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sobre Trillo
Conocido por las cascadas del Cifuentes al Tajo y su balneario
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía tarda en asomar por encima de los cortados, el agua del Tajo suena más que el propio pueblo. En Trillo, el río pasa muy cerca de las casas y arrastra un murmullo constante que se cuela entre las calles. Hay días en que el aire huele a humedad y a pino, sobre todo después de una noche fresca. Entonces el pueblo se despierta despacio: alguna persiana que sube, un coche que cruza el puente, el vapor tenue que se levanta en algunos puntos del agua.
Trillo ronda los mil y pico habitantes y se asienta a unos 700 metros de altitud, en plena Alcarria guadalajareña. No es un lugar detenido en el tiempo: hay construcciones nuevas, coches aparcados en las cuestas y vida cotidiana. Pero el río y las aguas termales siguen marcando el carácter del sitio, igual que lo han hecho durante generaciones.
El Tajo dentro del pueblo
Aquí el Tajo no es un paisaje lejano: forma parte de la vida diaria. Desde el puente se ve cómo el agua se abre paso entre la vegetación de ribera y los taludes de roca clara que rodean el valle. Las casas se escalonan en la ladera, algunas con muros de piedra envejecida y otras revocadas hace relativamente poco.
Si bajas hacia la orilla por los caminos que siguen el curso del río, el sonido cambia. El tráfico desaparece y quedan las corrientes golpeando las rocas y el roce de las ramas bajas. En invierno el agua suele bajar más fría y el contraste con algunos manantiales templados se nota incluso en el aire.
Las aguas termales
Las aguas termales forman parte de la historia local desde hace siglos. Ya en el XVIII fueron reconocidas por sus propiedades y desde entonces han tenido distintas etapas de uso. Hoy siguen presentes en la memoria del pueblo y en algunos puntos cercanos al río donde el agua brota a una temperatura más alta de lo habitual.
En mañanas frías es fácil ver pequeñas columnas de vapor levantándose sobre la superficie. No es algo espectacular, más bien discreto, pero llama la atención cuando el resto del paisaje está helado o cubierto de escarcha.
Caminos junto al río y por la Alcarria
Los alrededores de Trillo se recorren bien a pie. Hay senderos que siguen el curso del Tajo durante varios kilómetros y otros que suben hacia los montes cercanos, entre pinos, encinas y parcelas de cultivo.
A ratos el paisaje se abre en lomas suaves, muy propio de la Alcarria: olivares dispersos, campos que cambian de color según la estación y caminos de tierra por los que apenas pasan coches. En los tramos más tranquilos del río no es raro ver garzas quietas en la orilla o cormoranes secándose sobre las ramas.
Si vas a caminar, primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos. En verano el sol cae con fuerza en las horas centrales del día y muchos tramos tienen poca sombra.
Lo que se come cuando llega la temporada
La cocina de la zona sigue muy ligada al campo. Platos contundentes, pensados para jornadas largas y frías: guisos espesos, carne de cordero, recetas tradicionales hechas con pan, harina o aceite de oliva.
Cuando llegan las lluvias de otoño aparecen setas en los montes cercanos, y en primavera no faltan los espárragos silvestres. Son ingredientes que todavía circulan por muchas cocinas de la comarca, más por costumbre que por moda.
El ritmo del año en el pueblo
El calendario se anima sobre todo en verano. Es cuando regresan muchos vecinos que viven fuera y el pueblo cambia de volumen: más gente en las calles, niños jugando cerca del río, música por la noche en la plaza.
También hay celebraciones ligadas al calendario religioso, como ocurre en muchos pueblos de la Alcarria. No son grandes espectáculos; más bien reuniones que mezclan tradición, familia y esa sensación de que el pueblo, durante unos días, vuelve a estar lleno.
Quien llegue fuera de esas fechas encontrará otro ambiente: más tranquilo, con el río llevando el protagonismo y el sonido del agua acompañando casi cualquier paseo por Trillo.