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sobre Valdepeñas de la Sierra
Entorno de cárcavas y el río Jarama; paisaje espectacular
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Al atardecer, una luz grisácea se cuela entre las tejas de pizarra de las casas, y en los callejones del casco antiguo el silencio solo se rompe con los pasos de alguien que arrastra una escoba o el golpe seco de una puerta de madera al cerrarse. La sensación que deja recorrer Valdepeñas de la Sierra no es la de un pueblo preparado para visitantes, sino la de una comunidad que sigue a su ritmo, con las persianas subiendo despacio por la mañana y el sonido de algún tractor perdiéndose camino del campo.
Situado a unos 900 metros en plena Sierra Norte de Guadalajara, el pueblo se apoya sobre una ladera donde la pizarra domina el paisaje. Muros oscuros, tejados pesados, calles que suben y bajan sin demasiada lógica. La arquitectura parece haber salido directamente del terreno: piedra, madera, muros gruesos que guardan el calor en invierno y algo de frescor cuando aprieta el verano. Caminar por aquí es ir encontrando corrales, pequeños huertos y puertas bajas que recuerdan que durante mucho tiempo este fue un lugar de ganaderos.
El núcleo del pueblo y la iglesia de San Esteban
El patrimonio es sencillo y está concentrado alrededor de la iglesia parroquial de San Esteban. El edificio, levantado hace varios siglos y reformado en distintas épocas, mantiene un interior sobrio, con muros gruesos y ventanas pequeñas por donde entra una luz fría en las mañanas de invierno.
A su alrededor se abre la plaza principal, con una fuente de piedra y bancos donde los vecinos se sientan cuando cae la tarde. No es raro ver a alguien apoyado en el bastón mirando cómo pasan los coches —pocos— o escuchando el ruido de los gorriones entre los cables.
Conviene recorrer el casco sin prisa. Algunas de las calles más interesantes ni siquiera están señaladas: callejones estrechos, escalones irregulares, patios donde asoma la leña apilada para el invierno.
Pinares y monte bajo alrededor del pueblo
Lo que realmente marca el carácter de Valdepeñas de la Sierra empieza en cuanto sales de las últimas casas. El terreno se abre en laderas cubiertas de pino silvestre y pino negral, con manchas de jaras y robles que en otoño cambian el color del monte.
Hay varios caminos agrícolas y forestales que parten del propio pueblo. Muchos se usaron durante años para mover ganado entre prados y dehesas cercanas. No todos están señalizados, así que conviene llevar mapa o GPS si piensas caminar un buen rato.
En los bordes del monte todavía se ven rebaños de ovejas y cabras. También es fácil cruzarse con corzos a primera hora o al caer la tarde. Si te gusta observar aves, las rapaces suelen aprovechar las corrientes que suben por las laderas.
El otoño es especialmente interesante para caminar por estos montes. Tras las primeras lluvias aparece el olor a hoja húmeda y no es raro que salgan níscalos o boletus en algunas zonas de pinar. Aun así, la recolección de setas requiere conocimiento y respeto por el entorno.
Caminos rurales y paseos tranquilos
Más que rutas espectaculares, aquí lo habitual son paseos largos por pistas forestales y senderos que enlazan fincas y barrancos. Algunos vecinos hablan todavía del llamado Camino del Roble, uno de esos itinerarios tradicionales que atraviesan zonas de prado y manchas de bosque.
Son caminos tranquilos, con poco tránsito. En verano conviene salir temprano porque el sol cae con fuerza en las zonas abiertas. En invierno ocurre lo contrario: las umbrías pueden mantener hielo durante buena parte de la mañana.
Pueblos cercanos de la Sierra Norte
Valdepeñas de la Sierra queda dentro de una zona donde los pueblos aparecen separados por montes y carreteras estrechas. Con coche y algo de tiempo se puede enlazar con otras localidades de la sierra como Majaelrayo o Campillo de Ranas, donde la arquitectura de pizarra sigue muy presente en las casas y en los tejados.
La conducción por estas carreteras suele ser tranquila, aunque hay bastantes curvas y algunos tramos estrechos. En invierno no es raro encontrar niebla o hielo a primera hora.
Fiestas y momentos del año
En agosto se celebran las fiestas dedicadas a San Esteban. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo: llegan vecinos que viven fuera y las calles se llenan más de lo habitual. Hay procesiones cortas por el casco y por la noche la música se escucha desde varios rincones del pueblo.
En enero se mantiene la tradición de San Antón. La hoguera en la plaza reúne a los vecinos mientras se bendicen animales domésticos. El humo sube despacio entre las casas de piedra y el frío suele apretar bastante, así que no sobra llevar ropa de abrigo si coincides con esas fechas.
Cómo llegar y cuándo ir
Valdepeñas de la Sierra se alcanza por carreteras secundarias desde Tamajón, siguiendo hacia el norte por la sierra. El último tramo tiene curvas y calzada estrecha, algo habitual en esta parte de Guadalajara.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para recorrer los caminos del entorno. En verano el sol pega fuerte a mediodía y en invierno las heladas pueden durar varios días seguidos, sobre todo en las zonas de umbría.
Valdepeñas de la Sierra no gira alrededor del turismo. Es un pueblo pequeño —apenas algo más de un centenar de habitantes— donde la vida sigue marcada por el campo, el monte y las estaciones. Quien llega con tiempo y sin prisa suele llevarse lo mismo: el sonido del viento en los pinares, el olor de la leña y la sensación de que aquí el reloj avanza de otra manera.