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sobre Pozohondo
Lugar histórico de batallas de la Independencia; pueblo agrícola con tradiciones musicales arraigadas
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A media tarde, cuando el sol ya no cae de frente, Pozohondo baja un poco el ritmo. La luz se vuelve más blanda y las fachadas de ladrillo rojizo toman un tono más oscuro, casi terroso. Alguna puerta se queda entreabierta. Se oye una televisión al fondo de una casa y, desde la plaza, el murmullo breve de gente que se saluda sin detenerse demasiado.
Pozohondo, en la comarca de la Sierra de Alcaraz, ronda los 1.500 habitantes. No es un pueblo que llame la atención desde lejos. Aparece entre tierras de cultivo y pequeñas lomas suaves. Aquí el paisaje manda bastante más que la arquitectura. Olivos, almendros y cereal ocupan buena parte del término, y ese ritmo agrícola todavía marca el calendario cotidiano.
Calles tranquilas y casas que han envejecido despacio
Caminar por el centro no requiere mapa. Las calles se retuercen un poco, se estrechan en algunos tramos y vuelven a abrirse cerca de la plaza. El pavimento no siempre es regular y las fachadas mezclan ladrillo, cal y portones de madera que ya muestran grietas y capas de pintura antigua.
Por la mañana huele a pan tostado y a humedad en los patios. A mediodía casi no se oye nada. Es una de esas horas en que el pueblo parece quedarse en pausa.
No hay un casco histórico monumental. Más bien un conjunto de casas que han ido cambiando con los años, sin grandes reformas. Eso también cuenta algo de cómo ha crecido el lugar.
La iglesia y el pequeño patrimonio local
La iglesia parroquial, dedicada a la Asunción, ocupa uno de los puntos más visibles del pueblo. El edificio tiene una presencia sobria, con ladrillo visto y una espadaña que se reconoce desde varias calles cercanas. Su origen suele situarse varios siglos atrás, aunque el aspecto actual responde a reformas posteriores.
Dentro, el ambiente es sencillo. Madera oscura, paredes claras y un silencio bastante limpio. En días normales suele estar tranquila, con alguna persona que entra unos minutos y vuelve a salir.
El paisaje alrededor de Pozohondo
Al salir del núcleo urbano aparecen enseguida los caminos agrícolas. Son pistas de tierra rojiza que cruzan parcelas de cultivo y pequeños bosquetes de encinas o pinos dispersos. El terreno no es abrupto, pero sí ondulado. Desde algunas lomas se ve el mosaico de campos extendiéndose hasta donde alcanza la vista.
En verano el aire trae olor a tierra seca y a rastrojo. En invierno el paisaje cambia de color. Los tonos se vuelven más apagados y el viento suele moverse sin obstáculos entre las parcelas abiertas.
Si vas a caminar, conviene evitar las horas centrales en julio y agosto. La sombra escasea en muchos tramos.
Fuentes, agua y pequeños lugares de paso
En Pozohondo todavía quedan fuentes y antiguos abrevaderos que recuerdan el papel del agua en la vida rural. Una de las más conocidas entre los vecinos es la del Calvario, construida en piedra y todavía en uso. No es un monumento. Es más bien un punto cotidiano: gente que llena garrafas, alguien que se detiene a charlar unos minutos.
El sonido del agua cayendo es constante. En días tranquilos se oye desde varios metros.
Caminos para caminar sin prisa
No hay una red formal de senderos señalizados. Aun así, varios caminos que salen del pueblo permiten pasear una o dos horas sin complicaciones. Son rutas usadas por agricultores y vecinos, así que conviene respetar fincas y cerrar cancelas si se atraviesan.
Con algo de paciencia también se ven aves rapaces planeando sobre los campos. A veces buitres que vienen de zonas más montañosas cercanas, otras veces águilas pequeñas aprovechando las corrientes de aire.
Unos prismáticos y un poco de silencio ayudan más que cualquier cartel informativo.
Fiestas y cocina de casa
Las celebraciones locales siguen ligadas al calendario religioso y al ciclo agrícola. En torno a agosto suelen concentrarse los días más animados, con procesiones y reuniones familiares que llenan las calles por la noche, cuando baja el calor.
En las casas todavía aparecen platos muy de la zona. Galianos o gazpacho manchego con carne de caza cuando llega el frío. Migas en días de invierno. Y dulces fritos que suelen prepararse en fechas señaladas.
No es una cocina pensada para exhibirse. Es la que se ha hecho siempre.
Para llegar desde Albacete capital, el trayecto por carretera ronda algo más de una hora. Conviene venir con coche propio. El transporte público en esta zona suele ser escaso y los horarios cambian según la época del año.