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sobre Povedilla
Pequeña localidad de transición entre la sierra y el campo de Montiel; ambiente rural y caza
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A primera hora de la mañana, los campos de cereal en torno a Povedilla todavía conservan la escarcha de la noche. La luz empieza a deslizarse sobre las lomas de la Sierra de Alcaraz y deja las tierras entre pardas y doradas. Desde el centro del pueblo, la silueta de la iglesia de San Andrés recorta su campanario contra un cielo todavía gris, y de vez en cuando se oye un gallo o el motor de un coche que arranca. A esa hora el pueblo está casi quieto.
Povedilla, en la Sierra de Alcaraz y con algo menos de cuatrocientos vecinos, sigue el ritmo de los pueblos pequeños de interior. No hay grandes transformaciones recientes ni urbanizaciones nuevas en los bordes. El caserío mantiene la escala de siempre: calles estrechas, algunas con tramos de piedra, casas bajas encaladas y portones de madera que han ido oscureciendo con los años.
La plaza mayor gira alrededor de la iglesia de San Andrés, que marca el centro del pueblo y sirve también como referencia para orientarse. Es un espacio sencillo, de los que a media tarde se llenan de conversación tranquila y bancos ocupados.
La plaza y las casas antiguas
La iglesia parroquial parece levantarse sobre estructuras antiguas que, según suele contarse en el pueblo, se remontan a varios siglos atrás. El edificio es sobrio, con una fachada sin adornos excesivos y un campanario que se ve desde casi cualquier punto del casco urbano.
Frente a ella crece un árbol grande que da sombra buena en verano. Debajo suele haber movimiento: vecinos que se paran a charlar, alguien que pasa despacio con la compra, niños que cruzan la plaza en bicicleta.
Alrededor se agrupan casas que conservan detalles de otra época: balcones pequeños de hierro, fechas grabadas en algunas fachadas o antiguas puertas de madera gruesa. Muchas de estas viviendas tuvieron corrales o dependencias agrícolas; en algunas aún se adivinan, detrás de los muros, cobertizos o patios donde antes se guardaban animales y aperos.
Caminar por los alrededores de Povedilla
El paisaje que rodea Povedilla es abierto y tranquilo. Campos de cultivo alternan con zonas de pinar y encina, y las lomas de la Sierra de Alcaraz empiezan a levantarse a poca distancia. No es un terreno abrupto: hay caminos agrícolas y senderos que permiten caminar sin demasiada dificultad.
En primavera aparecen flores silvestres en los márgenes de los caminos y el campo se vuelve más verde de lo habitual en esta parte de Albacete. En otoño dominan los tonos ocres y el aire suele oler a tierra húmeda después de las primeras lluvias.
Quien salga a caminar debería llevar agua en los meses de más calor y tener en cuenta que hay tramos sin apenas sombra. A cambio, es fácil cruzarse con perdices, ver alguna abubilla entre los almendros o distinguir rapaces planeando sobre los campos cuando el viento se levanta un poco.
Fiestas y momentos del año
El calendario del pueblo se nota sobre todo en verano. En agosto suelen celebrarse las fiestas patronales dedicadas a San Andrés, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera y el ambiente cambia durante unos días. Hay actos religiosos, música en la plaza y comidas compartidas donde aparecen platos muy ligados a la zona, como migas o guisos hechos con caza menor.
En enero, alrededor de San Antón, es habitual ver hogueras encendidas en la plaza o en algunos rincones del pueblo. La gente se reúne alrededor del fuego y se bendicen animales, una costumbre que todavía se mantiene en muchos pueblos de la sierra.
También en Semana Santa o en Navidad aparecen pequeños gestos que recuerdan la vida comunitaria de antes: procesiones sencillas, belenes hechos entre vecinos o reuniones familiares que se trasladan a la calle cuando el tiempo acompaña.
Un pueblo tranquilo de la Sierra de Alcaraz
Povedilla no es un lugar de grandes monumentos ni de agenda llena. Lo que hay es otra cosa: silencio en las calles a ciertas horas, olor a leña en invierno, huertos en las afueras y tractores que pasan despacio por la carretera principal.
Si se llega en verano conviene hacerlo temprano o al caer la tarde, cuando el calor afloja y el pueblo vuelve a moverse un poco alrededor de la plaza. El resto del día suele ser tranquilo, incluso en agosto.
A pocos kilómetros hay otros pueblos de la Sierra de Alcaraz donde seguir explorando la comarca. Pero quedarse un rato en Povedilla, simplemente caminando sin prisa por sus calles cortas y mirando el paisaje que lo rodea, ayuda a entender cómo es esta parte del sur de Albacete: discreta, agrícola y muy ligada a su tierra.