Artículo completo
sobre Campillos-Paravientos
Pequeño pueblo serrano con pinturas rupestres en su término; entorno tranquilo
Ocultar artículo Leer artículo completo
En lo alto de la Serranía Baja conquense, a 1.140 metros de altitud, Campillos-Paravientos se presenta como uno de esos pequeños refugios donde el tiempo parece haberse detenido. Con apenas un centenar de habitantes, esta aldea de piedra y silencio ofrece al viajero una experiencia auténtica de la España rural, donde el paisaje de parameras y montes bajos se funde con un patrimonio arquitectónico que habla de siglos de vida serrana.
El topónimo del municipio evoca ya su naturaleza: los vientos que barren estas tierras altas han modelado tanto el paisaje como el carácter de sus gentes. Aquí no encontrarás multitudes ni grandes infraestructuras turísticas, pero precisamente esa ausencia es su mayor tesoro. Campillos-Paravientos es el destino perfecto para quienes buscan desconexión real, paisajes de horizontes infinitos y el privilegio de perderse por caminos donde el único sonido es el canto de las aves rapaces.
La ubicación estratégica de este pequeño núcleo, en plena serranía conquense, lo convierte en un punto de partida ideal para explorar una de las comarcas menos conocidas y más auténticas de Castilla-La Mancha, donde la naturaleza domina cada rincón y la tranquilidad se respira en el aire puro de la montaña.
Qué ver en Campillos-Paravientos
El patrimonio de Campillos-Paravientos es modesto pero representativo de la arquitectura tradicional serrana. El núcleo urbano conserva ejemplos interesantes de casas serranas construidas en piedra y mampostería, con elementos como portadas de cantería y balconadas de madera que nos hablan de la sabiduría constructiva adaptada al clima extremo de estas alturas.
La iglesia parroquial constituye el principal elemento monumental del pueblo. De estilo sencillo, refleja la sobriedad característica de los templos rurales conquenses, donde la funcionalidad prima sobre la ornamentación. Sus muros de piedra y su campanario forman parte del perfil característico de la aldea.
Pero el verdadero monumento aquí es el paisaje. Los alrededores de Campillos-Paravientos ofrecen vistas panorámicas espectaculares sobre la Serranía Baja, con sus extensas parameras, sus bosques de sabinas y encinas dispersas, y sus barrancos que se pierden hacia el valle. Es territorio de observación de aves, donde el azor, el águila culebrera y diversas especies de buitres sobrevuelan constantemente estos cielos limpios.
Los caminos rurales que parten del pueblo permiten descubrir antiguas construcciones ganaderas, chozos de pastor y pequeñas fuentes que servían de abrevadero, testigos de una forma de vida tradicional que aún late en el territorio.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella en Campillos-Paravientos. Los caminos y senderos que surcan la zona permiten realizar rutas de diferente dificultad, todas con el denominador común de paisajes poco transitados y una sensación de inmersión total en la naturaleza. Las rutas que discurren por las parameras cercanas ofrecen panorámicas extraordinarias, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la luz rasante dibuja los relieves del terreno.
Para los amantes de la fotografía de naturaleza, este entorno es un auténtico regalo. La avifauna, la flora autóctona de estas alturas y los cielos nocturnos estrellados (con escasa contaminación lumínica) brindan oportunidades excepcionales para capturar imágenes únicas.
La gastronomía serrana es otro de los atractivos. Aunque no hay una amplia oferta de restauración debido al tamaño del municipio, la cocina tradicional de la zona destaca por el morteruelo (paté de caza típico conquense), las gachas, los asados de cordero y cabrito, y las migas ruleras. Los pueblos cercanos ofrecen opciones para degustar estos platos en ambientes familiares.
La micología en otoño atrae también a aficionados que recorren los montes en busca de níscalos, setas de cardo y otras especies comestibles de la zona, siempre con los permisos correspondientes.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Campillos-Paravientos es sencillo pero mantiene vivas tradiciones centenarias. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, momento en el que muchos emigrantes regresan al pueblo y se organizan actividades tradicionales como misas, procesiones y verbenas populares que reúnen a toda la comunidad.
La celebración de San Isidro, en mayo, conecta con las raíces agrícolas del municipio, aunque con el paso del tiempo estas festividades han ido adaptándose a la reducida población.
Como en toda la comarca, las tradiciones gastronómicas marcan el calendario, con la matanza tradicional en invierno y la elaboración casera de embutidos que mantienen vivos los saberes culinarios heredados de generación en generación.
Información práctica
Para llegar a Campillos-Paravientos desde Cuenca capital, hay que tomar la carretera N-420 en dirección a Teruel y posteriormente desviarse por carreteras comarcales que atraviesan la Serranía Baja. El trayecto es de aproximadamente 80 kilómetros y requiere alrededor de una hora y cuarto de conducción, por carreteras de montaña que exigen atención pero que ofrecen vistas extraordinarias.
La mejor época para visitar la zona es la primavera (de abril a junio) y el otoño (septiembre y octubre), cuando las temperaturas son agradables para caminar. El verano puede ser caluroso durante el día, aunque las noches refrescan considerablemente debido a la altitud. En invierno, las nevadas son frecuentes y transforman el paisaje en una postal de postal, aunque algunas carreteras pueden quedar cortadas temporalmente.
Es recomendable llevar calzado adecuado para senderismo, ropa de abrigo incluso en verano para las tardes, y aprovisionarse de agua y alimentos, ya que los servicios son limitados. El respeto por el entorno natural y las propiedades privadas es fundamental en estos pequeños núcleos rurales donde la hospitalidad es una tradición, pero también se valora la discreción del visitante.