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sobre Atienza
Villa medieval amurallada de gran importancia histórica; conjunto monumental impresionante
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Encaramada a 1.169 metros de altitud en las estribaciones de la Sierra de Pela, Atienza emerge como una de las joyas medievales mejor conservadas de Guadalajara. Este pueblo de apenas 434 habitantes es un libro abierto de historia castellana, donde cada piedra cuenta siglos de batallas, reconquistas y leyendas. Su silueta, dominada por las ruinas de un imponente castillo que vigila el valle del río Salado, se recorta contra el cielo serrano como una estampa sacada de otro tiempo.
Pasear por Atienza es caminar literalmente cuesta arriba por la historia de España. Sus calles empedradas serpentean entre casonas blasonadas, arcos medievales y plazas donde el tiempo parece haberse detenido. La arquitectura tradicional serrana se mezcla aquí con vestigios románicos y góticos, creando un conjunto urbano que ha merecido la declaración de Bien de Interés Cultural.
Pero Atienza no es solo piedra y pasado. Es también naturaleza serrana en estado puro, con robledales y enebros que tapizan las laderas, cielos estrellados que quitan el aliento y esa quietud que solo encuentras en los pueblos de montaña donde la vida transcurre a otro ritmo.
Qué ver en Atienza
El Castillo de Atienza corona el pueblo desde lo alto del cerro. Aunque sus murallas están en ruinas, la subida merece cada jadeo: las vistas panorámicas sobre la serranía y los campos castellanos son espectaculares. Esta fortaleza tuvo un papel crucial durante la Reconquista y fue escenario de disputas entre castellanos y aragoneses.
El verdadero tesoro de Atienza está en sus iglesias románicas. La villa llegó a contar con catorce templos, de los cuales varios se conservan en distinto estado. La iglesia de San Bartolomé, del siglo XII, destaca por su portada románica y alberga el Museo de San Gil, con una extraordinaria colección de arte sacro. La iglesia de Santa María del Rey y la de la Trinidad son otros ejemplos notables de románico serrano que no debes perderte.
El barrio medieval en sí mismo es una atracción. Callejuelas como la calle Real o la Plaza del Trigo conservan su trazado original. La Plaza del Mercado y la Plaza de España mantienen el sabor de las antiguas villas castellanas, con soportales y casas con balconadas de madera.
Los Arcos medievales que atraviesan algunas calles —como el Arco Arrebatacapas o el Arco de San Juan— son vestigios de las antiguas murallas que protegían la villa.
A las afueras, el paisaje serrano invita al senderismo. Los alrededores ofrecen rutas entre encinas y quejigos, con la Sierra de Pela como telón de fondo, perfectas para observar aves rapaces y disfrutar de la flora autóctona.
Qué hacer
Atienza es un destino para caminar y perderse por sus calles empinadas. Cada rincón revela un detalle arquitectónico, un escudo nobiliario o una perspectiva fotográfica. La subida al castillo, aunque exigente, recompensa con creces el esfuerzo.
Los aficionados al senderismo encontrarán diversas rutas que parten del pueblo. Una opción es seguir tramos del antiguo Camino de la Lana, la ruta histórica que unía el interior castellano con la costa levantina. Los caminos entre Atienza y pueblos vecinos atraviesan paisajes serranos de gran belleza.
La fotografía es otra actividad destacada. Las luces del amanecer y el atardecer transforman el perfil del castillo y las iglesias en postales memorables. En invierno, con nieve, Atienza adquiere un aspecto casi irreal.
La gastronomía serrana es austera pero sabrosa: cordero asado, migas, callos y productos de la matanza son habituales en las mesas locales. Los productos de la tierra, como las setas en otoño o la miel de la zona, merecen ser probados.
Para los interesados en la historia y el arte, el Museo de San Gil ofrece un recorrido por el rico patrimonio artístico de la comarca, con piezas de gran valor que van desde el románico hasta el barroco.
Fiestas y tradiciones
La Caballada de Atienza es la fiesta más importante y una de las tradiciones más antiguas de España. Se celebra el domingo de Pentecostés (normalmente en mayo o principios de junio) y conmemora un episodio legendario del siglo XII: cuando los arrieros de Atienza rescataron al niño Alfonso VIII de manos de sus enemigos. La celebración incluye una espectacular cabalgata con caballistas vestidos de época.
La Semana Santa se vive con recogimiento, con procesiones que recorren las calles empedradas creando una atmósfera especialmente emotiva entre los muros medievales.
En agosto, las fiestas patronales animan el pueblo con actividades tradicionales, verbenas y eventos para todos los públicos.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Guadalajara capital, Atienza se encuentra a unos 90 kilómetros por la A-2 en dirección a Zaragoza, tomando después la salida hacia Sigüenza y continuando por la CM-110. El trayecto dura aproximadamente una hora y cuarto. Desde Madrid, son unos 140 kilómetros por la A-2, unas dos horas de viaje.
Mejor época: La primavera (especialmente en mayo, para la Caballada) y el otoño son ideales por las temperaturas suaves y los colores del paisaje. El verano ofrece frescor serrano, aunque puede haber afluencia en fiestas. El invierno tiene su encanto, pero hace frío a esta altitud.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por calles empedradas y empinadas. Si visitas el castillo, extrema las precauciones en las zonas de ruinas. Conviene llevar agua y algo de abrigo, ya que a casi 1.200 metros el tiempo puede cambiar rápidamente.