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sobre Villamalea
Importante centro productor de champiñón y vino; destaca por sus parajes naturales como Los Cárceles
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Los miércoles de ceniza, cuando el pueblo huele a sardinas fritas y a humo de las hogueras de carnaval, Villamalea recupera un ritmo que aquí se reconoce enseguida. Las mujeres preparan la masa —harina, agua, un chorrito de aceite— y la aplastan contra la sartén hasta que la torta se infla. No es un capricho gastronómico: es la forma que tiene este rincón de La Manchuela de marcar el final del invierno y el comienzo de otro ciclo agrícola.
El valle que dibujó el pueblo
Villamalea está a unos 740 metros de altitud, en el paisaje abierto de La Manchuela, entre los cursos del Júcar y del Cabriel. El término municipal combina llanos de cultivo con barrancos que descienden hacia los ríos. Hoy domina el cereal, aunque la vid ha tenido peso durante generaciones y todavía forma parte de la economía local a través de la actividad cooperativa.
La trama urbana responde a un esquema bastante claro: calles rectas que acaban convergiendo en la plaza. Allí se levanta la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, construida a comienzos del siglo XVII. Su aspecto actual responde a reformas posteriores, pero mantiene una presencia rotunda en el perfil del pueblo gracias a la torre. En el interior se conserva un retablo barroco de la misma centuria.
No muy lejos está la ermita de la Purísima, un edificio anterior, probablemente del siglo XVI. El artesonado de madera del techo es uno de los elementos que más llaman la atención cuando se entra. Durante la Guerra Civil, según recuerdan los vecinos mayores, algunas imágenes religiosas se guardaron aquí para evitar daños.
Cuando el pueblo se inventó una fiesta
Si hay algo que muchos asocian hoy con Villamalea es la carrera de camas. Nació a finales de los años setenta de forma bastante improvisada, cuando a alguien se le ocurrió empujar un catre durante una verbena. Aquella broma acabó convirtiéndose en una competición que se repite cada verano.
La prueba forma parte de las fiestas dedicadas al Santísimo Cristo de la Misericordia, que suelen celebrarse en agosto. Las camas se transforman en pequeños vehículos con ruedas y decoración propia, y los equipos recorren varias calles del centro mientras el resto del pueblo se agolpa en las aceras. Es uno de esos casos en los que una ocurrencia local termina definiendo la identidad festiva del lugar.
Durante esos días también se organizan recorridos por bodegas particulares del casco urbano, donde los vecinos comparten vino de la zona y algo de comida sencilla. La fiesta acaba casi siempre en la plaza, con música y gente alargando la noche hasta que baja un poco el calor.
El Cabriel cerca
Al sur del término municipal el paisaje cambia. El río Cabriel ha excavado un sistema de hoces y cortados calizos que forman parte de un espacio natural protegido. La vegetación se vuelve más densa y aparecen pinares, matorral mediterráneo y zonas de ribera.
Existen varios caminos que permiten acercarse a este entorno. Algunos senderos señalizados recorren barrancos y miradores naturales sobre el río. En ellos es habitual ver rapaces planeando sobre las paredes de roca; los buitres leonados son relativamente frecuentes en esta zona. En verano, muchos vecinos bajan hasta las zonas donde el río forma pozas para buscar algo de fresco.
El valle del Cabriel también fue zona sensible durante la Guerra Civil. La comarca quedó en la retaguardia republicana y se organizaron colectividades agrarias. Todavía se mencionan restos de trincheras en algunos parajes, aunque hoy la vegetación los disimula bastante.
Cómo llegar y qué llevarse
Villamalea se encuentra en el noreste de la provincia de Albacete, dentro de la comarca de La Manchuela. El acceso más habitual es por la N‑322, que conecta la zona con Albacete y con la provincia de Cuenca. Desde esa carretera salen los desvíos hacia el municipio.
El centro se recorre sin dificultad a pie. Conviene dejar el coche en las calles más exteriores y caminar hasta la plaza.
En febrero es fácil encontrarse con las tortas de sardinas del Miércoles de Ceniza, una costumbre muy arraigada en el pueblo. Y si se pasa por aquí en verano, merece la pena acercarse a alguna tienda local para probar productos de la zona: quesos curados, miel de romero o vino elaborado en la comarca. Son parte de la misma economía agrícola que ha marcado la vida de Villamalea durante generaciones.