderos señalizados con gran infraestructura, sino de antiguas vías de comunicación entre pueblos y cortijos que hoy se han convertido en recorridos perfectos para el senderismo de exploración.
La observación de aves resulta especialmente gratificante en esta zona. La altitud y el entorno serrano favorecen la presencia de especies rapaces, así como de pequeñas aves forestales. Con unos prismáticos y paciencia, es posible avistar águilas, buitres y una variedad de paseriformes.
Para los interesados en la fotografía rural, cada rincón del pueblo ofrece composiciones interesantes: puertas antiguas, muros de piedra, detalles arquitectónicos que hablan de oficios olvidados. La despoblación, aunque dramática desde el punto de vista social, ha congelado escenas que en otros lugares han desaparecido bajo el cemento.
En cuanto a gastronomía, aunque la aldea no cuenta con restaurantes, merece la pena conocer los productos típicos de la zona: el cordero serrano, las setas de temporada, la miel de montaña y los quesos artesanos que aún se elaboran en algunas explotaciones de la comarca.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Alcalá de la Vega es discreto pero sentido. Las fiestas patronales, que suelen celebrarse durante el verano —generalmente en agosto—, son el momento en que la población se multiplica con el regreso de antiguos vecinos y descendientes. Aunque modestas en formato, estas celebraciones mantienen vivas tradiciones centenarias con misa, procesión y convivencia vecinal.
La Semana Santa, aunque con actos sencillos, conserva el fervor de las tradiciones castellanas. Y en algunos momentos del año litúrgico, especialmente en primavera, pueden organizarse romerías o encuentros que recuperan antiguas costumbres.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital, Alcalá de la Vega se encuentra a unos 60 kilómetros por carreteras comarcales. El acceso se realiza tomando primero la N-420 y posteriormente desviándose por carreteras locales. Es imprescindible viajar en vehículo propio, ya que no existe transporte público regular. El GPS es recomendable, y conviene verificar el estado de las carreteras en invierno.
Mejor época: La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen temperaturas agradables y paisajes especialmente bonitos. El verano puede ser caluroso durante el día, aunque las noches son frescas por la altitud. El invierno es frío y puede haber nevadas, lo que añade un encanto especial pero requiere precaución.
Consejos: No hay servicios turísticos en la aldea, así que conviene aprovisionarse previamente. Respeta las propiedades privadas, cierra las puertas del campo y no dejes rastro. El silencio y la tranquilidad son el mayor tesoro del lugar: cuídalo.