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sobre Villarrobledo
Mayor viñedo del mundo y referente del Carnaval; ciudad con rico patrimonio renacentista y festival Viña Rock
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A las ocho de la mañana las campanas de San Blas cruzan el aire frío y rebotan contra las fachadas claras del centro. El sol todavía está bajo. La luz cae de lado sobre los tejados rojizos y sobre los campos de vid que rodean la ciudad. En Villarrobledo todo parece empezar ahí fuera, en la llanura. El horizonte es tan limpio que cuesta distinguir dónde termina la tierra y empieza el cielo.
Desde el Campo de San Juan la ciudad se ve compacta, baja, extendida. No hay cuestas ni grandes cambios de altura. Solo calles rectas que se abren paso entre casas de ladrillo, patios interiores y algún edificio antiguo que recuerda que este lugar lleva siglos viviendo del campo.
La plaza y la iglesia de San Blas
La Plaza de Ramón y Cajal concentra buena parte del pulso diario. A media mañana se oye el ruido de las persianas de los comercios subiendo y el murmullo de la gente cruzando la plaza sin prisa. El Ayuntamiento, levantado en el siglo XVI, mantiene esa sobriedad de piedra clara que en La Mancha envejece bien. Con los años la caliza toma un tono marfil, mate, como si la hubiera pulido el viento.
A pocos pasos aparece la iglesia de San Blas. Por fuera tiene algo de edificio defensivo, con muros gruesos y volumen compacto. Dentro cambia la sensación. La madera del artesonado oscurecida por el tiempo y el olor a cera crean una penumbra tranquila incluso en días de mucho sol. A ciertas horas la luz del rosetón cae sobre el suelo de losas y dibuja círculos de luz que se mueven lentamente a lo largo de la mañana.
Tierra de tinajas y viñas
Si hay algo que explica Villarrobledo es el barro y la vid. Durante mucho tiempo aquí se fabricaron grandes tinajas donde fermentaba el vino de media Mancha. Algunas bodegas de la zona aún conservan estas piezas enormes, de arcilla cocida, alineadas en naves frescas que huelen a humedad y mosto.
La uva Cencibel —la que en otros lugares llaman tempranillo— domina el paisaje. A finales del verano la vendimia cambia el ritmo de la ciudad. En esos días pasan tractores y camiones cargados de cajas por las avenidas que entran desde el campo. El aire se llena de ese olor dulce del mosto recién prensado que se queda pegado a las calles durante semanas.
Si te interesa ver movimiento en los viñedos, principios de otoño suele ser buen momento. En pleno verano el calor aprieta de verdad y la actividad se concentra muy temprano por la mañana.
Los viernes de mercado
El Paseo de la Feria se llena los viernes por la mañana. Hay puestos de ropa, de fruta, de herramientas, y también productos de la zona. El queso manchego deja un olor seco, intenso, que se mezcla con el del pan recién hecho de las panaderías cercanas.
En muchas casas todavía se preparan platos de cocina manchega sin demasiadas ceremonias. Los gazpachos manchegos se hacen con carne de caza o conejo y trozos de torta de pan que espesan el caldo. Son platos de invierno, de mesa larga y cazuela en el centro. También aparecen dulces sencillos, como las tortas de manteca, que se comen por la mañana con café.
Mirar la llanura
En el borde del casco antiguo queda una torre del reloj que recuerda a los antiguos tramos de muralla. Desde allí la vista vuelve a lo mismo: kilómetros de viña ordenada en líneas muy rectas, olivares dispersos y caminos de tierra que se pierden hacia otras pedanías.
La Mancha aquí es completamente horizontal. En invierno los campos quedan desnudos y rojizos. En primavera aparece un verde suave en las cepas jóvenes. En verano todo vira hacia el ocre y el polvo.
Villarrobledo vive con ese paisaje pegado a las puertas. No hay grandes monumentos ni panorámicas espectaculares. Lo que hay es vida agrícola real, cooperativas trabajando y barrios donde todavía se habla de la vendimia como se ha hecho siempre.
Si vas, conviene moverse temprano o al caer la tarde cuando el calor baja. Agosto suele ser duro y muy quieto. En cambio, a finales de primavera o cuando empieza la vendimia, la ciudad tiene más movimiento y la luz sobre los viñedos cambia cada hora.