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sobre Paredes de Sigüenza
Cercano a Sigüenza; conserva restos de muralla y ambiente medieval
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Un cencerro suena detrás de un muro y luego vuelve el silencio. Se oyen pasos sobre grava, una puerta que se cierra, el viento que baja por la ladera. Así empieza cualquier día en Paredes de Sigüenza, un pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara donde viven poco más de veinte personas.
Desde la carretera se ve un puñado de casas, tejados rojizos y algún corral abierto al campo. Nada monumental. El tiempo aquí parece medirse con otra vara.
El terreno tiene el aspecto áspero de la serranía: encinas bajas, sabinas dispersas, lomas que se ondulan hasta perderse. En invierno la luz es dura; los grises de la piedra y los marrones de la tierra se vuelven nítidos.
Calles cortas y piedra en bruto
El pueblo se recorre en pocos minutos. Las calles son cortas, con muros de mampostería irregular y portones pesados que muestran las marcas del uso. Algunas rejas antiguas conservan un hierro oscuro junto a la cal de las fachadas.
La iglesia parroquial es sencilla y robusta. La torre, recta, se ve desde los campos cercanos. En días de viento el aire golpea los muros con fuerza; es uno de esos edificios hecho para aguantar.
Si vas en fin de semana o en verano quizá encuentres más movimiento, porque muchas casas se abren solo en vacaciones. Entre semana, especialmente por la mañana, es frecuente caminar sin cruzarse con nadie.
Los caminos que salen del pueblo
Alrededor salen varias pistas de tierra que conectan con otros núcleos diminutos. Son caminos amplios, de los que han usado tractores y ganado.
El paisaje se entiende mejor caminando un rato fuera del casco. A medida que te alejas, el pueblo queda reducido a un grupo de tejados entre campos abiertos. En los cielos no es raro ver buitres leonados planeando en círculos amplios.
Trae agua y algo de abrigo incluso en primavera. El viento aquí cambia rápido y hay pocos lugares donde resguardarse.
La cercanía de Sigüenza
A pocos kilómetros está Sigüenza, más grande y con un casco histórico conocido. Su catedral domina el perfil.
Mucha gente combina ambos lugares el mismo día: Sigüenza para pasear por sus calles antiguas y Paredes para ver cómo es un pueblo al margen del movimiento turístico. El contraste se nota enseguida.
Comidas y vida cotidiana
Con una población tan pequeña, lo normal es desplazarse a otros pueblos cercanos o a Sigüenza si se quiere comer fuera. La cocina de la zona sigue siendo la de siempre: cordero asado, migas, miel de la sierra o quesos elaborados en la provincia.
Son platos ligados al frío y al trabajo en el campo.
Las fiestas que reúnen a los que se fueron
Las celebraciones patronales suelen caer en verano. Durante esos días regresan familias que ahora viven en otras ciudades y el pueblo cambia de ritmo: más coches aparcados, puertas abiertas, conversaciones largas en la calle al caer la tarde.
El resto del año Paredes vuelve a su tamaño habitual. Un lugar expuesto al viento de la sierra y a un horizonte amplio donde, al anochecer, las estrellas aparecen antes de lo que uno espera.