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sobre Membrillera
Pueblo del valle del Bornova; tradición de las botargas
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Hay pueblos que funcionan como cuando apagas el móvil sin darte cuenta y, de repente, el día se vuelve más largo. Membrillera tiene un poco de eso. Llegas por una carretera tranquila de la Sierra Norte de Guadalajara y, cuando aparcas el coche, lo primero que notas es el silencio. No el silencio incómodo, sino ese que tienen los pueblos pequeños cuando ya no queda casi nadie por la calle y el reloj parece ir a otra velocidad.
Membrillera ronda hoy el centenar de vecinos. Es de esos lugares donde muchas casas pertenecen a familias que vienen los fines de semana o en verano porque tienen raíces aquí. El caserío es el típico de la zona: piedra, tejados de teja y calles que suben y bajan sin demasiado orden, como si el pueblo hubiera ido creciendo poco a poco según hacía falta.
No hay grandes infraestructuras ni ambiente turístico. Y precisamente por eso quien llega suele venir a lo que viene: caminar un rato, ver sierra alrededor y pasar unas horas sin demasiadas distracciones.
Un paseo corto por el pueblo
Membrillera se recorre rápido. En media hora lo tienes bastante visto, pero eso no es un problema; en realidad es parte de la gracia.
La iglesia parroquial, dedicada a San Miguel, ocupa el centro de la vida del pueblo desde hace generaciones. Es sencilla, de esas que no buscan impresionar, pero que encajan bien con el tamaño del lugar. Cerca está la pequeña plaza, donde se juntan los vecinos cuando el tiempo acompaña.
Las calles mantienen bastante bien la arquitectura tradicional: muros gruesos, portones de madera y patios que apenas se adivinan desde fuera. Si caminas sin prisa verás también corrales antiguos y algunas casas restauradas por gente que volvió después de años viviendo en ciudad.
En pueblos así lo mejor suele ser caminar sin mapa. Das una vuelta, sales por la última calle y en dos minutos ya estás viendo campo abierto.
Senderos sencillos alrededor de Membrillera
La Sierra Norte aquí no es de grandes cumbres ni paisajes dramáticos. Es más bien un mosaico de monte bajo, encinas, robles y caminos que llevan siglos conectando pueblos.
Desde Membrillera salen pistas y senderos que utilizan vecinos, gente que tiene huertas o quien simplemente sale a andar un rato. Son rutas fáciles de seguir si te orientas un poco y no te alejas demasiado. El terreno alterna zonas de piedra, pequeños barrancos y lomas desde las que se ve bastante bien la sierra que rodea el valle.
En otoño aparece bastante afición a las setas por toda esta parte de Guadalajara. Níscalos, sobre todo, cuando las lluvias acompañan. Eso sí, aquí la gente del lugar se lo toma en serio: se recoge con cuidado y respetando las normas que haya cada temporada.
También es buen sitio para observar aves si te quedas quieto un rato. Es habitual ver buitres planeando sobre las laderas o escuchar rapaces moviéndose por el monte.
Qué hacer aquí (y qué no esperar)
Membrillera no es un destino para llenar un fin de semana con actividades. Y dicho así puede sonar a crítica, pero en realidad es todo lo contrario.
Es más bien ese tipo de sitio al que vienes una mañana tranquila: aparcas, das un paseo por el pueblo, sales a caminar por el campo y te sientas un rato a mirar el paisaje. Algo parecido a cuando paras en un área de descanso bonita en un viaje largo y acabas quedándote más tiempo del que pensabas.
Si te gusta el senderismo sencillo, la fotografía rural o simplemente cambiar el ruido de la ciudad por monte, el entorno cumple. Si buscas museos, tiendas o mucho movimiento, aquí no lo vas a encontrar.
Las fiestas del pueblo
Como en muchos pueblos pequeños de la provincia, el calendario se anima sobre todo en verano. Es cuando regresan familiares que viven fuera y el pueblo recupera durante unos días el ambiente que tenía hace décadas.
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto y giran alrededor de actos religiosos, comidas populares y actividades organizadas por los propios vecinos. Todo a escala pequeña, claro.
También se mantiene la tradición de San Isidro en primavera, muy ligada al mundo agrícola de la zona. No es raro que esos días la gente se junte en el campo o alrededor del pueblo para pasar la jornada juntos.
Cómo llegar a Membrillera
Membrillera está en la Sierra Norte de Guadalajara y lo habitual es llegar en coche desde la capital provincial por carreteras comarcales. El trayecto atraviesa zonas de campo abierto y pequeños pueblos que aparecen de repente detrás de una curva.
Conviene venir con la idea clara de dónde vas: no es un sitio de paso y los servicios en la zona son los de cualquier municipio muy pequeño.
Un consejo sencillo: trae agua, algo de comida y calzado cómodo si vas a caminar. Aquí el plan funciona mejor cuando no tienes prisa. Y si al final te quedas un rato más de lo previsto mirando la sierra… tampoco pasa nada. Suele ser lo normal.