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sobre Chumillas
Localidad situada a gran altitud con un torreón medieval; entorno de monte
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Hay pueblos a los que llegas porque alguien te los recomienda… y otros a los que llegas porque un día decides salir de la autovía y ver qué pasa. Chumillas es de los segundos. Si buscas turismo en Chumillas, lo primero que conviene saber es esto: aquí no hay nada montado para entretener al visitante. Y precisamente por eso el sitio tiene su gracia.
Recuerdo la primera vez que bajé desde la A‑3 hacia esta parte de la Serranía Media. La sensación es un poco como cuando apagas el móvil un rato largo: menos ruido, menos prisa. Chumillas aparece en lo alto de un cerro, con muy pocas casas y la impresión de que el tiempo aquí va a otro ritmo.
Un pueblo pequeño incluso para los estándares de Cuenca
Chumillas ronda el medio centenar de vecinos. En la Serranía Media hay pueblos pequeños, pero este entra en la categoría de los muy pequeños.
El caserío se adapta a la loma con calles cortas y pendientes suaves. En media hora lo recorres entero sin darte cuenta. Muchas casas son de piedra o combinan mampostería con reformas más recientes. No es un conjunto restaurado de forma homogénea; más bien se nota qué viviendas siguen en uso y cuáles llevan tiempo cerradas. Esa mezcla es bastante común en esta parte de Cuenca.
La iglesia de San Pedro Apóstol sobresale por encima de los tejados. La construcción actual parece relativamente reciente comparada con otros templos de la provincia, aunque se levantó sobre estructuras anteriores. Lo normal es encontrarla cerrada, algo habitual en pueblos con tan pocos habitantes.
El torreón que vigila el valle
A las afueras del núcleo se levanta el llamado torreón de Chumillas, una construcción defensiva que suele situarse en el siglo XVI. No está completo, pero la silueta todavía impone un poco cuando lo ves aparecer entre la vegetación.
Subir hasta allí merece la pena más por las vistas que por el edificio en sí. Desde ese punto se entiende bien el terreno que rodea el pueblo: barrancos, laderas de monte bajo y un mosaico de pinares que se extiende bastante lejos.
Eso sí, conviene acercarse con cuidado. No es un monumento acondicionado ni hay señalización detallada.
Caminos por pinares y sabinas
El entorno de Chumillas es probablemente lo más interesante del lugar. Los montes cercanos mezclan pinos con sabinas y algo de matorral, el típico paisaje de esta parte de la provincia.
No esperes rutas señalizadas al estilo de un parque natural. Lo que hay son caminos rurales, pistas forestales y senderos que usan los vecinos para moverse entre parcelas o montes. Con un mapa o GPS sencillo puedes dar paseos largos sin cruzarte con casi nadie.
En otoño suele haber bastante afición a las setas en la zona. Aparecen níscalos y otras especies, aunque aquí nadie te indica dónde buscarlas ni qué recoger. Lo sensato es ir con conocimiento o limitarse a caminar y disfrutar del monte.
Un paisaje muy tranquilo (a veces demasiado)
La Serranía Media tiene esa mezcla de belleza y despoblación que se repite en muchos rincones del interior. En Chumillas se nota especialmente. Hay antiguas instalaciones ganaderas, huertos y pequeñas parcelas que siguen trabajándose, pero también bastantes espacios que quedaron atrás cuando mucha gente se marchó.
Aun así, la actividad ganadera todavía forma parte del día a día de algunos vecinos. Si coincides con alguien del pueblo, es fácil que la conversación acabe hablando del campo, del clima o de cómo han cambiado las cosas en las últimas décadas.
Qué esperar si vas
Chumillas no es un destino para pasar un día lleno de planes. Es más bien una parada corta o una excusa para explorar esta zona de Cuenca.
Mi consejo, si vienes por aquí: tómalo como un alto en el camino. Aparcas, das una vuelta tranquila por las calles, te acercas al torreón y luego sales a caminar un rato por los montes de alrededor. En un par de horas ya te habrás hecho una buena idea del lugar.
Después puedes seguir hacia otros pueblos de la Serranía o buscar algún sitio donde comer en localidades más grandes de la zona.
Invierno, verano y fiestas
El invierno aquí puede ser serio. Cuando nieva, el paisaje cambia bastante y el silencio se vuelve aún más evidente. También conviene tener en cuenta que algunas carreteras secundarias pueden complicarse si el tiempo se pone duro.
En verano el ambiente se anima un poco más. Tradicionalmente, en agosto regresan vecinos que viven fuera y se organizan celebraciones vinculadas a San Pedro, el patrón del pueblo. Durante esos días el pueblo recupera algo de movimiento y se ven más luces encendidas por la noche.
Chumillas es ese tipo de sitio al que no vienes buscando grandes monumentos ni planes organizados. Vienes porque te apetece ver un pueblo pequeño de verdad, caminar por monte tranquilo y pasar un rato sin demasiadas distracciones. A veces, con eso basta.