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sobre El Cardoso de la Sierra
Municipio de alta montaña en la Sierra de Ayllón; paisajes alpinos y bosques
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A primera hora de la mañana, cuando aún no pasa ningún coche, El Cardoso de la Sierra suena sobre todo a agua y a madera. Alguna puerta que se abre, el golpe seco de unas botas sobre la piedra, el humo de una chimenea que todavía huele a encina húmeda. En este rincón de la Sierra Norte de Guadalajara viven hoy menos de medio centenar de personas, y eso se nota: el pueblo se recorre despacio, casi sin cruzarse con nadie.
Las casas, muchas levantadas con pizarra oscura, se agrupan en calles estrechas donde la sombra dura buena parte del día en invierno. Cuando ha llovido, el olor a tierra mojada baja desde el monte y se queda flotando entre los muros. Alrededor aparecen robles, hayas en las zonas más altas y pequeños prados donde todavía se ven cercados antiguos.
Llegar hasta aquí desde Guadalajara capital lleva su tiempo. Son unos 130 kilómetros que se van haciendo cada vez más lentos a medida que la carretera se adentra en la sierra. Los últimos tramos serpentean entre bosques y barrancos, con curvas cerradas y pueblos cada vez más pequeños. Conviene venir sin prisa y con el depósito del coche razonablemente lleno: en esta parte de la sierra las distancias se miden más por tiempo que por kilómetros.
Arquitectura de pizarra y un pueblo muy pequeño
La iglesia parroquial aparece en una pequeña elevación, sólida, con muros gruesos de mampostería. No es un edificio monumental, pero encaja con el paisaje: piedra oscura, madera envejecida y tejados de lajas que brillan cuando el sol se cuela entre las nubes.
Paseando por el pueblo se ven balcones de roble, portones anchos y antiguos corrales pegados a las casas. Son restos de una vida ligada al ganado, al monte y a la madera. En invierno las nieblas suelen quedarse atrapadas en el valle hasta media mañana, y entonces todo —tejados, cercas, caminos— aparece cubierto por una humedad fina que tarda horas en levantarse.
El entorno natural aquí no es un decorado: es prácticamente todo lo que hay alrededor. El Cardoso forma parte del Parque Natural de la Sierra Norte, y relativamente cerca se encuentra el Hayedo de Tejera Negra, uno de los bosques de hayas más conocidos del centro peninsular. En los meses de mayor afluencia el acceso suele estar regulado y conviene informarse antes de acercarse.
Dentro del hayedo los troncos suben rectos, muy juntos, y la luz entra filtrada. En otoño el suelo queda cubierto de hojas rojizas que amortiguan los pasos; en días tranquilos solo se oye el crujido de alguna rama o el movimiento de los pájaros entre las copas.
Cerca del pueblo aparecen también fuentes, antiguos corrales cubiertos de musgo y pequeñas lomas desde las que se abren los valles de la sierra. El río Berbellido pasa discreto por esta zona, encajado entre vegetación densa y tramos donde apenas llega el sol en invierno.
Caminos por la sierra
La forma más sencilla de entender este territorio es caminarlo. Desde el propio pueblo salen senderos que se internan en el monte o suben hacia zonas más abiertas desde donde se ven las cumbres de alrededor.
Por esta parte de Guadalajara también pasa la llamada ruta de los pueblos de arquitectura negra, un recorrido que conecta varias localidades donde la pizarra domina en tejados y muros. Mucha gente la hace en coche, parando en distintos pueblos, aunque también hay quien enlaza varios tramos andando.
Cuando llega el frío fuerte, la nieve cubre pistas y laderas. No hay estaciones ni instalaciones alpinas, pero algunos montañeros recorren la zona con raquetas o esquís de travesía cuando las condiciones acompañan. Es terreno serio en invierno: conviene mirar bien la meteorología y calcular los tiempos.
La fauna aparece más de lo que parece. Corzos que cruzan al amanecer, rastros de jabalí en los caminos embarrados, rapaces planeando sobre los claros del bosque. Si se madruga o se sale al atardecer es cuando más se mueve todo.
En otoño el monte cambia de ritmo con la temporada de setas. En las zonas húmedas aparecen níscalos o boletus, aunque conviene tener claro qué se recoge. Cada año hay quien se confunde con especies que no debería llevarse a la cesta.
Fiestas sencillas y pueblo que se llena en agosto
Durante buena parte del año el pueblo mantiene un ritmo muy tranquilo, pero en agosto la población aumenta. Muchos vecinos que viven fuera regresan unos días y el ambiente cambia: más gente en la plaza, conversaciones largas al caer la tarde y reuniones que se alargan hasta bien entrada la noche.
Las fiestas patronales suelen celebrarse en esas fechas, con actos religiosos y comidas compartidas. No hay grandes montajes; el centro de todo sigue siendo la gente del pueblo y quienes vuelven cada verano.
A finales del invierno se mantiene la tradición de San Blas, con la bendición de roscas que algunas familias preparan en casa. Son celebraciones pequeñas, de esas que dependen mucho de cuánta gente haya ese año en el pueblo.
Cómo llegar y cuándo merece más la pena
El Cardoso de la Sierra queda en el extremo norte de la provincia de Guadalajara, ya muy cerca de la sierra madrileña. El acceso final se hace por carreteras estrechas de montaña, con tramos donde conviene conducir despacio, sobre todo si hay hielo o nieve en invierno.
Para visitar el Hayedo de Tejera Negra o recorrer algunas rutas del parque natural es buena idea informarse antes sobre accesos y regulación de visitantes, especialmente en otoño.
Los meses más agradecidos suelen ser el otoño y el final de la primavera. En otoño el bosque cambia de color y el aire huele a hojas húmedas; en primavera el agua corre por todas partes. El verano, en cambio, puede ser caluroso en las horas centrales del día, y caminar por pistas abiertas se hace más pesado.
Hay momentos, sobre todo al atardecer, en los que el silencio se vuelve muy nítido. El viento moviendo las copas de los robles, el agua del río bajando entre piedras, algún cencerro lejano. En lugares como este, lo más interesante suele ocurrir precisamente cuando no pasa nada.