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sobre Anguita
Rica en arqueología con castros celtíberos y restos romanos; cruce de caminos histórico
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El turismo en Anguita empieza por entender dónde está. El pueblo se levanta en la parte alta del Señorío de Molina, ya en el extremo oriental de la provincia de Guadalajara, en una zona de parameras abiertas y barrancos donde el viento y el invierno suelen tener bastante peso. A más de 1.100 metros de altitud y con una población que ronda los 150 habitantes, Anguita conserva la escala de los pueblos que nunca crecieron más allá de lo necesario.
El asentamiento no es casual. El valle del río Tajuña —todavía estrecho en este tramo— abre un corredor natural entre muelas de roca y lomas de secano. Durante siglos fue un paso entre Castilla y Aragón, lo que explica la presencia histórica de fortificaciones en la zona y la importancia estratégica que tuvo este territorio en la Edad Media.
Hoy el paisaje sigue mandando. Alrededor del núcleo aparecen páramos amplios, manchas de sabina y monte bajo, y barrancos que rompen la meseta de forma abrupta. El clima es el propio de esta altitud: inviernos largos, heladas frecuentes y veranos más moderados que en la Alcarria o el valle del Henares.
El pueblo y su iglesia
Anguita mantiene una trama sencilla, de calles cortas y casas construidas con la piedra disponible en el entorno. No hay grandes conjuntos monumentales, pero sí muchos detalles que hablan de su pasado agrícola y ganadero: portones anchos para el paso del ganado, corrales adosados a las viviendas y muros de mampostería bastante gruesos, pensados para proteger del frío.
En el centro se encuentra la iglesia parroquial de San Juan Bautista. El edificio actual se levanta en el siglo XVI, aunque ha sufrido reformas posteriores que modificaron parte de su aspecto. La arquitectura es sobria, como ocurre en muchos pueblos del antiguo Señorío de Molina. En el interior se conserva un retablo barroco de tamaño modesto, resultado de ampliaciones y añadidos de épocas distintas.
En los alrededores del pueblo se mencionan también restos asociados a antiguas defensas medievales. No siempre son estructuras fáciles de identificar, pero recuerdan que este territorio fue zona de frontera durante siglos.
El paisaje del valle del Tajuña
Si algo define Anguita es el paisaje que la rodea. El río Tajuña ha excavado aquí un valle estrecho con paredes de roca que contrastan con la planicie superior de la paramera. En algunos tramos aparecen hoces y cortados donde anidan aves rapaces, algo relativamente común en esta parte de la provincia.
Los caminos agrícolas que salen del pueblo permiten bajar hacia el valle o recorrer las lomas cercanas. Son recorridos sencillos, utilizados durante décadas para comunicar huertos, pastos y pueblos próximos. No siempre están señalizados, así que conviene orientarse con mapa o preguntar en el propio pueblo.
En otoño, como en muchas zonas de la Sierra Norte y del Señorío de Molina, el monte puede dar setas cuando el año viene húmedo. Es una actividad bastante arraigada en la comarca, aunque hoy está sujeta a regulación en buena parte del territorio.
La altitud y la escasa iluminación nocturna hacen que el cielo sea especialmente oscuro. En noches despejadas, basta alejarse unos metros del casco urbano para ver con claridad la franja de la Vía Láctea.
Vida local y celebraciones
Como ocurre en muchos pueblos pequeños de la zona, el calendario se anima sobre todo en verano. Es cuando regresan vecinos que viven fuera y se concentran las fiestas patronales, con actos religiosos, música y comidas compartidas en las plazas o en los espacios comunes del pueblo.
En invierno la vida es más tranquila. Tradicionalmente era la época de trabajos domésticos y de la matanza del cerdo, una práctica que aún se mantiene en algunas casas como parte de la economía familiar y de la tradición culinaria local.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Anguita se sitúa cerca de la carretera N‑211, que atraviesa esta parte de Guadalajara hacia el Señorío de Molina. Desde la capital provincial el trayecto ronda la hora larga de coche, dependiendo de la ruta elegida.
El pueblo se recorre andando en poco tiempo. Lo más interesante suele estar en el paisaje que lo rodea: el valle del Tajuña, los caminos tradicionales y las parameras altas que se abren alrededor. Conviene llevar abrigo fuera del verano; incluso en primavera el viento puede bajar bastante la sensación térmica.