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sobre Fonfría
Cruce de caminos en la comarca de Aliste con varias pedanías; destaca por su paisaje de penillanura y la conservación de la cultura alistana
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En el corazón de la comarca de Aliste, donde las llanuras cerealistas se encuentran con las primeras estribaciones montañosas del occidente zamorano, Fonfría es uno de esos pueblos que siguen viviendo de cara al campo. Con sus algo menos de 800 habitantes aferrados a una tierra de contrastes, este municipio situado a más de 800 metros de altitud respira Zamora rural por los cuatro costados, la de siempre, la que muchas veces se pasa de largo camino de la frontera con Portugal.
El nombre de Fonfría ya da una pista del clima: aquí el invierno es serio y el verano, más fresco de lo que muchos esperan cuando piensan en Castilla. Esa dureza del tiempo ha ido moldeando una comunidad acostumbrada a los ritmos del campo, con una arquitectura tradicional adaptada al frío y al calor, y unas costumbres que siguen muy presentes en la vida diaria. No hay grandes reclamos ni escenarios preparados: lo que se ve es vida de pueblo de verdad, con sus ritmos, sus silencios y sus ruidos.
Visitar Fonfría es entrar en una Zamora poco conocida, fronteriza, donde el día va más despacio y las cosas se hacen sin prisas. No hay grandes alardes, pero sí sensación de pueblo vivido, no montado para la foto, donde el paseante es un añadido y no el centro de la escena.
Qué ver en Fonfría
El patrimonio arquitectónico de Fonfría refleja siglos de historia rural castellana. La iglesia parroquial, de estilo sencillo y tradicional, preside el núcleo urbano como en tantos pueblos de la comarca, pero aquí encaja bien con el conjunto de casas bajas y edificios de piedra que la rodean. No es un templo monumental, pero sí un buen punto de referencia para empezar a orientarse y tirar de callejas.
Pasear por las calles de Fonfría permite fijarse en la arquitectura popular alistana: casas de dos plantas con muros gruesos de piedra, amplios portones que antaño daban acceso a las cuadras, y esas chimeneas cónicas que se han convertido casi en símbolo de Aliste. Algunas viviendas conservan aún pajares y construcciones auxiliares que cuentan mejor que ningún folleto el pasado agrícola y ganadero del pueblo. No esperes un casco histórico peatonalizado ni todo restaurado; hay casas arregladas y otras medio caídas, como en casi todo el medio rural de la zona.
El entorno natural es, en realidad, lo que más se disfruta aquí. Los paisajes de dehesa rodean Fonfría, con pastos, encinas dispersas y cultivos que van cambiando de color según avanza el año. En primavera, el verde y las flores; en otoño, dorados y ocres y una luz más baja que le sienta muy bien al paisaje. Buena parte de la gracia está en alejarse un poco del casco y caminar por las pistas que salen hacia las fincas.
Qué hacer
Las rutas de senderismo por los alrededores de Fonfría no son grandes travesías de montaña, sino caminos de siempre: pistas agrícolas, veredas que unen fincas y pequeños montes cercanos. Son buenos para caminar tranquilo, sin mucho desnivel, escuchando más pájaros que coches. No esperes señalización sofisticada: aquí se anda “como se ha andado toda la vida”, siguiendo caminos anchos y referencias locales. Conviene llevar agua y algo de abrigo incluso en verano; el aire refresca al caer la tarde.
La observación de fauna tiene su gracia si se viene con tiempo y paciencia. Esta zona de Zamora alberga una presencia notable de aves rapaces, y no es raro ver cigüeñas, milanos y otras especies sobrevolando las dehesas. No hay miradores preparados ni circuitos marcados: aquí toca pararse, mirar y dejar que el campo haga el resto. Si sales del pueblo, respeta cancelas y pasos de ganado: muchas fincas están trabajadas y no son parques.
La gastronomía local pesa, en el buen sentido. Cocina alistana de las de cuchara y buen pan: cordero lechal, embutidos caseros, patatas “a lo pobre”, legumbres bien guisadas y todo lo que gira alrededor de la matanza. Según la época, es fácil encontrar productos de cerdo elaborados en el propio pueblo o en la zona, muy ligados a la vida diaria. No vengas con la idea de una oferta gastronómica variada de carta larga, sino de platos sencillos, contundentes y de temporada.
Las actividades micológicas cobran importancia en otoño, cuando las lluvias traen setas a los montes cercanos. Hay tradición setera y también cierta presión en algunas zonas, así que conviene informarse bien antes de salir, respetar normas y, si no se tiene experiencia, acompañarse de gente que conozca el terreno y las especies [VERIFICAR]. El monte no es infinito y se nota cuando llegan coches de fuera a “peinarlo” entero.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Fonfría mantiene vivas las tradiciones alistanas. Las fiestas patronales, en verano, reúnen a vecinos y a quienes vuelven al pueblo durante unos días. Más allá de verbenas y bailes, es el momento en que se nota el pueblo lleno, con comidas al aire libre y mucha vida en la calle. Si coincides, el ambiente cambia por completo respecto a un fin de semana cualquiera de invierno.
En invierno, las celebraciones tienen otro ritmo. La matanza del cerdo, aunque ya no se hace en todas las casas, sigue marcando socialmente la temporada fría: reuniones familiares, humo en las chimeneas, trabajo compartido y despensas que se llenan para el resto del año. No es un espectáculo pensado para el visitante, sino una costumbre que, donde se mantiene, se vive puertas adentro.
Las romerías a ermitas cercanas se siguen haciendo, sobre todo entre primavera y verano. Son días de mezcla de devoción y merienda, con caminatas cortas por caminos que los vecinos conocen de memoria. Si te sumas, vas más como invitado silencioso que como protagonista.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital se llega a Fonfría por la N-122 en dirección Portugal, tomando después el desvío hacia Alcañices y continuando por carreteras comarcales. El trayecto ronda la hora en coche, dependiendo del tráfico y de las paradas. Es una carretera cómoda, pero conviene no apurar tiempos si se viaja en invierno o de noche por la presencia de fauna salvaje en los arcenes.
Cuándo visitar Fonfría
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables para caminar y ver el campo en su mejor momento. El verano es más tranquilo en cuanto a temperatura de lo que muchos imaginan, con noches frescas que se agradecen, aunque a mediodía el sol pega. El invierno es largo y frío: si vienes entonces, trae ropa de abrigo de verdad y cuenta con días cortos y posibles heladas. Con lluvia, los caminos de tierra se embarran rápido; mejor calzado impermeable y ganas de pisar charcos.
Errores típicos
- Llegar con la idea de encontrar un “pueblo turístico” con muchas visitas organizadas: Fonfría se ve caminando por libre y con calma, en un par de horas has recorrido lo principal del casco urbano.
- Subestimar el frío y el viento en otoño e invierno: incluso con sol, la sensación térmica baja bastante.
- Pensar que hay muchos servicios a mano: conviene venir con el depósito de combustible razonablemente lleno y algo de comida o agua, sobre todo si se quiere hacer rutas por los alrededores.
- Meterse con el coche por cualquier camino: algunos son agrícolas, estrechos o terminan en fincas privadas; mejor dejar el coche en el pueblo y seguir a pie.
Lo que no te cuentan
Fonfría es un pueblo para estar un rato, no un lugar con una lista interminable de monumentos. En una mañana o una tarde se puede pasear el casco, asomarse a los caminos de alrededor y hacerse una idea del carácter de la zona. La foto de la dehesa es muy bonita, pero la realidad es de trabajo agrícola y ganadero, con tractores, naves y vida cotidiana: justo eso es lo que le da sentido a la visita.
Si vienes con esa idea clara —un rato de campo y pueblo auténtico, sin grandes artificios— saldrás con la sensación de haber pisado la Zamora rural de verdad, la que suele quedar fuera de los folletos.