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sobre Beamud
Ubicado en plena sierra y con gran altitud; paisajes de montaña y cielos limpios
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Hay pueblos a los que llegas casi por casualidad. Vas conduciendo por la Serranía de Cuenca, encadenas curvas entre pinares, y de repente aparece Beamud en lo alto. Un puñado de casas, tejados oscuros y bastante silencio alrededor. La primera impresión es clara: aquí vive muy poca gente. Hoy rondan los 45 vecinos.
Beamud está a unos 1.390 metros de altura, en la Serranía Media. Eso se nota en el aire, en los inviernos largos y en el tipo de paisaje que lo rodea. Pino silvestre por todas partes, roca caliza asomando entre el monte y barrancos que se abren cuando menos te lo esperas. No es un lugar de paso rápido. Si vienes con prisa, el pueblo se te queda en nada.
Las casas siguen el estilo serrano de toda la vida: piedra, madera y tejados inclinados para aguantar la nieve cuando llega el invierno. Calles cortas, alguna cuesta y bastante sensación de aislamiento. Pasear por el centro es sencillo: en pocos minutos lo has recorrido entero. Pero justo ahí está la gracia. Es el tipo de sitio donde lo importante no es “ver muchas cosas”, sino entender cómo se vive en un pueblo tan pequeño.
Desde los bordes del casco urbano se abren buenas vistas hacia el monte. Pinares densos, lomas suaves y algún cortado rocoso donde suelen moverse buitres y otras rapaces. En invierno el ambiente cambia bastante; cuando nieva, Beamud se queda aún más tranquilo y el pueblo parece funcionar a medio volumen.
Qué ver en Beamud
El propio casco urbano es lo principal. Las casas están bastante agrupadas y siguen la pendiente del terreno, como suele pasar en muchos pueblos de la sierra. No hay grandes monumentos, pero sí ese conjunto de arquitectura serrana que todavía se mantiene reconocible.
En el centro está la iglesia parroquial dedicada a Santiago. Es sobria, de las que encajan con el tamaño del pueblo. Más que llamar la atención por fuera, forma parte del paisaje cotidiano de la plaza y de la vida del lugar.
Alrededor de Beamud el terreno cambia rápido. En pocos minutos pasas de las últimas casas al monte abierto. Hay zonas de pinar bastante cerradas, sabinas dispersas y claros donde el matorral gana terreno. En los cortados cercanos no es raro ver buitres planeando con calma cuando el aire empieza a subir a media mañana.
Cómo moverse por los alrededores
Los caminos que salen del pueblo son, en muchos casos, pistas forestales o senderos que llevan usándose décadas. No esperes señalización reciente en todos ellos. Si te gusta caminar por el monte, conviene llevar mapa o una aplicación de rutas descargada.
En otoño aparece bastante movimiento con las setas. Por estos pinares suelen salir níscalos y otras especies comunes de la zona. Como siempre en la sierra de Cuenca, hay normas y permisos para la recolección, así que conviene informarse antes.
También es buen sitio para quien disfruta simplemente caminando sin más ruido que el viento entre los pinos. A primera hora o al caer la tarde la luz cambia mucho en esta parte de la serranía y el paisaje gana bastante.
La cocina de la zona va en la línea de lo que se ha comido siempre en la sierra conquense. Platos contundentes pensados para el frío y para jornadas largas de campo. Morteruelo, gachas y embutidos hechos en casa siguen formando parte de la tradición familiar en muchos pueblos del entorno.
Tradiciones en determinadas épocas
Durante buena parte del año Beamud es muy tranquilo. En verano la cosa cambia un poco. Muchos descendientes de gente del pueblo vuelven unos días y las calles se animan más de lo habitual, sobre todo en torno a las fiestas patronales que suelen celebrarse en agosto.
La Semana Santa también mantiene actos sencillos, muy ligados a la comunidad local. Nada masivo. Más bien reuniones de vecinos, procesiones cortas y ese ambiente de pueblo pequeño donde casi todos se conocen.
Cómo llegar
Desde Cuenca capital hay unos 60 kilómetros hasta Beamud. Lo normal es tomar la CM‑2106 en dirección a la sierra, pasando por tramos de montaña con bastantes curvas. El trayecto ronda la hora y cuarto.
No es una carretera para correr. Lo mejor es tomárselo con calma, porque el paisaje de pinares y barrancos acompaña casi todo el camino y, además, no es raro encontrarse algún tramo estrecho o ganado cerca de la calzada. Una vez llegas arriba, el pueblo aparece sin demasiado aviso. Y ya estás en Beamud.