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sobre Villarejo de la Peñuela
Una de las aldeas más pequeñas; situada en zona elevada con vistas
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En el corazón de La Alcarria conquense, donde las parameras se funden con valles surcados por arroyos estacionales, se esconde Villarejo de la Peñuela, una diminuta aldea que parece detenida en el tiempo. Con apenas 23 habitantes censados y situada a 900 metros de altitud, este pequeño núcleo rural representa la esencia más auténtica de la España interior, ese territorio donde el silencio se convierte en protagonista y el paisaje habla por sí solo.
El nombre del pueblo ya anticipa su carácter: "Villarejo", diminutivo de villar, hace referencia a un pequeño asentamiento; mientras que "Peñuela" evoca las formaciones rocosas que caracterizan este rincón de La Alcarria. Aquí, la arquitectura popular se integra armoniosamente con un entorno natural prácticamente virgen, donde los caminos ancestrales atraviesan campos de cereal, encinares dispersos y monte bajo mediterráneo.
Visitar Villarejo de la Peñuela es sumergirse en una experiencia de turismo rural en estado puro, lejos de las masificaciones y los circuitos convencionales. Es el destino perfecto para quienes buscan desconexión auténtica, paisajes serenos y la oportunidad de conocer cómo late todavía el pulso de la vida rural tradicional en la meseta castellana.
Qué ver en Villarejo de la Peñuela
El principal atractivo de Villarejo de la Peñuela es su conjunto arquitectónico tradicional, donde las casas de mampostería, con sus muros de piedra caliza y mortero, se disponen siguiendo la topografía del terreno. La arquitectura popular alcarreña está presente en cada rincón: fachadas encaladas, tejados de teja árabe, portones de madera y pequeños corrales que hablan de un pasado agrícola y ganadero.
La iglesia parroquial, de dimensiones modestas pero con el encanto de las construcciones rurales, preside el núcleo urbano. Como es habitual en estas pequeñas localidades, el templo ha sido durante siglos el centro de la vida comunitaria, y aunque su interior sea sencillo, conserva ese aire de recogimiento propio de las iglesias de pueblo.
El entorno natural es, sin duda, uno de los grandes tesoros de Villarejo de la Peñuela. Los alrededores ofrecen un paisaje típicamente alcarreño: suaves lomas, campos de cultivo en mosaico, bosquetes de encinas y quejigos, y amplias perspectivas que permiten disfrutar de atardeceres memorables. Las formaciones rocosas que dan nombre al pueblo salpican el territorio, creando pequeños miradores naturales desde donde contemplar la inmensidad de La Alcarria.
Qué hacer
Villarejo de la Peñuela es un destino ideal para el senderismo y las caminatas sin prisas. Desde el pueblo parten varios caminos rurales y sendas tradicionales que permiten adentrarse en el paisaje alcarreño, descubriendo antiguos corrales, fuentes naturales y una flora y fauna mediterráneas de gran valor ecológico. El silencio solo roto por el canto de las aves convierte cada paseo en una experiencia contemplativa.
La observación de aves es otra actividad recomendable en la zona. Las rapaces como el águila culebrera, el busardo ratonero o el milano real sobrevuelan frecuentemente estos parajes, mientras que en los cultivos y zonas de matorral es posible avistar perdices, codornices y numerosas especies de paseriformes.
Para los aficionados a la fotografía de naturaleza y paisaje, el municipio ofrece innumerables encuadres: desde los primeros planos de la flora autóctona hasta las panorámicas de horizontes infinitos. Los cambios de luz a lo largo del día transforman completamente el paisaje, especialmente al amanecer y al atardecer.
La gastronomía local sigue los patrones tradicionales de La Alcarria: productos de la huerta, caza de temporada, quesos artesanos y la miel alcarreña, uno de los productos más emblemáticos de la comarca. Aunque en Villarejo de la Peñuela no encontrarás establecimientos de restauración debido a su tamaño, en poblaciones cercanas podrás degustar el cordero asado, las migas, el morteruelo y otros platos de la cocina manchega.
Fiestas y tradiciones
Dada la reducida población del municipio, las celebraciones festivas son íntimas y mantienen un carácter familiar. Las fiestas patronales suelen celebrarse durante los meses de verano, generalmente en agosto, cuando muchos antiguos vecinos regresan al pueblo para el reencuentro anual. Estas celebraciones, aunque modestas, conservan tradiciones como la misa en honor al patrón, la procesión y la comida popular.
Como en toda La Alcarria, la Semana Santa mantiene su solemnidad rural, y las celebraciones del ciclo festivo tradicional (Navidad, Año Nuevo, Reyes) se viven con sencillez pero con el calor propio de las pequeñas comunidades.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cuenca capital, situada a unos 70 kilómetros, se accede a Villarejo de la Peñuela tomando primero la N-320 en dirección a Tarancón y luego desviándose por carreteras comarcales hacia el interior de La Alcarria. El trayecto permite disfrutar del paisaje alcarreño y atravesar otros pequeños municipios de la zona. Es imprescindible viajar en vehículo propio.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-junio) es ideal por el verdor del campo y las temperaturas suaves. El otoño (septiembre-octubre) ofrece colores ocres y dorados espectaculares. En verano, las temperaturas pueden ser elevadas, aunque las noches refrescan gracias a la altitud.
Consejos prácticos: Lleva calzado cómodo para caminar, agua suficiente, y provisiones si planeas pasar el día. No hay servicios turísticos en el pueblo, por lo que conviene organizar bien la visita. Respeta la tranquilidad del lugar y la propiedad privada. La cobertura móvil puede ser limitada, lo cual forma parte del encanto desconectador de este rincón auténtico de La Alcarria.