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sobre Cañamares
Situado en la hoz del río Escabas; destaca por su playa fluvial y entorno natural
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Hay pueblos que te los imaginas antes de llegar. Luego aparcas el coche, das dos vueltas por la calle principal y piensas: vale, es más o menos como esperaba. Con el turismo en Cañamares pasa algo parecido, pero con un matiz. El pueblo es pequeño y bastante sencillo, sí, pero el paisaje que lo rodea juega en otra liga.
Cañamares está en la Serranía Media de Cuenca y ronda los cuatrocientos y pico habitantes. Aquí no vienes a encadenar monumentos. Vienes porque alrededor hay monte, roca caliza y un río que ha ido abriendo el terreno a su manera durante siglos.
Cómo es el pueblo
El casco urbano se recorre rápido. Calles cortas, casas de piedra o revoco claro y alguna cuesta que te recuerda que estás en zona de sierra.
La iglesia de San Andrés sobresale un poco entre los tejados. No es un edificio que te vaya a tener media hora mirando detalles, pero sí marca el centro del pueblo. Cerca aún se ven antiguos lavaderos y portones de madera bastante gastados. Son esas cosas que aparecen cuando paseas sin rumbo, no porque haya un cartel señalándolas.
Cañamares tiene ese tipo de ritmo en el que no pasa demasiado, pero tampoco parece que haga falta.
El cañón del Escabas y los pinares
Si algo explica por qué está aquí el pueblo es el río Escabas. Pasa cerca y ha ido tallando un cañón con paredes de roca caliza bastante serias. Cuando te acercas a la zona del río entiendes rápido el paisaje de toda esta parte de Cuenca.
Los pinares cubren muchas laderas. En días despejados el contraste entre el verde oscuro del pino y la roca clara es bastante llamativo, sobre todo cuando el sol empieza a caer y la piedra cambia de tono.
No hay grandes miradores preparados. A veces basta con subir un poco por cualquier camino y mirar alrededor.
Caminar por los alrededores
Moverse por los montes cercanos es fácil si te gusta andar sin demasiadas complicaciones. Hay pistas forestales y senderos que usan los vecinos desde hace años.
Eso sí, no esperes señalización constante. En algunos tramos simplemente sigues el camino más evidente. Llevar un mapa o el móvil con alguna app de rutas ayuda bastante, sobre todo si te alejas del entorno inmediato del pueblo.
El terreno alterna zonas suaves con cuestas cortas y pedregosas. Nada dramático, pero conviene venir con calzado decente.
Vida tranquila y comida de sierra
En pueblos así la comida suele ir por donde imaginas: platos contundentes y recetas que se han repetido durante generaciones.
El cordero asado es bastante típico en toda esta zona de la serranía. También aparecen guisos de los que piden pan cerca. En otoño, cuando el monte lo permite, mucha gente sale a por níscalos y otras setas de pinar. Siempre con cuidado, porque no todo lo que sale del suelo acaba en la sartén.
No es gastronomía de florituras. Es comida que llena.
Fiestas de verano
En agosto el ambiente cambia bastante. Como ocurre en muchos pueblos de la zona, vuelven vecinos que pasan el resto del año fuera y el pueblo se llena más de lo habitual.
Suelen organizarse actos religiosos, música en la plaza y reuniones que duran hasta tarde. No es una fiesta pensada para atraer multitudes. Es más bien un reencuentro anual entre gente que sigue considerando este sitio como casa.
Y eso, al final, dice bastante de cómo funciona Cañamares. Un pueblo pequeño, rodeado de monte serio, donde lo importante está más fuera de las calles que dentro de ellas. Si te gusta caminar y parar de vez en cuando a mirar el paisaje, aquí tienes material de sobra. Si buscas otra cosa, probablemente se te quede corto.