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sobre Férez
La Joya de la Sierra; pueblo blanco de trazado árabe rodeado de olivares y almendros con vistas panorámicas
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El turismo en Férez tiene mucho que ver con su situación en la vertiente sur de la Sierra del Segura, ya en el límite entre el paisaje serrano y las tierras más abiertas del sureste de Albacete. El pueblo se asienta a unos 689 metros de altitud, rodeado de pinares, encinas y olivares que ocupan laderas suaves y bancales antiguos. Los barrancos que cortan el terreno recuerdan hasta qué punto el relieve ha condicionado la vida aquí: agricultura de secano, algo de ganado y una relación constante con un medio que nunca ha sido especialmente fácil.
El casco urbano mantiene un trazado bastante reconocible en muchos pueblos del interior manchego: calles estrechas, casas encaladas y portones grandes que daban acceso a corrales o cuadras. Aún se ven patios interiores y muros gruesos pensados más para el clima que para la estética.
La iglesia parroquial de San Ambrosio ocupa el centro del pueblo. Su origen suele situarse en el siglo XVI, aunque el edificio ha tenido reformas posteriores, probablemente en el XVIII. No es un templo monumental, pero su presencia marca el ritmo del casco antiguo. Durante siglos fue el punto de reunión y referencia de la vida local, algo que todavía se percibe en la plaza y en las calles que confluyen alrededor.
Caminos y paisaje alrededor del pueblo
Los alrededores de Férez se recorren mejor despacio. Desde el propio pueblo salen caminos agrícolas y pistas forestales que atraviesan pinares, zonas de cultivo y pequeños barrancos donde la caliza aparece en formas erosionadas por el agua.
No todos los recorridos están señalizados y la cartelería puede variar según el tramo. Si se quiere caminar varias horas por la zona conviene mirar el recorrido antes o llevar un track preparado. El terreno no es especialmente técnico, pero los desvíos son frecuentes.
En estas sierras todavía es fácil ver fauna mediterránea: rapaces planeando sobre los barrancos, rastros de jabalí o algún zorro cruzando al atardecer. En verano el calor aprieta pronto, así que lo habitual es salir temprano y evitar las horas centrales del día.
Cocina de pueblo
La cocina local sigue muy ligada a lo que tradicionalmente se ha tenido a mano. El gazpacho manchego —aquí también llamado galiano— aparece en muchas casas, junto a gachas, guisos de caza y platos pensados para jornadas largas de trabajo en el campo.
La matanza del cerdo, que durante generaciones marcaba el calendario doméstico, todavía deja rastro en embutidos y conservas que muchas familias siguen preparando para consumo propio.
Otoño y setas en la sierra
Cuando llegan las lluvias de otoño, los pinares cercanos empiezan a atraer a quienes salen a buscar setas. La zona puede dar buenas temporadas, aunque conviene informarse antes sobre las áreas permitidas y las normas de recolección. En estas sierras se insiste cada vez más en recoger con cuidado y no remover el suelo innecesariamente.
Carreteras tranquilas y desnivel engañoso
Férez queda conectado por una red de carreteras secundarias que enlazan con otros pueblos de la Sierra del Segura. Son vías con poco tráfico y bastante utilizadas por ciclistas.
Eso sí, el mapa puede engañar. Desde lejos parece un terreno suave, pero las pendientes se encadenan y los repechos acaban acumulando desnivel, sobre todo al salir del valle donde se asienta el pueblo.
Fiestas y regreso de quienes se fueron
Las fiestas patronales están dedicadas a San Ambrosio y suelen celebrarse en agosto. Durante esos días vuelve mucha gente que pasó años fuera y mantiene la casa familiar en el pueblo. Procesiones, música en la plaza y actividades organizadas por las peñas forman parte de un ambiente que mezcla tradición religiosa con encuentro entre vecinos y familiares.