Artículo completo
sobre Fuentes
Conocido por el yacimiento paleontológico de Lo Hueco; paisaje de transición
Ocultar artículo Leer artículo completo
¿Sabes cuando llegas a un sitio y lo primero que notas es el silencio? No el silencio de postal, sino el de pueblo pequeño donde solo se oye alguna puerta, un perro a lo lejos y poco más. Eso pasa con el turismo en Fuentes, en la Serranía Media de Cuenca. Aquí no vienes a tachar monumentos de una lista. Vienes más bien a bajar el ritmo un par de marchas.
Fuentes es un municipio pequeño —ronda los 460 vecinos— y se nota en seguida. El casco urbano gira alrededor de la iglesia parroquial y de un puñado de calles donde la piedra manda: muros de mampostería, portones grandes y balcones de madera que en invierno tienen que aguantar frío de verdad. Pasear por aquí es más bien mirar detalles: una puerta antigua, un patio interior, herramientas agrícolas apoyadas en una pared como si alguien acabara de dejarlas.
Un pueblo de sierra, tal cual
Fuentes está cerca de los 1.000 metros de altitud y el paisaje se comporta como cabría esperar en esta parte de Cuenca: pinares, encinas y bastante monte alrededor. No es un sitio de grandes panorámicas espectaculares cada cinco minutos, pero sí de esos en los que vas caminando y el paisaje se abre poco a poco.
Los caminos que salen del pueblo tienen pinta de llevar ahí mucho tiempo. Muchos eran rutas de pastores o pasos entre parcelas. No esperes señalización como en un parque natural muy preparado; lo normal es moverse con mapa o GPS y seguir las pistas de tierra que salen del casco urbano.
Aun así, si caminas un rato hacia las laderas cercanas, aparecen miradores naturales bastante curiosos. Al atardecer el valle cambia bastante de color y las formaciones rocosas que hay por la zona se recortan contra el cielo de una manera bastante limpia.
El agua que da nombre al pueblo
El nombre de Fuentes no es casualidad. En los barrancos cercanos bajan arroyos y pequeños manantiales que históricamente han sido clave para el pueblo. Todavía se ven pozos antiguos y algunas fuentes que siguen en uso.
La llamada fuente vieja, cerca del centro, es uno de esos lugares donde los vecinos todavía paran a llenar garrafas o a refrescarse en verano. Nada monumental, pero sí parte de la vida diaria.
Si sigues algunos de los caminos que salen del pueblo hacia el monte, es fácil encontrarse pequeños abrevaderos o puntos donde el agua aparece entre las rocas. Son sitios discretos, de esos que encuentras caminando sin buscarlos demasiado.
Caminar por los alrededores
Aquí la actividad principal es sencilla: caminar. Las sendas salen desde la plaza o desde la calle mayor y enseguida te meten en el monte.
No hay rutas muy marcadas ni paneles explicativos cada pocos metros. Es más bien explorar caminos viejos y ver hasta dónde te llevan. Si ha llovido hace poco, el barro suele delatar quién ha pasado antes: jabalíes, algún corzo o ganado.
Si madrugas, es bastante habitual ver aves rapaces aprovechando las corrientes de aire sobre el bosque. Es uno de esos momentos en los que te das cuenta de lo tranquilo que es todo alrededor.
Lo que se come en la zona
La cocina de esta parte de la serranía es directa y bastante contundente. Platos pensados para gente que pasaba el día en el campo.
Aparecen recetas muy ligadas a la tradición manchega y serrana: gachas hechas con harina tostada, morteruelo —esa mezcla espesa de carne y especias que aquí se toma muy en serio—, cordero asado y platos donde a veces entran setas si la temporada ha sido buena.
No es una cocina ligera, pero en invierno se entiende perfectamente por qué nació así.
Fiestas y vida del pueblo
Las celebraciones principales suelen concentrarse en verano, cuando vuelve gente que tiene casa familiar o raíces en el pueblo. En esos días el ambiente cambia bastante: más movimiento en la plaza, música por la noche y actos religiosos vinculados a la patrona.
Durante el resto del año la vida es más tranquila. Las tradiciones siguen presentes en fechas señaladas del calendario —Semana Santa, Navidad— aunque en un formato pequeño, muy de vecinos.
Cómo llegar y cómo encajarlo en una ruta
Llegar a Fuentes implica asumir carreteras de sierra, con curvas y tramos tranquilos donde conviene ir sin prisa. Desde Cuenca capital se tarda poco más de media hora aproximadamente, dependiendo del camino que tomes.
Si estás recorriendo la Serranía de Cuenca, Fuentes funciona mejor como una parada corta o como base tranquila para explorar pueblos cercanos y parajes naturales de la zona.
Mi forma de verlo: ven a caminar un rato, da una vuelta por el pueblo y siéntate un momento en la plaza. En un par de horas ya habrás entendido bastante bien cómo funciona este lugar. Y a veces eso es justo lo que uno busca cuando se pierde por la sierra.