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sobre Sigüenza
Ciudad del Doncel; principal destino turístico con catedral y castillo parador
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Desde la A-2, Sigüenza aparece como un cerro de roca clara en medio de la llanura cerealista. La ciudad se encarama a esa altura desde hace más de dos mil años. Los celtíberos la conocieron como Segontia y los romanos la integraron en la red de caminos que cruzaba la Meseta. Después llegaron visigodos y musulmanes, que reforzaron la posición defensiva del lugar. Cuando el obispo Bernardo de Agén tomó la plaza en el siglo XII, el interés era evidente: un punto de control entre Castilla y el Levante. De ahí nace la Sigüenza actual, organizada alrededor de una catedral y de un poder episcopal que marcó la vida local durante siglos.
La piedra que explica el pueblo
La Catedral de Santa María se empezó a levantar poco después de la conquista cristiana. El edificio no responde a un único estilo porque se fue ampliando y reformando con el paso del tiempo: quedan rasgos románicos en la estructura inicial, el gótico aparece en varios tramos de la nave y el Renacimiento se deja ver en espacios como la sacristía. Es uno de esos templos que se entienden mejor si se miran como un proceso largo, no como una obra cerrada.
En la Capilla de Santa Catalina está el llamado Doncel de Sigüenza, Martín Vázquez de Arce, muerto en la guerra de Granada a finales del siglo XV. La escultura funeraria, tallada en alabastro, lo muestra recostado leyendo. Más que un símbolo épico, habla de una familia que quiso asegurar memoria dentro de la catedral. En el exterior, junto al muro sur, se conservan también varias tumbas antropomorfas excavadas en la roca, anteriores al edificio actual.
El castillo sobre la ciudad
El castillo domina todo el conjunto urbano desde la parte alta. La fortaleza comenzó a levantarse en el siglo XII como residencia de los obispos de Sigüenza y pieza defensiva del nuevo territorio castellano. Con el tiempo sufrió reformas y episodios turbulentos. La tradición sitúa aquí el encierro de Blanca de Borbón, esposa de Pedro I, a mediados del siglo XIV.
Hoy el edificio está restaurado y funciona como alojamiento, pero su estructura sigue siendo reconocible: murallas gruesas, patio interior, torres y una posición privilegiada sobre la ciudad. Desde la parte alta se entiende bien la forma del casco histórico, con las calles ascendiendo hacia la catedral y las casas agrupadas en torno a la plaza mayor.
Lo que se come en esta parte de la sierra
La cocina local gira alrededor del cordero y de los productos de la ganadería. El asado en horno de leña sigue siendo habitual en celebraciones y fines de semana. También aparecen platos ligados a la vida rural, como las migas acompañadas de uvas o embutidos.
En la zona se elaboran quesos de oveja con curaciones largas, a menudo con un sabor bastante marcado. En cuanto a los dulces, la repostería de tradición conventual dejó recetas que todavía circulan por casas y obradores: almendra, yema y azúcar como base de la mayoría.
Caminar por los alrededores
Los alrededores de Sigüenza permiten paseos sencillos que ayudan a entender el paisaje de la Sierra Norte de Guadalajara. Hay caminos que rodean la ciudad y pasan junto a edificios históricos como la llamada Casa del Doncel, un palacio urbano del siglo XV con galería gótica en la fachada.
Más allá del casco urbano aparecen ermitas dispersas y caminos agrícolas entre campos de cereal, encinas sueltas y pequeñas crestas calizas que anuncian las sierras cercanas. En otoño todavía es posible ver rebaños en movimiento por estas rutas tradicionales, siguiendo antiguos recorridos ganaderos.
Cómo organizar la visita
Sigüenza está bien comunicada por carretera con el corredor del Henares y con Madrid a través de la A‑2. También llega el tren regional desde la capital.
El casco histórico se recorre a pie sin dificultad, aunque algunas calles tienen bastante pendiente. La catedral suele tener horarios de visita diferenciados entre culto y turismo, por lo que conviene comprobarlos antes de entrar. En la parte baja del municipio, cerca de la estación, hay zonas donde dejar el coche y subir caminando.
A lo largo del año se organizan recreaciones históricas y mercados temáticos que llenan las calles del casco antiguo. Si coincides con uno de esos fines de semana, es probable encontrar más ambiente… y también más gente de lo habitual.
Sigüenza no se entiende solo como un pueblo bonito en lo alto de un cerro. Es, sobre todo, una ciudad episcopal construida para controlar territorio. Esa lógica sigue visible en la catedral, en el castillo y en la forma en que el caserío se adapta a la ladera. Aquí la historia no está en un museo: está en la piedra que sostiene todo el conjunto.