Artículo completo
sobre Santa Cruz de Moya
Lugar histórico de la guerrilla antifranquista; puente sobre el Turia y naturaleza
Ocultar artículo Leer artículo completo
Si vienes a hacer turismo en Santa Cruz de Moya, lo primero es el coche. Aparca en la parte alta o en alguna calle ancha. El pueblo es pequeño y se recorre andando en poco rato. No hay mucho tráfico, pero tampoco muchas plazas claras. A media mañana ya no queda sombra en verano.
Santa Cruz de Moya está en la Serranía Baja de Cuenca, a unos 760 metros de altitud. Viven poco más de doscientas personas. No es un lugar de monumentos ni de plazas grandes. Son calles cortas, casas sencillas y bastante silencio.
Qué hay en el pueblo
El casco urbano se ve rápido. En menos de una hora has pasado por casi todas las calles.
Todavía se reconocen corrales, antiguas cuadras y huertas pegadas al pueblo. Muchas casas mantienen esa estructura de pueblo agrícola donde todo estaba cerca: vivienda, animales y almacén. No hay grandes edificios históricos. Es un núcleo pequeño y bastante normal dentro de la serranía.
Lo que sí se abre enseguida es el paisaje. En cuanto sales unas calles hacia el borde del pueblo aparecen barrancos, laderas de pinar y campos antiguos hoy medio abandonados.
No hay miradores preparados. Las vistas salen solas cuando el terreno cae de golpe hacia los barrancos.
Caminar por la Serranía Baja
Aquí la actividad más lógica es caminar. Del pueblo salen pistas rurales en varias direcciones. Algunas están señalizadas y otras simplemente son caminos de trabajo que se han usado siempre para llegar a parcelas o monte.
El terreno mezcla pinares, bancales viejos y zonas de roca erosionada. Hay subidas largas y tramos donde el camino se estrecha bastante. Conviene llevar agua y no confiarse con las distancias.
También se ven bicicletas de vez en cuando. Las pistas anchas lo permiten, aunque no hay infraestructuras pensadas para cicloturismo.
Si caminas temprano es fácil ver movimiento de fauna. Rapaces sobre los barrancos y rastros de jabalí en los caminos. Otros días no verás nada. Esto no es un parque preparado ni un lugar con observatorios.
Por el monte todavía quedan masías, corrales y muros de piedra seca. Muchos están medio caídos, pero ayudan a entender cómo se trabajaba la tierra aquí.
Cuándo ir y cómo llegar
Primavera y otoño suelen ser las épocas más cómodas para andar. El monte cambia bastante de color y la temperatura acompaña. En verano el sol aprieta a partir del mediodía, aunque el pueblo tiene algo más de vida porque vuelve gente que tiene familia aquí. En invierno el frío se nota y algunas mañanas aparecen niebla o hielo en la carretera.
Desde Cuenca capital el trayecto ronda algo más de una hora por carreteras de sierra. Son vías estrechas y con curvas. Conviene tomárselo con calma, sobre todo si el tiempo se complica.
No esperes muchos servicios. Si vas a pasar el día por el monte, lleva lo que necesites desde antes. La cobertura móvil falla en varios puntos de la zona.
Si vienes, hazlo sin prisa y con plan sencillo: paseo por el pueblo, un camino por el monte y vuelta al coche antes de que caiga la tarde. Aquí las cosas van a ese ritmo.