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sobre Cincovillas
Municipio de Guadalajara
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¿Sabes cuando pasas por un sitio tan pequeño que dudas si el navegador se ha equivocado? Pues algo así ocurre con el turismo en Cincovillas. Llegas por una carretera secundaria, ves unas pocas casas y piensas: “¿Esto era?”. Y sí, era. Pero si vienes con la idea correcta —campo abierto, silencio y cero artificio— el lugar tiene su punto.
Cincovillas queda en la Sierra Norte de Guadalajara, más o menos a una hora larga de la capital según por dónde entres. No hay tiendas modernas ni cafeterías con música de fondo. De hecho, no hay prácticamente nada de eso. Lo que hay es un núcleo muy pequeño, unas cuantas casas de piedra y la sensación de estar en uno de esos pueblos que llevan décadas funcionando al ralentí.
Un puñado de casas y una iglesia reciente
El nombre de Cincovillas recuerda a antiguos asentamientos de la zona que terminaron agrupándose bajo el mismo término. Hoy lo que encuentras es un caserío muy reducido, con corrales, eras antiguas y construcciones agrícolas que todavía cuentan bastante sobre cómo se ha trabajado esta tierra.
No hay grandes monumentos. La iglesia parroquial, levantada en el siglo XX según cuentan los vecinos, es un edificio sencillo de ladrillo visto. Cumple su función como punto de referencia del pueblo, poco más. Aquí el interés no está en los edificios sino en el contexto.
El paisaje que rodea el pueblo
Lo que realmente define a Cincovillas empieza en cuanto sales de las casas. El terreno se abre en campos de cereal que ondulan suavemente, con encinas sueltas, algunos olivos y manchas de pino en las lomas cercanas.
Es un paisaje muy de esta parte de Guadalajara: seco buena parte del año, con muros de piedra separando parcelas y caminos de tierra que cruzan los campos en líneas bastante rectas. Si te gusta mirar lejos —horizonte limpio, sin urbanizaciones ni carreteras grandes— aquí tienes rato.
Cerca del pueblo hay algún alto desde el que se entiende bien el territorio. Entre matorral bajo se distinguen tierras de cultivo y, hacia ciertas direcciones, los relieves que anuncian el entorno del Alto Tajo.
Pasear por los caminos
Recorrer Cincovillas no lleva mucho tiempo. Un paseo tranquilo por sus calles y lo tienes visto en un rato. Pero lo interesante empieza cuando sigues alguno de los caminos agrícolas que salen del pueblo.
No son rutas señalizadas ni nada por el estilo. Son caminos de toda la vida: los que se usaban para ir a las parcelas o mover ganado. Aun así, caminar por ahí tiene algo relajante. Con suerte verás algún milano planeando o escucharás el viento moviendo el cereal cuando está alto.
Es de esos paseos que no se hacen con prisa. Más bien para estirar las piernas, mirar alrededor y volver.
Qué hay cerca
Cincovillas también puede servir como parada si estás recorriendo la zona. El Parque Natural del Alto Tajo queda relativamente cerca en coche, dependiendo del camino que tomes. Allí el paisaje cambia bastante: cañones más marcados, pinares y cortados sobre el río.
En los alrededores hay otros pueblos pequeños de la Sierra Norte donde todavía se mantiene ese ambiente rural poco alterado por el turismo. No esperes centros históricos muy restaurados ni calles llenas de gente; la gracia es precisamente que siguen siendo pueblos normales.
Antes de ir
Conviene tener claro cómo funciona un sitio así.
En Cincovillas no hay bares, tiendas ni servicios turísticos. Si vas a pasar un rato por la zona, lo sensato es llevar agua y algo de comida o parar antes en algún pueblo mayor.
También es mejor llegar en coche propio. Las carreteras que atraviesan esta parte de la sierra son secundarias y tranquilas, de las de conducir sin prisa mientras el paisaje se abre a los lados.
Entonces, ¿merece la pena acercarse?
Depende mucho de lo que busques. Cincovillas no es un sitio para “ver cosas” en el sentido clásico. Es más bien un alto en el camino, un pueblo diminuto donde todavía se entiende cómo ha sido la vida rural en esta parte de Castilla durante generaciones.
Si te gusta parar, bajar del coche y caminar un rato entre campos abiertos, tiene sentido. Si buscas ambiente, terrazas o monumentos, mejor seguir hacia otro sitio. Aquí lo que hay es silencio, piedra y cereal moviéndose con el viento. Y ya está. Que tampoco es poco.