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sobre Santa Olalla
Villa de paso en el Camino Real; destaca por su iglesia de San Julián y patrimonio
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El domingo de agosto en que la Virgen de la Piedad cruza el pueblo, Santa Olalla huele a tomillo pisado y a sopa de conejo que se enfría en las cocinas. En los balcones cuelgan tapices de colores —verde, rojo, amarillo— que anuncian la procesión. Al caer la tarde la imagen vuelve a su capilla. Los costaleros, descalzos, dejan sobre el empedrado manchas de vino y cera. Ese suelo lo pisaron también los moriscos expulsados a comienzos del siglo XVII. Antes lo habían hecho los castellanos que repoblaron la villa tras la toma de Toledo en 1083.
La Sagra en un pueblo
Santa Olalla está en la comarca de Torrijos, en plena Sagra toledana. Es una tierra llana donde mandan el cereal y el ganado. La autovía de Extremadura pasa cerca, y Madrid queda a menos de una hora. Aun así, el pueblo conserva un ritmo propio. El viento barre la llanura y golpea la torre de San Pedro Apóstol.
La iglesia actual es fruto de varias reformas. Algunas partes parecen del siglo XVIII. En el exterior se mezclan ladrillo rojo y sillarejo. Un arco apuntado, probablemente medieval, sobrevivió a las ampliaciones. Dentro, la pila bautismal románica sigue en uso. El retablo mayor es posterior al original, que se perdió hace tiempo.
Desde los alrededores de la torre se entiende bien el paisaje. Trigo, olivares dispersos y, hacia la dehesa, manchas de pinar que rompen la llanura.
A poca distancia aparece la iglesia de San Julián. Allí se conserva el panteón ligado a los Condes de Orgaz. La familia tuvo presencia en la zona durante siglos. El lugar es sobrio: lápidas de mármol y escudos tallados. Nada más.
La plaza cercana recuerda otra función antigua del pueblo. Santa Olalla estaba junto a la Cañada Real Segoviana. Durante siglos pasaron rebaños trashumantes. Se dice que en la plaza había piedras que marcaban el pago del portazgo. Algunas aún se ven.
El tiempo de los Guzmanes
El nombre de Santa Olalla aparece en documentos del entorno de Toledo desde el siglo XII. La repoblación cristiana llegó pronto tras la conquista de la zona. Como en buena parte de La Sagra, la economía giró durante siglos alrededor del trigo, el olivo y la oveja.
En la Casa de Cultura se guarda una pieza conocida como el «Capitel de los Guzmanes». Es un resto heráldico hallado en la villa. Probablemente procede de un antiguo palacio desaparecido. Lleva grabadas aspas asociadas a la Orden de Calatrava y un águila bicéfala bastante tosca.
El edificio del ayuntamiento conserva un viejo reloj mecánico. Durante décadas marcó el ritmo de la plaza. Hoy la maquinaria antigua se guarda dentro del edificio. Muchos vecinos recuerdan aún su sonido al mediodía.
Gazpacho que aquí se come con cuchara
En Santa Olalla el gazpacho no se bebe. Se come con cuchara. Lleva carne de caza menor, pan asentado y tomate. La receta cambia según la casa.
En invierno aparecen las migas sagraeras. Suelen llevar panceta, chorizo y a veces uvas pasas. En carnaval es común ver tortas de chicharrones. Se venden envueltas en papel de estraza. En Semana Santa se preparan pestiños bañados en miel.
El queso manchego forma parte de la despensa habitual. En los pueblos de alrededor todavía hay ganaderos que lo curan de forma tradicional.
Procesiones y romerías
La Semana Santa tiene bastante peso en el calendario local. Varias cofradías sacan imágenes de madera policromada. El Viernes Santo el recorrido se hace con luz de cirios. El tambor rompe el silencio en algunos tramos.
El 15 de agosto la Virgen de la Piedad baja desde su ermita. El camino desciende desde el cerro hasta el pueblo. El traslado suele hacerse de noche. Hay antorchas y música de banda.
En febrero se celebra la romería de San Blas. La ermita queda en una pequeña altura junto al pueblo. El camino es corto. Aun así, la subida se alarga entre paradas y saludos. Allí arriba se bendicen panes y pequeños objetos que llevan los niños.
Cómo moverse por Santa Olalla
Santa Olalla se recorre andando sin dificultad. El centro conserva calles cortas y bastante llanas. Los alrededores, en cambio, se abren enseguida al campo.
El camino que sube a la ermita de San Blas es breve. En invierno puede tener barro. Conviene llevar calzado cerrado. Desde arriba se ve bien la llanura de La Sagra.
Cerca del pueblo pasa también el antiguo camino hacia Escalona y Guadalupe. Algunos tramos aún se utilizan como sendero agrícola.
Al atardecer la luz cae horizontal sobre los trigales. Entonces Santa Olalla parece quedarse quieta unos minutos. Es el momento en que mejor se entiende la relación entre el pueblo y la llanura que lo rodea.