Artículo completo
sobre Atapuerca
Pequeño pueblo que da nombre a los yacimientos prehistóricos más importantes de Europa
Ocultar artículo Leer artículo completo
Atapuerca está a unos 15 kilómetros al este de Burgos, en el borde de una pequeña sierra caliza que domina los campos del Alfoz. Viven aquí menos de doscientas personas. El nombre del pueblo, sin embargo, aparece con frecuencia en libros de prehistoria y revistas científicas: bajo estas colinas se encontraron algunos de los restos humanos más antiguos de Europa occidental.
La vida diaria del pueblo sigue otro ritmo. Calles cortas, casas de piedra y adobe, corrales y huertas. Alrededor, cereal y lomas suaves que cambian de color según la estación. Por el casco urbano también pasa el Camino de Santiago, así que no es raro ver peregrinos cruzando la plaza a media mañana.
La importancia científica de la sierra no ha cambiado demasiado la escala del lugar. Atapuerca sigue siendo un pueblo pequeño de la provincia de Burgos, aunque el cerro que lo rodea haya obligado a los arqueólogos a replantear buena parte de lo que se sabía sobre la presencia humana en Europa.
Los yacimientos de la sierra
La Sierra de Atapuerca concentra varios yacimientos arqueológicos excavados desde finales del siglo XX y declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Los nombres —Gran Dolina, Sima de los Huesos o Sima del Elefante— aparecen con frecuencia en publicaciones científicas porque en ellos se han identificado restos de especies humanas muy antiguas, entre ellas Homo antecessor y Homo heidelbergensis.
Las excavaciones no se pueden recorrer libremente. Las visitas se organizan con guía y en periodos concretos del año, cuando los trabajos lo permiten. A las afueras del pueblo está el centro de arqueología experimental, donde se explica cómo se excava un yacimiento y qué tipo de herramientas se utilizaban en la prehistoria. Sirve para entender mejor lo que ocurre en la sierra antes de acercarse a los cortes abiertos en la roca.
El pueblo y su iglesia
En el centro del pueblo está la iglesia de San Martín Obispo. El edificio actual responde a reformas de época tardogótica y posteriores añadidos renacentistas. No es un templo monumental. Tiene una nave sencilla y muros sobrios, muy en la línea de las iglesias rurales de esta parte de Burgos.
Algunas casas conservan escudos de piedra en las fachadas, recuerdo de familias hidalgas vinculadas a la administración local o al control de tierras en siglos pasados. También se ven bodegas excavadas en la ladera, habituales en muchos pueblos de la provincia. Varias quedaron abandonadas cuando cambió la forma de producir y almacenar vino.
La sierra y los caminos
La sierra que da nombre al pueblo no es muy alta, pero sí geológicamente interesante. Es un relieve kárstico: caliza, grietas y cavidades que con el tiempo formaron cuevas y galerías. De ahí procede buena parte de los hallazgos arqueológicos.
Hay senderos señalizados que recorren estas lomas entre encinas, quejigos y claros de matorral bajo. El terreno es irregular en algunos tramos, así que conviene caminar con algo de atención. Desde las partes altas se ve bien la llanura cerealista que rodea Burgos.
El Camino de Santiago atraviesa el término municipal antes de seguir hacia los Montes de Oca. Muchos peregrinos cruzan el pueblo sin desviarse hacia la sierra, aunque cada vez más se detienen para entender por qué este lugar aparece en tantos estudios sobre la evolución humana.
Datos prácticos para la visita
El pueblo se recorre rápido. Lo que suele llevar más tiempo es la visita organizada a los yacimientos y al centro de interpretación. Conviene informarse antes de ir, porque el acceso a las excavaciones depende del calendario de trabajos arqueológicos.
Si se quiere completar la visita, el Museo de la Evolución Humana en la ciudad de Burgos ayuda a poner en contexto los hallazgos de la sierra. Allí se conservan y explican muchas de las piezas encontradas en Atapuerca.