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sobre Fuentesecas
Minúsculo pueblo en la meseta toresana; destaca por la tranquilidad absoluta y los campos de cereal que lo rodean hasta el horizonte
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En el corazón de la comarca del Alfoz de Toro, donde las llanuras cerealistas de Zamora dibujan un paisaje de horizontes amplios, se encuentra Fuentesecas, una pequeña aldea que conserva bastante bien la arquitectura y el ritmo de la Castilla rural. Con apenas unos pocos decenas de habitantes censados y situada a unos 788 metros de altitud, esta localidad es más una parada tranquila que un destino de larga estancia: un sitio donde el tiempo va despacio y las cosas que hay que ver se cuentan rápido.
El nombre de Fuentesecas evoca precisamente uno de los elementos más característicos de estas tierras: el agua. A pesar de su denominación, la presencia de manantiales y fuentes ha marcado históricamente la vida del pueblo, condicionando cultivos, ganados y hasta la ubicación de las casas. Pasear por sus calles es recordar ese pasado agrícola y ganadero, con construcciones tradicionales de piedra y adobe que hablan de siglos de trabajo en el campo.
La localidad forma parte de ese entramado de pequeños pueblos que conforman el Alfoz de Toro, una comarca con raíces medievales que se extiende por la provincia zamorana. Aquí el silencio es real, y fuera de fiestas o fines de semana de verano lo habitual es cruzarse con muy poca gente por la calle.
¿Qué ver en Fuentesecas?
El interés de Fuentesecas está, sobre todo, en su arquitectura popular y en poder ver un urbanismo rural que aún conserva su estructura tradicional. La iglesia parroquial constituye el epicentro del pueblo, como corresponde a la tradición castellana, y merece una parada para fijarse en los volúmenes, la fábrica de los muros y los añadidos que ha ido acumulando con los años. No esperes grandes retablos ni un interior muy monumental: aquí lo que habla es el conjunto.
Recorrer las calles de Fuentesecas permite descubrir ejemplos de arquitectura tradicional zamorana, con viviendas de mampostería, portones de madera envejecidos y patios interiores que resumen bien el modo de vida rural de antaño. Las bodegas subterráneas, características de esta zona vitivinícola, siguen ahí, aunque muchas estén en desuso o sean de propiedad privada y no se puedan visitar más que desde fuera. Conviene mirar, pero no traspasar: son espacios de trabajo y memoria familiar más que atractivos turísticos.
Los alrededores del pueblo abren la vista al mosaico de cultivos que se extiende hasta el horizonte. Es una geografía llana, típica de la meseta castellana, que tiene su mejor momento al atardecer, cuando la luz baja y se marcan las líneas de los campos. Las fuentes y abrevaderos tradicionales salpican el término municipal y ayudan a entender por qué el agua ha sido siempre asunto serio en estas tierras de secano.
Qué hacer
Fuentesecas se presta al turismo de descanso y a paseos tranquilos sin grandes pretensiones deportivas. Los caminos rurales que rodean la localidad permiten salir a pie o en bicicleta, seguir las vías entre parcelas y observar la fauna local: cernícalos, perdices, liebres y otras especies habituales de la meseta, siempre que se tenga paciencia y algo de silencio. No hay senderos marcados como tal; se camina por los mismos caminos de labor que usan los tractores.
La gastronomía local sigue las pautas de la provincia de Zamora, con platos contundentes basados en legumbres, carnes de la zona y productos de la huerta. Embutidos caseros, cordero asado y sopas castellanas forman parte del recetario tradicional que se prepara más en casas que en bares: en una localidad tan pequeña es fácil que no encuentres dónde comer, así que conviene llevarlo previsto y pensar en comer en los pueblos cercanos del Alfoz de Toro.
La proximidad a Toro, a unos 20 kilómetros, permite combinar la visita a Fuentesecas con un recorrido por esta ciudad monumental conocida por su colegiata, sus bodegas con Denominación de Origen y su patrimonio artístico. Lo razonable es plantear Fuentesecas como complemento tranquilo dentro de una ruta por la comarca, más que como eje central del viaje.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de Fuentesecas se celebran durante el verano, siguiendo la costumbre de muchos pueblos castellanos de reunir a los que viven fuera cuando el calendario laboral lo permite. Son celebraciones pequeñas, ajustadas al tamaño del pueblo, pero en las que todavía se mantiene la lógica de la convivencia vecinal, las misas, procesiones y actividades sencillas para todos.
Como en toda la comarca, el calendario festivo tuvo siempre mucha relación con las labores agrícolas: siembra, siega, vendimia… Muchas de esas tradiciones se han ido perdiendo o transformando, pero el espíritu comunitario se nota en cuanto hay motivo para juntarse en la plaza o en torno a la iglesia.
Información práctica
Para llegar a Fuentesecas desde Zamora capital, hay que recorrer aproximadamente 50 kilómetros en dirección noreste. La ruta más habitual pasa por Toro, tomando después la carretera que atraviesa el Alfoz. El acceso se realiza por carreteras comarcales, sin grandes complicaciones, que discurren entre campos de cultivo. De noche, o con niebla, conviene ir con calma: hay poca iluminación y poco tráfico.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por caminos de tierra, algo de abrigo fuera del verano (el aire de la meseta se deja notar) y prismáticos si interesa la observación de aves. Conviene planificar el alojamiento en Toro o en otros pueblos cercanos con más servicios, y llevar en el coche agua y algo de comida si se viaja fuera de las fechas festivas, porque no siempre vas a encontrar bares abiertos.
Respeta la propiedad privada, las bodegas y corrales cerrados, y, sobre todo, la tranquilidad de los vecinos de esta pequeña comunidad rural, donde cualquier coche forastero se nota y donde la calle sigue siendo una extensión de las casas.
Cuándo visitar Fuentesecas
La mejor época para visitar Fuentesecas, si lo que se busca es paisaje, suele ser la primavera, entre abril y junio, cuando los campos todavía están verdes y el calor no aprieta. El verano tiene el atractivo de las fiestas y de las noches al fresco, pero las temperaturas diurnas pueden ser muy altas y las horas centrales del día no invitan a caminar: organiza los paseos temprano o al caer la tarde.
El otoño, tras la vendimia y con los campos dorados o ya rastrojeados, ofrece una luz muy limpia y días todavía largos. El invierno es más duro: frío, viento y menos horas de luz, pero quien conozca la meseta sabrá apreciar también esa sobriedad. Eso sí, en días de lluvia o barro hay caminos que se vuelven incómodos para andar y, sobre todo, para meter el coche.
Lo que no te cuentan
Fuentesecas es un pueblo muy pequeño y se recorre en poco tiempo. En una visita normal, sin prisas, en una hora has visto el casco urbano y te has asomado a los alrededores. Pensarlo como una excursión de día completo se queda grande si no lo encajas dentro de una ruta por el Alfoz de Toro.
Las fotos que suelen circular enseñan la parte más cuidada del casco y los atardeceres sobre los campos, pero hay también casas caídas y solares vacíos, como en tantos pueblos de la España interior. No es un decorado, es un pueblo vivo aunque muy poco poblado, y conviene llegar con esa idea clara.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da un paseo por el núcleo urbano empezando en la iglesia, recorre las calles principales fijándote en portadas, corrales y fachadas antiguas y sal un poco hacia las afueras por cualquiera de los caminos de labor para ver el paisaje abierto. Con eso te llevas una imagen bastante fiel del lugar.
Si tienes el día entero
Lo más sensato es combinar: por la mañana, visita a Toro (colegiata, casco histórico y alguna bodega) y, a la vuelta o a media tarde, parada en Fuentesecas para un paseo tranquilo y ver cómo se organiza un pueblo pequeño del Alfoz. Si quieres estirar el día, puedes añadir algún otro núcleo cercano y hacer una ruta de pueblos cortos, sin prisas, por las carreteras comarcales.