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sobre Cuenca
Ciudad Patrimonio de la Humanidad colgada sobre las hoces; impresionante casco antiguo medieval y naturaleza
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Suspendida entre el cielo y dos hoces fluviales, Cuenca es una de esas ciudades que desafían la lógica y la gravedad. Con sus casas colgadas sobre el precipicio del río Huécar, esta ciudad de 53.389 habitantes se alza a 946 metros de altitud como un prodigio de la arquitectura popular y un testimonio vivo de siglos de historia. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, Cuenca no es solo un destino turístico: es una experiencia vertical que combina arte, naturaleza y tradición en cada rincón de sus empinadas calles medievales.
La capital de la Serranía Media conquense ofrece un contraste fascinante entre su ciudad antigua, encaramada en lo alto, y la ciudad moderna que se extiende en el llano. Pasear por Cuenca es como retroceder en el tiempo mientras se camina literalmente sobre el abismo. Sus miradores naturales regalan panorámicas que cortan la respiración, mientras que sus museos de arte contemporáneo demuestran que esta ciudad medieval mira con decisión hacia el futuro.
Rodeada de naturaleza serrana y con un patrimonio monumental excepcional, Cuenca se ha consolidado como uno de los destinos imprescindibles de Castilla-La Mancha, atrayendo a visitantes que buscan tanto cultura como paisajes de vértigo. Su ubicación estratégica la convierte además en un punto de partida ideal para explorar la rica comarca de la Serranía Media.
Qué ver en Cuenca
Las Casas Colgadas son el símbolo indiscutible de Cuenca. Estas construcciones del siglo XV desafían la gravedad asomándose al vacío sobre la hoz del Huécar. Albergan el Museo de Arte Abstracto Español, que exhibe una magnífica colección de artistas como Chillida, Tàpies y Saura en un marco arquitectónico único. El puente de San Pablo, de hierro y madera, ofrece las mejores vistas de estas casas emblemáticas y conecta el casco antiguo con el barrio del Castillo.
La Catedral de Nuestra Señora de Gracia, iniciada en el siglo XII, es la primera catedral gótica de Castilla y conserva elementos únicos como su fachada inacabada tras el derrumbe de la torre del Giraldo en 1902. Su interior alberga el tesoro catedralicio y merece una visita pausada para apreciar sus capillas y vidrieras.
El recorrido por la ciudad alta debe incluir la Plaza Mayor, corazón neurálgico porticado, y las torres que dominan el skyline conquense: la Torre de Mangana, con su arco característico, y los restos del Castillo en lo más alto de la ciudad. El barrio del Castillo conserva el trazado medieval más auténtico, con calles estrechas y cuestas pronunciadas.
Las hoces del Huécar y del Júcar son auténticos cañones naturales que rodean la ciudad antigua. Los senderos que las recorren permiten contemplar Cuenca desde abajo, una perspectiva igualmente espectacular. La Ciudad Encantada, a 25 kilómetros, complementa la visita con sus formaciones rocosas de piedra caliza modeladas por la erosión.
El Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha y el Museo Diocesano enriquecen la oferta cultural, mientras que el Convento de San Pablo, reconvertido en Parador Nacional, es uno de los edificios más fotogénicos sobre la hoz del Huécar.
Qué hacer
Cuenca invita a perderse sin rumbo por sus calles empedradas, descubriendo rincones, miradores y pasadizos. La ruta de los miradores incluye el del Barrio del Castillo, el de San Pedro, el del Rey y el de Camilo José Cela, cada uno con una perspectiva diferente de las hoces.
El senderismo es protagonista en los alrededores: la ruta de las Hoces es accesible y espectacular, bordeando el río bajo las casas colgadas. Para los más aventureros, la Serranía Media ofrece rutas de mayor dificultad hacia la Serranía de Cuenca.
La gastronomía conquense es contundente y sabrosa. El morteruelo, un paté de caza especiado, el zarajos (tripas de cordero enrolladas), el ajoarriero con bacalao y el alajú, dulce árabe de miel y almendras, son los platos que no puedes dejar de probar. Los vinos de la Denominación de Origen Ribera del Júcar acompañan perfectamente estas recetas tradicionales.
La ciudad también ofrece actividades para familias en el Museo de Paleontología o en el Parque de San Julián, pulmón verde de la ciudad moderna.
Fiestas y tradiciones
La Semana Santa de Cuenca, declarada de Interés Turístico Internacional, es uno de los eventos más importantes del año. Durante la última semana de marzo o primera de abril, las procesiones recorren las empinadas calles del casco antiguo con una solemnidad especial. Las turbas del Viernes Santo, con sus tambores, crean una atmósfera única.
La Semana de Música Religiosa, en torno a la Semana Santa, atrae a intérpretes de prestigio internacional que ofrecen conciertos en espacios históricos de la ciudad.
San Mateo, a finales de septiembre, es la fiesta grande de Cuenca con encierros, corridas de toros, conciertos y ambiente festivo que llena calles y plazas durante una semana.
En junio, las hogueras de San Juan iluminan la noche más corta del año con celebraciones populares.
Información práctica
Cuenca se encuentra a 165 kilómetros de Madrid por la A-40 y autovía A-3, un trayecto de aproximadamente una hora y media en coche. También cuenta con conexión de tren de alta velocidad (AVE) desde Madrid-Atocha, con el trayecto más rápido en 50 minutos, aunque la estación se ubica en la parte moderna de la ciudad.
La mejor época para visitar Cuenca es primavera (abril-junio) y otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son agradables para caminar y los paisajes de la serranía lucen especialmente hermosos. El verano puede ser caluroso, aunque la altitud modera las temperaturas, mientras que el invierno es frío y puede nevar, añadiendo un encanto especial a la ciudad.
Prepárate para caminar cuestas pronunciadas y llevar calzado cómodo. La ciudad antigua no es accesible en coche, pero cuenta con parking periférico y escaleras mecánicas que facilitan el acceso desde la zona moderna. Dedica al menos un día completo, o mejor dos, para disfrutar Cuenca sin prisas y captar toda su magia vertical.