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sobre Peñas de San Pedro
Villa histórica a los pies de una inmensa peña que sirvió de fortaleza inexpugnable; destaca su iglesia barroca
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Situado a algo más de mil metros de altitud en la Sierra de Alcaraz, Peñas de San Pedro se reconoce desde lejos por la gran roca caliza que se eleva sobre el caserío. Sobre esa peña se asentó el castillo, y alrededor de ella fue creciendo el pueblo. No es una disposición casual: durante siglos ese punto dominaba el paso entre la llanura manchega y las sierras del sur, de ahí su función defensiva.
El nombre del municipio une esas peñas características con la advocación a San Pedro. Hoy viven aquí algo menos de mil quinientas personas y el ritmo sigue siendo el de un pueblo pequeño del interior. Las calles trepan hacia la roca, con pendientes cortas pero constantes, y las casas —muchas encaladas, otras con la piedra vista— responden más a la necesidad de adaptarse al terreno que a una planificación previa.
Al subir hacia la parte alta se entiende mejor la relación entre el relieve y el pueblo. La roca no es solo un telón de fondo: condiciona las calles, las vistas y el propio sentido del lugar. Cuando el sol cae sobre la peña y las murallas del castillo, se percibe con claridad por qué se eligió este punto para levantar una fortaleza.
Qué ver en Peñas de San Pedro
El elemento central es el Castillo de Peñas de San Pedro. Sus orígenes se sitúan en época almohade y más tarde pasó a manos cristianas, vinculado durante siglos a la Orden de Santiago. Hoy se conserva en estado de ruina consolidada, con tramos de muralla y algunos torreones que permiten intuir la dimensión original del recinto. La subida hasta la peña es corta pero empinada en algunos tramos, y arriba suele soplar viento. A cambio, el horizonte se abre hacia la llanura albaceteña y las sierras cercanas.
Cerca de la base de la peña está la Iglesia de Santa María, levantada en el siglo XVI. El edificio mezcla rasgos renacentistas con elementos que todavía recuerdan al gótico tardío, algo habitual en templos rurales de esa época. La torre campanario sirve de referencia mientras uno se mueve por el pueblo. En el interior se conservan varios retablos barrocos y una pila bautismal de piedra bastante sobria.
El casco antiguo permite entender cómo se organizó el asentamiento. Las calles se adaptan a la pendiente y a la propia roca, con recodos y pequeñas plazoletas donde el terreno da un respiro. La plaza principal, con soportales, sigue siendo el punto donde se concentra la vida cotidiana.
Las peñas calizas que rodean el núcleo urbano no forman un monumento concreto, pero explican el paisaje y el propio nombre del lugar. La erosión ha moldeado estos bloques de roca, visibles desde casi cualquier punto del pueblo.
Actividades en el entorno
Los alrededores se prestan a caminar sin grandes complicaciones. Hay senderos que rodean el cerro del castillo y otros que se internan en las lomas cercanas, entre encinas, sabinas y matorral mediterráneo —romero, tomillo y aliagas—. No suelen ser recorridos largos, pero conviene llevar agua y calzado con algo de suela, sobre todo en verano.
En algunos paredones calizos próximos se practica escalada. Antes de ir con material, lo más prudente es informarse en el propio pueblo sobre los sectores que se utilizan y su estado.
Las corrientes térmicas que se forman sobre estas peñas atraen a varias aves rapaces. No es raro ver buitres o águilas planeando sobre los barrancos cercanos. Con unos prismáticos y algo de paciencia, el espectáculo suele aparecer solo.
En cuanto a cocina local, en la Sierra de Alcaraz siguen presentes platos ligados a la vida pastoril y agrícola: migas manchegas, cordero segureño o el llamado gazpacho pastor, que aquí es un guiso caliente sin tomate. En temporada aparecen también setas y espárragos trigueros recogidos en el monte.
Tradiciones y festividades
Las fiestas patronales dedicadas a San Pedro se celebran a finales de junio. Durante esos días regresan muchos vecinos que viven fuera y el pueblo cambia de ritmo con actos religiosos, verbenas y actividades organizadas por asociaciones locales.
En verano suele celebrarse también la feria de agosto, con festejos populares y presencia de actos taurinos, algo todavía habitual en buena parte de esta zona de Albacete.
La Semana Santa se vive con un tono sobrio. Las procesiones recorren las calles más empinadas del casco antiguo, con las imágenes avanzando entre casas muy próximas y la peña siempre visible al fondo.
Datos prácticos
Peñas de San Pedro se encuentra al sur de la provincia de Albacete, en el límite entre la llanura manchega y las primeras sierras que llevan hacia Alcaraz y Segura. La forma más sencilla de llegar es en coche desde Albacete capital y después continuar por carreteras comarcales hasta el pueblo.
El núcleo urbano se recorre andando sin dificultad en poco tiempo. La subida a la peña del castillo concentra la mayor parte del desnivel, pero es corta. Si interesa entender bien el lugar, merece la pena rodear el cerro por alguno de los caminos que salen del pueblo: desde ahí se aprecia la relación entre la roca, el castillo y el caserío que creció a su alrededor.